La AUR y los sindicatos unen fuerzas contra la polémica ley salarial de Rumanía

Comercio y Economía - 16 de julio de 2026

La polémica nueva ley de salarios del sector público de Rumanía ha entrado en una fase decisiva: la AUR y las principales confederaciones sindicales del país han firmado un nuevo acuerdo de cooperación el 15 de julio de 2026, en el que se comprometen a ejercer presión conjunta contra el proyecto de ley en su forma actual. Los representantes de la AUR se reunieron el miércoles con los líderes de Cartel ALFA, CNSLR-Frăția, CSDR y CSN Meridian para negociar un acuerdo de consulta y diálogo sobre la «Legea salarizării unitare», y la AUR se ha comprometido públicamente a retirar su apoyo parlamentario a menos que el Gobierno inicie conversaciones reales con todas las categorías profesionales afectadas. La postura de AUR es clara: la alianza dice que cree que Rumanía sí necesita una nueva ley de remuneración unificada, pero solo una que se elabore «después de debatir con las cifras sobre la mesa» y tras haber sopesado adecuadamente todos los escenarios y sus consecuencias, en lugar de una versión aprobada a toda prisa sin un diálogo real. No es la primera vez que la AUR choca con los sindicatos por este tema. Ya en mayo, el partido había acusado al Gobierno de redactar el proyecto de ley «en secreto» con el único fin de marcar un hito del PNRR (Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia), y pidió total transparencia en la elaboración de la ley y exigió que se informara de verdad a los sindicatos sobre sus disposiciones. En esa reunión anterior se dieron cita cinco confederaciones y la diputada de AUR Ramona Ioana Bruynseels, quien exigió públicamente al Gobierno que explicara los principios rectores de la reforma.

La urgencia viene de los compromisos de Rumanía con el PNRR: la reforma es uno de los hitos vinculados a los fondos de recuperación de la UE, y el Gobierno ha estado bajo presión para que se apruebe antes de agosto de 2026. Esa falta de tiempo es precisamente lo que, según los críticos, ha dado lugar a una ley defectuosa y elaborada a toda prisa, y los economistas advierten de que no cumplir o eludir ese hito podría poner en riesgo una importante financiación de la UE, convirtiendo lo que debería ser una reforma técnica del sistema de nóminas en una apuesta política de alto riesgo.

Más allá de las objeciones de carácter procesal de la AUR, el contenido del proyecto de ley ha sido objeto de críticas constantes por parte de economistas, sindicatos del sector e incluso instituciones estatales.

– El economista Adrian Negrescu sostiene que la ley no elimina los privilegios existentes en el sistema público, no corrige los desequilibrios estructurales y se basa en una financiación que él considera insostenible, dado su impacto presupuestario.

– La federación sanitaria SANITAS dice que rechaza cualquier versión de la ley que no cuente con una consulta sindical real, y advierte de que pasar por alto el diálogo social podría poner en peligro toda la financiación europea.

– Los sindicatos de la enseñanza, incluida la federación Spiru Haret, sostienen que el borrador se diseñó para aumentar los sueldos de los cargos directivos y del personal de gestión, a riesgo de que se reviertan los logros que los profesores consiguieron gracias a la huelga general de 2023.

– El sindicato de la policía (SNPPC) ha prometido bloquear la aplicación «por todos los medios legales» hasta que se aplique plenamente la ley marco de 2017, oponiéndose especialmente al límite del 20 % propuesto para los componentes variables del salario.

– La Fiscalía General (Parchetul General) ha advertido de que el proyecto de ley corre el riesgo de desmotivar al personal, mientras que el Consejo Superior de la Magistratura (CSM) afirma que podría «socavar el funcionamiento de la justicia».

– Los sindicatos que representan al propio aparato administrativo del Gobierno alertan sobre la caída de la calidad administrativa, los cuellos de botella y el deterioro institucional.

– Los representantes del sector sanitario han declarado a Euronews Rumanía que más del 60 % de los trabajadores de la sanidad y la asistencia social podrían ver reducidos sus ingresos cuando entre en vigor la ley, lo que contradice las garantías del Gobierno.

La parte más técnica de esta crítica tiene que ver con una condición vinculada a la ley salarial dentro del marco del PNRR: su aplicación se supeditó a que el déficit presupuestario de Rumanía bajara por debajo del 5 % del PIB, un umbral que el país ni de lejos iba a cumplir cuando la ley entró en vigor. El líder sindical Dumitru Costin, del Bloque Nacional Sindical (BNS), dijo que esta condición, acordada entre el Ministerio de Hacienda y la Comisión, significaba en la práctica que la ley salarial no podría entrar en vigor antes de 2029, ya que no se preveía que la senda de consolidación fiscal de Rumanía alcanzara ese umbral del 5 % antes de esa fecha. Esta vinculación al déficit es clave en el argumento de los críticos de que la reforma era contradictoria desde el principio, ya que prometía una costosa reforma salarial al tiempo que exigía un ajuste fiscal que hacía casi imposible su financiación.

Incluso el ministro Pîslaru, que heredó el borrador y ahora lidera el proceso de correcciones, ha reconocido abiertamente los fallos, admitiendo que algunas tablas salariales están «mal estructuradas» y que, en esencia, es el «chivo expiatorio» de los problemas que ya tenía el proyecto de ley antes de que él se hiciera cargo. Ha revelado que las consultas generaron más de mil observaciones por escrito de confederaciones sindicales y colectivos profesionales, que abarcan los ámbitos de la educación, la sanidad y la cultura, y todas ellas señalan aspectos que hay que revisar. Al mismo tiempo, ha rechazado lo que él llama ataques «absolutamente irresponsables» contra el proyecto, insistiendo en que cada sector tiene quejas legítimas que se remontan a las promesas incumplidas de la antigua ley marco de 2017, lo que hace que la reforma sea políticamente delicada, independientemente de cómo se ultime.

El primer ministro Ilie Bolojan ha dejado claro que el proyecto de ley se va a presentar al Parlamento de todas formas, una decisión que ha enfurecido a los sindicatos de la educación, que dicen que las correcciones hechas hasta ahora no son suficientes y que los logros de 2023, que tanto costó conseguir, siguen en la cuerda floja. Parece que la reforma salarial de Rumanía seguirá siendo una de las leyes más polémicas de este verano, atrapada entre el plazo para recibir la financiación de la UE y un sector público que considera que no se le ha consultado como es debido.