Google se enfrenta a una oleada de reclamaciones por daños y perjuicios por valor de 10 000 millones de dólares tras una sentencia histórica de la UE en materia de competencia

Ciencia y Tecnología - 31 de julio de 2026

Tras una multa récord impuesta por la Unión Europea por prácticas anticompetitivas, varias empresas rivales de toda Europa están reclamando indemnizaciones por valor de miles de millones, lo que marca un nuevo capítulo en la batalla por el dominio del mercado digital.

La larga batalla regulatoria de Google con la Unión Europea ha entrado en una nueva y costosa fase, ya que las empresas rivales han presentado una oleada de demandas civiles en las que reclaman unos 10 000 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios. Estas demandas llegan solo unos días después de que la Comisión Europea impusiera una multa histórica de 890 millones de euros en virtud de la Ley de Mercados Digitales (DMA), al concluir que Google había abusado de su posición dominante en el mercado al favorecer sus propios servicios y restringir la competencia.

La sentencia, de la que se ha hecho eco Reuters, se considera por muchos un punto de inflexión en la política de competencia europea. Mientras que las investigaciones antimonopolio anteriores se centraban principalmente en imponer sanciones económicas, se espera que esta última decisión ofrezca un sólido respaldo legal a las empresas privadas que reclamen una indemnización por las supuestas pérdidas económicas causadas por la conducta de Google.

Varias plataformas europeas de comparación de precios muy conocidas ya han presentado o anunciado acciones legales. Entre ellas están la web británica de comparación de precios Kelkoo, su competidora sueca PriceRunner y la empresa italiana de comercio digital Moltiply Group, dueña de Trovaprezzi.it. Solo Moltiply reclama 2.97 mil millones de euros en concepto de daños y perjuicios, lo que la convierte en una de las demandas individuales más cuantiosas presentadas hasta ahora.

Según expertos jurídicos y empresas de financiación de litigios como LitFin, las conclusiones de la Comisión Europea aportan pruebas contundentes de que Google llevó a cabo prácticas anticompetitivas durante un largo periodo. Como la Comisión ha constatado oficialmente que se han infringido las disposiciones de la DMA, los demandantes creen que ahora cuentan con una base jurídica mucho más sólida para reclamar una indemnización ante los tribunales nacionales.

La Comisión concluyó que Google cometió dos infracciones distintas de las normas que regulan a los denominados «gatekeepers», es decir, las grandes plataformas digitales cuyo poder de mercado les permite influir en la competencia en toda la economía digital europea.

La primera infracción tiene que ver con la «autopreferencia», una práctica por la que, supuestamente, Google daba un trato preferencial a sus propios servicios en los resultados de Google Search, mientras que ponía en desventaja competitiva a las plataformas rivales de comparación de precios. Por esta infracción, la Comisión impuso una multa de 460 millones de euros.

La segunda infracción tiene que ver con la gestión que hace Google de la Google Play Store. Las autoridades reguladoras descubrieron que la empresa limitaba la capacidad de los desarrolladores de aplicaciones para dirigir a los usuarios hacia métodos de compra alternativos fuera del ecosistema de pago de Google, una práctica conocida comúnmente como «dirigir a los usuarios». Esto supuso una multa adicional de 430 millones de euros.

En conjunto, estas dos sanciones suponen una de las primeras medidas coercitivas importantes en el marco de la Ley de Mercados Digitales, una normativa diseñada específicamente para frenar el poder de las empresas tecnológicas dominantes y crear un mercado digital más competitivo dentro de la Unión Europea.

Las consecuencias, sin embargo, pueden ir mucho más allá de las propias sanciones reglamentarias.

A diferencia de las multas administrativas, las demandas privadas permiten a las empresas reclamar una indemnización por los ingresos que, según afirman, han dejado de percibir a causa de prácticas anticompetitivas. Ahora que la decisión de la Comisión ya es oficial, otras empresas que crean haber sufrido perjuicios podrían decidir presentar demandas similares, lo que podría aumentar aún más el riesgo legal de Google.

Google ha rechazado rotundamente las acusaciones y ha desestimado las demandas de indemnización por considerarlas infundadas. La empresa sostiene que los competidores están intentando sacar provecho de los litigios en lugar de mejorar sus propios productos y servicios a través de la innovación.

Según la postura de Google, la empresa sigue invirtiendo mucho en mejorar su motor de búsqueda, su mercado digital y sus capacidades de inteligencia artificial, al tiempo que cumple con la normativa europea, que va cambiando. Sostiene que los usuarios se benefician de sus servicios integrados y que sus prácticas empresariales siguen centradas en ofrecer la mejor experiencia posible.

Sin embargo, estas demandas llegan en un momento especialmente delicado para Alphabet, la empresa matriz de Google. Además del creciente escrutinio regulatorio en toda Europa y Estados Unidos, Alphabet está invirtiendo decenas de miles de millones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial, computación en la nube y modelos de IA de última generación. Estos gastos tan importantes coinciden con unos costes legales cada vez mayores y una lista cada vez más larga de procedimientos antimonopolio en todo el mundo.

En la última década, los reguladores europeos han impuesto multas por valor de más de 10 000 millones de euros a Google en varios casos de competencia relacionados con los buscadores, Android, la publicidad digital y la distribución de aplicaciones. La última medida de aplicación de la DMA demuestra que las autoridades europeas ya no se limitan a imponer sanciones económicas, sino que también están creando las condiciones para que las empresas afectadas puedan reclamar una compensación económica directa.

Para las empresas tecnológicas que operan en Europa, las implicaciones son importantes. Parece que la Ley de Mercados Digitales no solo va a cambiar la forma en que las plataformas digitales dominantes hacen negocios, sino que también va a convertir los litigios privados en materia de competencia en un mecanismo clave para hacer cumplir la ley. Si los tribunales dan la razón a las demandas que se están presentando ahora, las consecuencias económicas para Google podrían superar con creces la multa regulatoria original.

Por eso, los próximos años podrían decidir si la DMA se convierte en una de las leyes de competencia más potentes que se hayan aprobado jamás, cambiando de raíz la relación entre las plataformas de las grandes tecnológicas y las empresas que dependen de ellas.

 

Alessandro Fiorentino