La UE propone una reforma profunda del mercado del carbono para equilibrar los objetivos climáticos y la competitividad industrial

Energía - 17 de julio de 2026

La Comisión Europea tiene previsto ampliar los derechos de emisión gratuitos para los sectores vulnerables, destinar más ingresos del mercado del carbono a la descarbonización y ampliar el RCDE como parte de su estrategia para alcanzar la neutralidad climática para 2050.

La Comisión Europea ha presentado una reforma muy esperada del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE) de la Unión Europea, con el objetivo de lograr un delicado equilibrio entre unos objetivos climáticos ambiciosos y la necesidad de mantener la competitividad de la industria europea. La propuesta, presentada en Bruselas el 17 de julio, mantiene los principios fundamentales del mercado del carbono, al tiempo que introduce una serie de ajustes destinados a fomentar la inversión en la descarbonización, reducir el riesgo de deslocalización industrial y adaptar el RCDE a los objetivos climáticos cada vez más ambiciosos de la UE.

La reforma llega en un momento crucial para la Unión Europea, que se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90 % para 2040, en comparación con los niveles de 1990, con el objetivo final de alcanzar la neutralidad climática para 2050. Según el comisario europeo de Acción por el Clima, Wopke Hoekstra, el objetivo es convertir el RCDE en un instrumento de inversión capaz de apoyar la acción climática y, al mismo tiempo, reforzar la competitividad industrial y la independencia energética de Europa.

Creado hace veinte años, el RCDE es la piedra angular de la política climática de la Unión Europea. Funciona según el principio de «quien contamina paga», ya que obliga a las industrias con mayor intensidad de carbono a comprar derechos de emisión. Las empresas que emiten menos de lo que les corresponde pueden vender los derechos que no usen, mientras que las que superen sus cuotas deben comprar derechos adicionales. Este mecanismo basado en el mercado ofrece un incentivo económico para que las empresas reduzcan sus emisiones e inviertan en tecnologías más limpias.

La Comisión sostiene que el sistema ha desempeñado un papel importante en la reducción de las emisiones en toda Europa. Sin embargo, algunas industrias con un alto consumo energético afirman que ya han aplicado todas las mejoras de eficiencia económicamente viables que permiten las tecnologías actuales. Por eso, cada vez ven más el RCDE como una carga financiera en lugar de un incentivo medioambiental, sobre todo teniendo en cuenta la volatilidad de los precios de los derechos de emisión de carbono.

Las organizaciones empresariales que representan a las principales economías europeas, como la BDI alemana, la Medef francesa y la Confindustria italiana, han pedido recientemente cambios sustanciales en el mercado del carbono. Han advertido de que unos costes normativos excesivos podrían minar la competitividad de los fabricantes europeos y animar a las empresas a trasladar su producción fuera de la Unión Europea, donde las normas medioambientales suelen ser menos estrictas.

La propuesta de la Comisión intenta dar respuesta a estas preocupaciones ampliando los derechos de emisión gratuitos más allá de 2030 para los sectores que se consideran en riesgo de fuga de carbono. En lugar de eliminar estos derechos según el calendario previsto anteriormente, la reducción se llevará a cabo de forma más gradual entre 2031 y 2035. Durante el periodo siguiente, de 2036 a 2040, las empresas también podrán contabilizar los proyectos de descarbonización que cumplan los requisitos y que se lleven a cabo en terceros países hasta un máximo del 2 % de sus obligaciones de cumplimiento.

Un aspecto clave de la reforma tiene que ver con cómo se gastan los ingresos que genera el RCDE. Desde su puesta en marcha, el mercado del carbono ha generado unos 260 000 millones de euros mediante la subasta de derechos de emisión. Aunque gran parte de estos ingresos se han destinado tradicionalmente a los presupuestos nacionales, la Comisión propone ahora que, al menos la mitad de todos los ingresos del RCDE, se destinen por ley a financiar proyectos de descarbonización.

La propuesta también establece condiciones más estrictas para las empresas que reciban derechos de emisión gratuitos. El 80 % de estos certificados solo se concedería después de que las empresas publicaran planes anuales de descarbonización fiables, en los que se detallen inversiones concretas y estrategias medibles de reducción de emisiones. El 20 % restante solo estaría disponible una vez que las empresas demostraran que esos planes se han llevado a cabo de verdad. El objetivo es garantizar que los derechos de emisión gratuitos fomenten una auténtica transformación industrial, en lugar de limitarse a reducir los costes operativos.

Más allá del sector manufacturero, la Comisión tiene la intención de ampliar gradualmente el RCDE a otros sectores. Se espera que la gestión de residuos se incorpore al sistema con el tiempo, aunque se han incluido varias salvaguardias para dar respuesta a las preocupaciones planteadas por el sector. Las empresas que se dedican a la recogida y el tratamiento de residuos han argumentado que muchos aspectos de sus emisiones dependen de las decisiones que toman las autoridades públicas y los ayuntamientos, más que de factores que estén directamente bajo su control.

Los sectores de la aviación y el transporte marítimo también se verían afectados por un ámbito de aplicación más amplio en el marco del RCDE revisado. La propuesta amplía el sistema para incluir la aviación privada y los vuelos comerciales que cubran rutas de hasta 5.000 kilómetros desde Europa Central. En el transporte marítimo, algunos puertos situados en países vecinos no pertenecientes a la UE también pasarían a estar sujetos al mercado del carbono, lo que reduciría las posibilidades de que los operadores eludan sus obligaciones medioambientales desviando sus servicios fuera de la Unión.

El comisario Hoekstra hizo hincapié en que Europa debería rechazar la idea de que el crecimiento económico y la protección del clima son incompatibles. Por el contrario, defendió que la sostenibilidad medioambiental, la competitividad industrial y la seguridad energética pueden reforzarse mutuamente cuando cuentan con el respaldo de políticas bien diseñadas e inversiones específicas.

Junto con la reforma del RCDE, la Comisión ha propuesto un objetivo energético más amplio destinado a acelerar la electrificación en toda la economía europea. Actualmente, la electricidad solo representa el 23 % del consumo final de energía, una cifra que se ha mantenido prácticamente sin cambios durante la última década. Bruselas propone ahora un objetivo indicativo de aumentar la electrificación hasta el 46 % para 2040, lo que refleja la creciente importancia de la electricidad limpia en sectores como el transporte, la calefacción y la producción industrial.

Para apoyar esta transición, la Comisión también ha esbozado sus objetivos de mantener unos precios de la electricidad asequibles. Para 2030, los costes de la electricidad no deberían superar dos veces y media el precio del gas natural para los hogares y no más del doble del precio del gas para la industria. Sin embargo, alcanzar este objetivo puede resultar complicado desde el punto de vista político, ya que las medidas energéticas relacionadas con los impuestos suelen requerir la aprobación unánime de todos los países de la UE.

Si se aprueba, la reforma supondría una de las actualizaciones más importantes del RCDE desde su creación, reforzando su papel no solo como mecanismo para reducir las emisiones, sino también como motor financiero de la transformación industrial verde de Europa. La propuesta refleja el esfuerzo de la Unión Europea por garantizar que el camino hacia la neutralidad climática siga siendo compatible con la resiliencia económica, la innovación tecnológica y la competitividad global.

 

Alessandro Fiorentino