El informe sobre bienestar del Istat revela un país que está logrando avances significativos, con puntos fuertes consolidados en materia de salud y seguridad y un nuevo impulso en la lucha contra la desigualdad.
Italia tiene motivos de sobra para mirar al futuro con confianza. Las cifras presentadas en el informe del Istat de 2025 sobre bienestar equitativo y sostenible describen un país que avanza en muchas facetas de la vida cotidiana. Sigue habiendo dificultades importantes, sobre todo para los hogares más vulnerables, pero hay que reconocer el panorama general: los italianos viven más tiempo, los ingresos se están recuperando y cada vez son menos las familias que sienten que su situación económica está empeorando.
De los 132 indicadores del informe, 54 mejoraron, 55 se mantuvieron estables y 23 empeoraron. Así pues, las mejoras superaron con creces a los retrocesos. Esto supone un valioso contrapunto a los análisis que se centran exclusivamente en las dificultades de Italia. Los avances en un amplio abanico de ámbitos, como el trabajo, la salud, el medio ambiente y otros, dan motivos para ser optimistas sobre la capacidad del país para mejorar el nivel de vida.
El logro más destacado tiene que ver con la longevidad. La esperanza de vida al nacer alcanzó los 83,7 años en 2025, según las últimas estimaciones provisionales, lo que supone un aumento de 0,2 años respecto a 2024 y supera en más de un año la cifra de 2014. Ambos sexos alcanzaron niveles récord: 81,7 años para los hombres y 85,7 para las mujeres. Son logros de los que podemos estar orgullosos a nivel nacional.
Lo bueno es que la mejora va más allá de la simple esperanza de vida. Los años de vida con buena salud aumentaron hasta los 59,1, frente a los 58,2 de 2024, invirtiendo así la tendencia a la baja de los últimos cuatro años. Esa recuperación refuerza aún más los buenos resultados de Italia en materia de salud, uno de los ámbitos en los que sale bien parada en comparación con la Unión Europea. La seguridad es otro punto fuerte, lo que refuerza el atractivo del país como lugar para vivir.
Las finanzas de los hogares también muestran una evolución positiva. La renta disponible media por persona subió un 2,4 % en términos nominales en 2025, tras un crecimiento del 3 % el año anterior. Teniendo en cuenta la evolución de los precios, la renta real aumentó un 2,2 % en esos dos años. Las subidas son modestas, pero suponen una mejora del poder adquisitivo y dan más solidez a la confianza de los hogares.
Las propias valoraciones de las familias reflejan esa tendencia positiva. La proporción de quienes afirman que su situación económica ha empeorado se ha reducido al 26,2 %, frente al 29,5 % de 2024 y al 33,9 % de 2023. Ahora se está acercando al 25,8 % registrado en 2019, antes de la pandemia. Mientras tanto, la desigualdad de ingresos ha disminuido, lo que añade un matiz alentador a la recuperación.
No obstante, la pobreza sigue siendo un reto nacional urgente. Más de 5,4 millones de personas vivían en situación de pobreza absoluta en 2025, lo que equivale al 9,3 % de la población, mientras que el 8 % de los hogares se vio afectado. Las familias numerosas y los hogares con niños se enfrentaron a dificultades especiales. Por otra parte, la proporción de personas en riesgo de pobreza bajó ligeramente del 18,9 % al 18,6 %, pero se mantuvo 2,3 puntos porcentuales por encima de la media europea.
A pesar de este panorama complicado, las cifras de pobreza regionales muestran algunos indicios alentadores. La pobreza absoluta individual bajó en el Sur del 12,5 % al 11,5 %, en el Norte del 8,8 % al 8,5 % y en el Centro del 7,6 % al 7,4 %. La mejora en el sur es especialmente positiva, aunque siguen existiendo importantes desventajas territoriales.
En toda Italia, el 7,5 % de la población vivía en hogares que declaraban tener grandes dificultades para llegar a fin de mes. Esta proporción alcanzaba el 12,3 % en el sur, frente al 4,7 % en el centro. Las diferencias regionales también afectan a la esperanza de vida: la ventaja del norte sobre el sur se ha ampliado a 1,4 años. La educación, el empleo, la conciliación entre el trabajo y la vida personal, la innovación y la investigación siguen siendo ámbitos en los que hay que mejorar los resultados.
Estos resultados merecen que se les preste más atención en el debate nacional. Reconocer los logros cuantificables puede impulsar la ambición, recordando a los italianos que los problemas persistentes conviven con puntos fuertes capaces de sustentar nuevos avances en el bienestar en todo el país en los próximos años.
Los logros de Italia deberían dar orientación y confianza a ese esfuerzo. El aumento de los ingresos reales, la reducción de la desigualdad y la longevidad sin precedentes demuestran un progreso tangible en aspectos que marcan la vida cotidiana de la gente. Ahora la tarea es extender esos avances a las familias y territorios que aún tienen dificultades. El informe ofrece una razón de peso para creer que Italia puede lograrlo: un país que ya está mejorando cuenta con una base sobre la que construir un futuro más próspero, más saludable y más inclusivo.
Por encima de todo, los avances de Italia merecen celebrarse con confianza y ambición. Las cifras muestran un país con fortalezas considerables y con el potencial de convertir los avances actuales en oportunidades más amplias para las generaciones futuras.