{"id":57181,"date":"2026-06-05T11:00:57","date_gmt":"2026-06-05T11:00:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.theconservative.online\/europa-despues-de-pekin-el-ajuste-de-cuentas-imperial"},"modified":"2026-06-05T11:00:57","modified_gmt":"2026-06-05T11:00:57","slug":"europa-despues-de-pekin-el-ajuste-de-cuentas-imperial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.theconservative.online\/es\/europa-despues-de-pekin-el-ajuste-de-cuentas-imperial","title":{"rendered":"Europa despu\u00e9s de Pek\u00edn: El ajuste de cuentas imperial"},"content":{"rendered":"<p>La cumbre de Pek\u00edn no se dise\u00f1\u00f3 pensando en Europa. Cuando Trump y Xi concluyeron sus dos d\u00edas de reuniones el 15 de mayo, los comunicados, los anuncios comerciales y las muestras de amistad bilateral cuidadosamente escenificadas estaban dirigidos a Washington, Pek\u00edn y sus respectivos electorados nacionales. Europa se inscribi\u00f3, en la arquitectura de ese encuentro, como una ausencia. No un descuido, sino una condici\u00f3n estructural. Y comprender por qu\u00e9 existe esa condici\u00f3n, y qu\u00e9 exige, es ahora la tarea m\u00e1s urgente del pensamiento estrat\u00e9gico europeo.    <\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n m\u00e1s profunda de la cumbre no fue sobre ning\u00fan acuerdo espec\u00edfico o formulaci\u00f3n diplom\u00e1tica. Fue sobre el tipo de mundo que se est\u00e1 construyendo alrededor de Europa mientras Europa delibera. Es un mundo organizado por la l\u00f3gica imperial: por la capacidad de vastos bloques coherentes para controlar lo que otros necesitan y convertir ese control en t\u00e9rminos pol\u00edticos. Estados Unidos domina la arquitectura de las finanzas mundiales, la vanguardia de la tecnolog\u00eda militar y las normas que rigen la econom\u00eda digital. China domina los flujos de materiales de los que depende la industria moderna, la escala de fabricaci\u00f3n que ning\u00fan rival iguala actualmente y una paciencia estrat\u00e9gica que se ha reivindicado repetidamente en los \u00faltimos a\u00f1os. Ambas potencias negocian desde la fuerza, establecen agendas en lugar de responder a ellas, y esperan acomodaci\u00f3n de quienes no tienen una influencia comparable. Europa, que construy\u00f3 toda su identidad de posguerra en torno a la sustituci\u00f3n precisamente de esta l\u00f3gica por normas, instituciones y soberan\u00eda compartida, se enfrenta ahora al hecho de que sus dos relaciones exteriores m\u00e1s importantes est\u00e1n gobernadas por potencias que han dejado atr\u00e1s el orden que Europa construy\u00f3. La cuesti\u00f3n que esto plantea no es c\u00f3moda, pero est\u00e1 clara: \u00bfdesarrolla Europa los atributos de un bloque imperial -coherente, capaz, estrat\u00e9gicamente autodirigido- o acepta el papel de una dependencia bien gobernada?       <\/p><div class='related_content'><span>RELATED<\/span><ul><li><a href='https:\/\/www.theconservative.online\/es\/el-nuevo-escudo-comercial-de-europa-italia-presiona-a-la-ue-para-que-defienda-a-la-industria-frente-a-la-presion-china'>El nuevo escudo comercial de Europa: Italia presiona a la UE para que defienda a la industria frente a la presi\u00f3n china<\/li><\/a><li><a href='https:\/\/www.theconservative.online\/es\/italia-lidera-la-carrera-europea-de-almacenamiento-de-gas-mientras-la-estrategia-energetica-da-sus-frutos'>Italia lidera la carrera europea de almacenamiento de gas, mientras la estrategia energ\u00e9tica da sus frutos<\/li><\/a><li><a href='https:\/\/www.theconservative.online\/es\/los-paraisos-fiscales-europeos-siguen-drenando-miles-de-millones-de-las-finanzas-publicas'>Los para\u00edsos fiscales europeos siguen drenando miles de millones de las finanzas p\u00fablicas<\/li><\/a><\/ul><\/div>\n<h2>Exprimido por ambos lados<\/h2>\n<p>El instinto de muchas capitales europeas, cuando se enfrentan a esta cuesti\u00f3n, es enmarcarla principalmente como una respuesta a la ambici\u00f3n china. Ese encuadre es incompleto y cada vez m\u00e1s enga\u00f1oso. Las presiones que se ejercen sobre la autonom\u00eda estrat\u00e9gica europea proceden tanto de Washington como de Pek\u00edn, y en algunos aspectos la contribuci\u00f3n estadounidense ha sido la m\u00e1s desestabilizadora, porque ha socavado los supuestos sobre los que se construy\u00f3 la arquitectura de seguridad europea.  <\/p>\n<p>El historial de los dos \u00faltimos a\u00f1os se lee como una demostraci\u00f3n sostenida de la falta de fiabilidad estadounidense hacia sus socios m\u00e1s cercanos. Barreras arancelarias erigidas contra las exportaciones europeas sin consulta ni diferenciaci\u00f3n entre aliados y adversarios. Cuestionamiento p\u00fablico de si Estados Unidos cumplir\u00eda sus obligaciones de defensa colectiva con los miembros de la OTAN que incumplieran los arbitrarios criterios de gasto. Una presi\u00f3n sobre Ucrania que trat\u00f3 la seguridad territorial europea como una variable de negociaci\u00f3n en un c\u00e1lculo estrat\u00e9gico estadounidense m\u00e1s amplio. Una campa\u00f1a militar contra Ir\u00e1n, con profundas consecuencias para los mercados energ\u00e9ticos europeos, lanzada sin una aportaci\u00f3n aliada significativa. Y, por \u00faltimo, la propia cumbre de Pek\u00edn, en la que Estados Unidos llev\u00f3 a cabo la diplomacia m\u00e1s trascendental del periodo actual en completo aislamiento de los intereses o preferencias europeos.     <\/p>\n<p>Pek\u00edn ha perseguido la divisi\u00f3n europea con paciencia y sofisticaci\u00f3n durante muchos a\u00f1os. Washington la ha perseguido con torpeza y aparentemente sin plena conciencia de lo que hac\u00eda, pero las consecuencias pr\u00e1cticas para la cohesi\u00f3n europea han sido notablemente similares. La cumbre agudiz\u00f3 una cuesti\u00f3n que lleva varios a\u00f1os form\u00e1ndose en las capitales europeas: si una alianza construida sobre supuestos de fiabilidad estadounidense puede seguir funcionando como el principal principio organizador de la seguridad europea cuando esos supuestos ya no est\u00e9n justificados. Nadie plantea esta cuesti\u00f3n con entusiasmo. La profundidad de la conexi\u00f3n cultural, hist\u00f3rica e institucional transatl\u00e1ntica es real. Pero la voluntad de tratar esa conexi\u00f3n como un sustituto de la autosuficiencia estrat\u00e9gica se ha convertido, inequ\u00edvocamente, en un lastre.     <\/p>\n<h2>La l\u00f3gica imperial de las cadenas de suministro<\/h2>\n<p>Pek\u00edn lleg\u00f3 a la cumbre con una ventaja material decisiva que los meses precedentes no hab\u00edan hecho nada por disminuir. El control de China sobre el procesamiento y refinado de minerales cr\u00edticos -los insumos sin los cuales no pueden construirse sistemas de defensa modernos, no pueden desplegarse infraestructuras de energ\u00eda limpia y no puede funcionar la tecnolog\u00eda digital- no era un mero rasgo de fondo de la relaci\u00f3n bilateral. Era un instrumento activo de influencia, demostrado de forma concluyente durante el enfrentamiento arancelario de 2025, cuando la amenaza de restringir los flujos de tierras raras e imanes produjo concesiones estadounidenses que meses de escalada arancelaria no hab\u00edan conseguido asegurar. El principio establecido era elemental e importante: el control sobre las necesidades es m\u00e1s duradero que el control sobre los flujos financieros, porque las necesidades no pueden sustituirse r\u00e1pidamente, independientemente de la cantidad de dinero disponible.   <\/p>\n<p>La exposici\u00f3n de Europa a esta din\u00e1mica es, en todo caso, m\u00e1s aguda que la de Estados Unidos. El continente se ha comprometido simult\u00e1neamente a un rearme a una escala no vista desde la Guerra Fr\u00eda, a una transformaci\u00f3n digital que requiere una enorme producci\u00f3n de semiconductores y a una transici\u00f3n energ\u00e9tica que exige enormes cantidades de litio, cobalto, neodimio y polisilicio. La inmensa mayor\u00eda de la capacidad de transformaci\u00f3n de todos estos materiales pasa en alg\u00fan momento por instalaciones chinas. El marco legislativo de la UE para abordar esta dependencia establece objetivos admirables de abastecimiento y reciclaje nacionales, pero la realidad industrial va a\u00f1os por detr\u00e1s de la ambici\u00f3n pol\u00edtica y la inversi\u00f3n necesaria empeque\u00f1ece lo que se ha comprometido hasta ahora.   <\/p>\n<p>La dificultad se ve agravada por el hecho de que la pol\u00edtica estadounidense no ofrece ninguna v\u00eda genuina de alivio compartido. Los incentivos a la inversi\u00f3n que Washington despleg\u00f3 para reconstruir la capacidad industrial nacional se calibraron para maximizar la ventaja competitiva estadounidense, no para reforzar la resistencia colectiva de la alianza occidental. Las empresas europeas se vieron perjudicadas por la pol\u00edtica estadounidense incluso cuando la ret\u00f3rica estadounidense apelaba a la solidaridad aliada. La l\u00f3gica imperial opera sim\u00e9tricamente: tanto Washington como Pek\u00edn dan prioridad a su propia seguridad de suministro y gestionan las dependencias aliadas como consideraciones secundarias. Una Europa que se tome en serio la soberan\u00eda debe interiorizar la misma l\u00f3gica y actuar en consecuencia: invirtiendo colectivamente, a la escala que exige el desaf\u00edo, y tratando la seguridad material como una dimensi\u00f3n de la defensa y no como una rama de la pol\u00edtica industrial.    <\/p>\n<h2>Reconsiderar a China<\/h2>\n<p>Durante gran parte de la d\u00e9cada pasada, la pol\u00edtica europea hacia China fue menos un juicio estrat\u00e9gico independiente que un derivado del consenso transatl\u00e1ntico. Las decisiones de excluir la tecnolog\u00eda china de las infraestructuras sensibles, de reforzar el control de las inversiones, de alinearse con los reg\u00edmenes estadounidenses de control de las exportaciones&#8230; obtuvieron su coherencia pol\u00edtica en gran medida del hecho de que Washington llevaba la iniciativa y los gobiernos europeos pod\u00edan presentar sus posiciones como parte de una postura aliada m\u00e1s amplia y no como opciones tomadas en t\u00e9rminos puramente europeos. Los costes econ\u00f3micos internos de esta alineaci\u00f3n eran reales, pero manejables, siempre que la alianza que proporcionaba la cobertura pol\u00edtica siguiera siendo cre\u00edble.  <\/p>\n<p>Esa cobertura pol\u00edtica est\u00e1 ahora agotada. A medida que la estrategia estadounidense se vuelve menos predecible y m\u00e1s expl\u00edcitamente interesada, los gobiernos europeos se enfrentan a la cuesti\u00f3n de si su pol\u00edtica hacia China refleja realmente los intereses europeos o si, de hecho, se ha subcontratado a un aliado cuyos intereses divergen cada vez m\u00e1s de los suyos. Esto no es una invitaci\u00f3n a ignorar las preocupaciones genuinas que informaron el consenso anterior. La coacci\u00f3n econ\u00f3mica china es real y se ha utilizado contra Estados europeos. La situaci\u00f3n de los derechos humanos no es una invenci\u00f3n. Las ambiciones que alberga Pek\u00edn respecto a Taiw\u00e1n tienen implicaciones para las normas internacionales de las que depende, en \u00faltima instancia, la seguridad europea. Nada de esto desaparece porque el liderazgo estadounidense se haya vuelto menos fiable.      <\/p>\n<p>Lo que cambia es la base sobre la que Europa se compromete con todo ello. Una Europa estrat\u00e9gicamente aut\u00f3noma -que haya aceptado la necesidad de pensar y actuar en funci\u00f3n de sus propios intereses y no como una extensi\u00f3n de la pol\u00edtica exterior estadounidense- tendr\u00e1 que construir su pol\u00edtica hacia China a partir de principios b\u00e1sicos. Eso significa establecer distinciones m\u00e1s claras entre los \u00e1mbitos en los que la implicaci\u00f3n china crea aut\u00e9nticos riesgos para la seguridad y los \u00e1mbitos en los que la acomodaci\u00f3n pragm\u00e1tica sirve a los intereses europeos. La primera categor\u00eda es real y significativa: tecnolog\u00eda relacionada con la defensa, infraestructuras cr\u00edticas, cadenas de suministro militar. Pero la segunda tambi\u00e9n es real: cooperaci\u00f3n clim\u00e1tica, comercio de energ\u00eda limpia, intercambio agr\u00edcola, colaboraci\u00f3n cient\u00edfica. Tratar toda la relaci\u00f3n como definida por su dimensi\u00f3n m\u00e1s adversaria, porque Washington prefiere ese encuadre, no es claridad estrat\u00e9gica. Es dependencia estrat\u00e9gica disfrazada de principios.      <\/p>\n<h2>Taiw\u00e1n, Ir\u00e1n y el coste de la subcontrataci\u00f3n<\/h2>\n<p>La dimensi\u00f3n taiwanesa de la cumbre fue m\u00e1s elocuente en lo que omiti\u00f3. Las comunicaciones de Pek\u00edn fueron expl\u00edcitas y contundentes: Taiw\u00e1n se describi\u00f3 como la cuesti\u00f3n sobre la que, en \u00faltima instancia, gira toda la relaci\u00f3n bilateral, y los funcionarios chinos hab\u00edan se\u00f1alado de antemano que el movimiento sobre Taiw\u00e1n era efectivamente el precio de entrada para una cooperaci\u00f3n china m\u00e1s amplia. Los informes de Washington posteriores a la cumbre no conten\u00edan menci\u00f3n alguna a Taiw\u00e1n. Cuando se le pregunt\u00f3 directamente sobre la isla durante su estancia en Pek\u00edn, Trump guard\u00f3 silencio.   <\/p>\n<p>Para los gobiernos europeos acostumbrados a tratar las garant\u00edas de seguridad estadounidenses como un par\u00e1metro fijo de su propia planificaci\u00f3n estrat\u00e9gica, esta actuaci\u00f3n de ambig\u00fcedad estadounidense bajo la presi\u00f3n china deber\u00eda registrarse como una se\u00f1al significativa. La credibilidad de los compromisos de seguridad no puede compartimentarse: un Washington al que Taiw\u00e1n le resulta demasiado inc\u00f3modo de defender p\u00fablicamente cuando Pek\u00edn presiona es un Washington cuyas garant\u00edas en otros lugares merecen m\u00e1s escrutinio del que los gobiernos europeos les han aplicado hist\u00f3ricamente. Esto no es motivo para el p\u00e1nico europeo. Es una raz\u00f3n para el realismo europeo: para desarrollar una visi\u00f3n aut\u00e9nticamente independiente de lo que requieren los intereses europeos en el Indo-Pac\u00edfico, en lugar de asumir que la pol\u00edtica estadounidense siempre se alinear\u00e1 con ellos.   <\/p>\n<p>Ir\u00e1n plantea el mismo argumento fundamental, aunque en el lenguaje de los costes econ\u00f3micos en lugar de la credibilidad en materia de seguridad. Los hogares y las empresas europeas han soportado unos precios energ\u00e9ticos sustancialmente m\u00e1s elevados como consecuencia directa de decisiones militares tomadas en Washington y Tel Aviv sin participaci\u00f3n europea. La interrupci\u00f3n del tr\u00e1fico en el estrecho de Ormuz \u2014por donde transitaba aproximadamente una quinta parte de los flujos mundiales de petr\u00f3leo y gas antes del conflicto\u2014 no fue un desastre natural. Fue el resultado de una decisi\u00f3n pol\u00edtica, producto de elecciones en las que Europa no tuvo voz.<\/p>\n<p>La cumbre no resolvi\u00f3 nada: ambas partes emitieron declaraciones cuidadosamente matizadas sobre la necesidad de mantener abierto el estrecho, mientras discrepaban pr\u00e1cticamente en todos los aspectos relevantes. Los costes siguen acumul\u00e1ndose mientras la diplomacia permanece estancada.<\/p>\n<p>Esta es la realidad material de la dependencia estrat\u00e9gica: no una abstracci\u00f3n sobre la soberan\u00eda, sino una transferencia concreta de cargas econ\u00f3micas desde quienes toman las decisiones hacia quienes simplemente deben soportar sus consecuencias.      <\/p>\n<h2>Regulaci\u00f3n sin poder<\/h2>\n<p>La inteligencia artificial fue el no-acontecimiento m\u00e1s llamativo de la cumbre. A pesar de la presencia de una de las figuras m\u00e1s destacadas de la industria tecnol\u00f3gica en la delegaci\u00f3n estadounidense, no se lleg\u00f3 a ning\u00fan acuerdo sobre el acceso a los chips. No se estableci\u00f3 ning\u00fan marco de seguridad. No se esboz\u00f3 ninguna arquitectura de gobernanza. Las dos potencias m\u00e1s capacitadas para dar forma a la trayectoria de la IA dejaron a Pek\u00edn en una competici\u00f3n abierta, tratando cada una la tecnolog\u00eda como un instrumento primario de ventaja estrat\u00e9gica que hay que maximizar, en lugar de como un reto compartido que hay que gestionar.    <\/p>\n<p>La respuesta de Europa a esta carrera ha sido regularla. La Ley de la IA representa un intento serio y en muchos aspectos admirable de codificar valores -responsabilidad, transparencia, proporcionalidad- en la gobernanza de una tecnolog\u00eda cuyas implicaciones a\u00fan se est\u00e1n comprendiendo. Pero la autoridad de gobierno ejercida sobre tecnolog\u00edas que t\u00fa no produces descansa sobre una base de poder prestado. Funciona mientras los productores de esas tecnolog\u00edas calculen que el acceso al mercado europeo justifica el cumplimiento de las normas europeas. En el momento en que ese c\u00e1lculo cambia -o en el momento en que un marco bilateral estadounidense-chino convierte la arquitectura reguladora europea en estructuralmente perif\u00e9rica- la autoridad se evapora. Las normas sin capacidad para hacerlas cumplir, en un mundo de bloques imperiales, son en \u00faltima instancia decorativas.     <\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n a la que esto apunta no es que la regulaci\u00f3n europea fuera un error. Es que la regulaci\u00f3n sin una inversi\u00f3n en capacidad que la acompa\u00f1e es insuficiente. Una Europa que construya sistemas de IA de verdadera importancia mundial tiene capacidad para negociar los t\u00e9rminos de la gobernanza de la IA. Una Europa que regule exclusivamente los sistemas de otras partes s\u00f3lo tendr\u00e1 influencia por sumisi\u00f3n. La inversi\u00f3n necesaria para cerrar esta brecha es grande, y s\u00f3lo puede movilizarse a escala europea, lo cual es en s\u00ed mismo un argumento a favor de la integraci\u00f3n m\u00e1s profunda que el momento actual est\u00e1, parad\u00f3jicamente, empezando a generar.    <\/p>\n<h2>La paradoja construida por Trump<\/h2>\n<p>El pensamiento estrat\u00e9gico estadounidense ha considerado hist\u00f3ricamente la integraci\u00f3n europea profunda con una cautela que a veces se convierte en desaliento activo. Una Europa que alcance una aut\u00e9ntica autonom\u00eda estrat\u00e9gica -que pueda actuar coherentemente en funci\u00f3n de sus propios intereses, desplegar su propia capacidad militar y dirigir su propia pol\u00edtica exterior sin referencia a Washington- es una Europa que complica la primac\u00eda estadounidense en la alianza occidental. Gestionar individualmente un conjunto de potencias intermedias, cada una de ellas dependiente de las garant\u00edas de seguridad estadounidenses, es considerablemente m\u00e1s sencillo que negociar con un bloque unificado de quinientos millones de personas al mando del mayor mercado \u00fanico del mundo. El enfoque de Trump hacia Europa -los aranceles, la condicionalidad de la OTAN, la ostentosa preferencia por los tratos bilaterales con capitales individuales, el sostenido ataque ret\u00f3rico a las instituciones europeas- era coherente con esta preferencia por un continente dividido y dependiente, se articulara o no conscientemente como tal.   <\/p>\n<p>El resultado ha sido el contrario de la intenci\u00f3n. Las crisis de suficiente gravedad siempre han sido el motor m\u00e1s poderoso de la integraci\u00f3n europea, m\u00e1s potente que cualquier argumento te\u00f3rico a favor de la unidad, porque hacen que los costes de la fragmentaci\u00f3n sean concretos e inmediatos. Las conmociones provocadas por la segunda administraci\u00f3n Trump, agravadas por la influencia de la cadena de suministro china y las consecuencias econ\u00f3micas del conflicto de Ir\u00e1n, han creado precisamente las condiciones en las que los argumentos a favor de la capacidad colectiva europea se vuelven pol\u00edticamente irresistibles. Los presupuestos de defensa est\u00e1n aumentando en todo el continente a ritmos que no se ve\u00edan desde la \u00faltima d\u00e9cada de la Guerra Fr\u00eda, y la presi\u00f3n para coordinar, poner en com\u00fan y, finalmente, integrar ese gasto se est\u00e1 intensificando junto con ellos. La Uni\u00f3n Europea de Defensa est\u00e1 adquiriendo sustancia institucional. Los marcos comunes de contrataci\u00f3n p\u00fablica est\u00e1n pasando de la aspiraci\u00f3n a la aplicaci\u00f3n. El argumento del informe Draghi a favor de la inversi\u00f3n colectiva a una escala imposible para los Estados miembros por separado ha desplazado el l\u00edmite pol\u00edtico de lo factible de formas que habr\u00edan parecido notables incluso hace unos a\u00f1os.      <\/p>\n<p>La l\u00f3gica m\u00e1s profunda es sencilla. Ninguno de los retos a los que se enfrenta Europa -la vulnerabilidad de la cadena de suministro, la competencia tecnol\u00f3gica con rivales respaldados por el Estado, la credibilidad de la defensa frente a una Rusia resurgente, el peso diplom\u00e1tico en un mundo de bloques- puede abordarse adecuadamente a nivel de Estados miembros individuales, por grandes que sean. Todos ellos requieren una escala europea, una coordinaci\u00f3n europea y, en \u00faltima instancia, una voluntad pol\u00edtica europea del tipo que s\u00f3lo una aut\u00e9ntica integraci\u00f3n puede sostener. El mercado \u00fanico era una base, no un destino. Lo que ahora est\u00e1 tomando forma, de forma desigual y contra una considerable resistencia interna, es la estructura pol\u00edtica y estrat\u00e9gica que da a los cimientos su finalidad.    <\/p>\n<p>La iron\u00eda hist\u00f3rica puede resultar considerable. El presidente estadounidense que ha expresado el desprecio m\u00e1s constante por las instituciones europeas, y cuya estrategia depend\u00eda m\u00e1s claramente de mantener dividida a Europa, puede dejar como principal legado europeo un continente m\u00e1s integrado, m\u00e1s capaz estrat\u00e9gicamente y m\u00e1s genuinamente aut\u00f3nomo. Pek\u00edn, que invirti\u00f3 a\u00f1os de paciente esfuerzo en cultivar las relaciones europeas individuales y explotar las diferencias entre ellas, puede descubrir que su propia b\u00fasqueda de estabilidad bilateral con Washington ha acelerado inadvertidamente la aparici\u00f3n de la contraparte europea coherente a la que menos quer\u00eda enfrentarse.  <\/p>\n<p>El imperio que Washington trat\u00f3 de impedir puede ser precisamente el imperio que la conducta de Washington est\u00e1 construyendo.<\/p>\n<h2>La Ley y la C\u00e1tedra<\/h2>\n<p>Ning\u00fan representante europeo se sent\u00f3 en la sala donde se esboz\u00f3 el marco de la relaci\u00f3n bilateral m\u00e1s importante del mundo. Ninguna voz europea dio forma a las conversaciones sobre la arquitectura comercial, la gobernanza tecnol\u00f3gica, el futuro de Taiw\u00e1n, la resoluci\u00f3n del conflicto de Ir\u00e1n o el horizonte estrat\u00e9gico de tres a\u00f1os que China, al menos, ya est\u00e1 planificando. La silla vac\u00eda no fue un accidente de procedimiento. Era una representaci\u00f3n exacta de la posici\u00f3n actual de Europa en el orden mundial: presente como masa econ\u00f3mica, ausente como actor estrat\u00e9gico.   <\/p>\n<p>El orden que construy\u00f3 la generaci\u00f3n europea de posguerra -basado en la premisa de que las normas pod\u00edan sustituir al poder, que las instituciones pod\u00edan domar la rivalidad, que la soberan\u00eda mancomunada pod\u00eda servir a la seguridad colectiva mejor que la soberan\u00eda acaparada individualmente- est\u00e1 siendo liquidado por las dos potencias cuya participaci\u00f3n m\u00e1s requer\u00eda. Ni Washington ni Pek\u00edn salieron de la cumbre con un inter\u00e9s evidente en revivirla. Lo que est\u00e1n construyendo, en cambio, es un orden de competencia controlada entre bloques imperiales, en el que la influencia se deriva de lo que mandas m\u00e1s que de lo que apoyas, y en el que los actores m\u00e1s peque\u00f1os se acomodan a los resultados m\u00e1s que a dar forma a los procesos.  <\/p>\n<p>Europa posee, en conjunto, todo lo necesario para ser un aut\u00e9ntico participante en este mundo en lugar de su s\u00fabdito. La escala econ\u00f3mica, la herencia tecnol\u00f3gica, el capital humano, los marcos institucionales: todo ello est\u00e1 ah\u00ed, esperando a ser movilizado tras un prop\u00f3sito estrat\u00e9gico coherente. El ingrediente que falta nunca ha sido la capacidad. Ha sido la voluntad: la determinaci\u00f3n pol\u00edtica de considerar la soberan\u00eda europea como un proyecto que merece la pena invertir y sacrificar las convenientes prerrogativas nacionales que exige una aut\u00e9ntica integraci\u00f3n. Los acontecimientos de los dos \u00faltimos a\u00f1os, originados en ambas direcciones de la exposici\u00f3n estrat\u00e9gica de Europa, est\u00e1n suministrando esa voluntad con una urgencia que circunstancias m\u00e1s c\u00f3modas aplazaban sistem\u00e1ticamente.    <\/p>\n<p>Una Europa pr\u00f3spera, con principios y permanentemente subordinada no es un resultado estable. Es una vulnerabilidad prolongada, sujeta a las decisiones de otros y responsable de las consecuencias de opciones que nunca tom\u00f3. La cumbre de Pek\u00edn fue un recordatorio, pronunciado sin especial preocupaci\u00f3n por las sensibilidades europeas, de lo que cuesta esa condici\u00f3n. La respuesta que exige no es la queja ni la nostalgia por el orden que est\u00e1 pasando. Es la construcci\u00f3n: de la capacidad, la coherencia y la confianza estrat\u00e9gica que garanticen que la pr\u00f3xima cumbre consecuente no pueda simplemente proceder como si Europa no existiera.    <\/p>\n<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cumbre de Pek\u00edn no se dise\u00f1\u00f3 pensando en Europa. Cuando Trump y Xi concluyeron sus dos d\u00edas de reuniones el 15 de mayo, los comunicados, los anuncios comerciales y las muestras de amistad bilateral cuidadosamente escenificadas estaban dirigidos a Washington, Pek\u00edn y sus respectivos electorados nacionales. 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