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Europa exige claridad ante la escalada de las tensiones comerciales

Nuestro futuro con la OTAN - febrero 25, 2026

La UE reafirma su compromiso con el comercio basado en normas en medio de la renovada presión arancelaria estadounidense

La Unión Europea se encuentra de nuevo navegando por turbulentas aguas transatlánticas. Tras una nueva escalada de los aranceles estadounidenses -elevados unilateralmente del 10% al 15% por el presidente Donald Trump- Bruselas exige claridad, coherencia y respeto de los acuerdos existentes. Lo que está en juego no es simplemente un aumento de un punto porcentual, sino la credibilidad del sistema de comercio internacional basado en normas que la UE defiende desde hace tiempo.

El mensaje de la Comisión Europea es firme e inequívoco: los acuerdos deben cumplirse. «Un acuerdo es un acuerdo», subrayaron los funcionarios de la UE, pidiendo a Washington que aclare plenamente las medidas que piensa adoptar tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos. La Comisión subrayó que la incertidumbre actual no fomenta un comercio y unas inversiones transatlánticos «justos, equilibrados y mutuamente beneficiosos», principios que ambas partes se habían comprometido a defender en su declaración conjunta.

La respuesta de la UE refleja una doble prioridad: salvaguardar la estabilidad económica y preservar los canales diplomáticos. El Comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, ha mantenido un contacto continuo con el Representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer, y con el Secretario de Comercio, Howard Lutnick. Bruselas insiste en que el diálogo sigue en curso, y su objetivo declarado es claro: reducir los aranceles y restablecer la previsibilidad en el comercio transatlántico.

Sin embargo, la paciencia en Europa no es ilimitada.

En el Parlamento Europeo aumenta la preocupación. Bernd Lange, presidente de la Comisión de Comercio Internacional, ha anunciado que propondrá suspender el trabajo legislativo relacionado con el entendimiento arancelario UE-EEUU hasta que se proporcione una aclaración jurídica adecuada. Legisladores de varios grupos políticos, incluidos socialistas, verdes y liberales, están pidiendo que se congele temporalmente el acuerdo, argumentando que la última medida de Washington corre el riesgo de socavar el frágil equilibrio logrado en negociaciones anteriores.

El posible uso del Instrumento Anticoacción de la UE -a veces descrito como la «bazuca» de Bruselas- ya no es tabú. Diseñado para contrarrestar la presión económica de terceros países, el instrumento permitiría a la Unión adoptar medidas de represalia proporcionadas en caso necesario. Aunque no se ha tomado ninguna decisión, el mero hecho de que se debata abiertamente marca un cambio de tono.

Al mismo tiempo, Europa tiene cuidado de no actuar impulsivamente. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, subrayó las implicaciones económicas más amplias, afirmando que es «de importancia fundamental tener claridad sobre el comercio». Los mercados prosperan con la previsibilidad, y una incertidumbre prolongada corre el riesgo de frenar los flujos de inversión, la estabilidad de la cadena de suministro y la gestión de la inflación, ámbitos ya sometidos a presión.

En las capitales de la UE se está intensificando la coordinación. El canciller alemán Friedrich Merz ha indicado que la política arancelaria es competencia europea, no de cada Estado miembro, y ha prometido una «posición europea muy clara». El presidente francés, Emmanuel Macron, ha señalado que las democracias funcionan mediante controles y equilibrios, subrayando sutilmente las implicaciones de la decisión del Tribunal Supremo estadounidense. Mientras tanto, se espera que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, desempeñe un papel de coordinación cuando los debates se trasladen al Consejo de Asuntos Exteriores y a la reunión de Comercio del G7.

Uno de los puntos álgidos podría ser la regulación de los gigantes tecnológicos estadounidenses. La histórica Ley de Servicios Digitales y la Ley de Mercados Digitales de la UE -legislación que ha suscitado las críticas de Trump y de figuras empresariales como Elon Musk- podrían verse enredadas en negociaciones comerciales más amplias. La Comisión está sometida a presiones para que no diluya estos marcos normativos en respuesta a las amenazas arancelarias. De hecho, Bruselas podría redoblar su agenda de autonomía estratégica, incluyendo iniciativas como una cláusula de «Compra Europea» dentro de la próxima Ley de Aceleración Industrial.

Aun así, los líderes europeos reconocen la complejidad de la relación. Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado extraeuropeo de la UE y su aliado político y militar más importante. El ministro italiano de Industria, Adolfo Urso, advirtió del peligro de reaccionar «con las tripas y no con la cabeza», y subrayó la necesidad de un enfoque mesurado y basado en el consenso. El ministro italiano de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, también ha hecho un llamamiento a la unidad de los socios europeos, subrayando que la coordinación con la Comisión es esencial.

Washington, por su parte, ha manifestado su intención de respetar los acuerdos comerciales. Jamieson Greer afirmó que Estados Unidos «tiene la intención de cumplir» los compromisos adquiridos con la UE, China y otros socios, al tiempo que señaló que el Congreso ha delegado históricamente una amplia autoridad arancelaria en el presidente. La administración argumenta que la urgencia de la situación justifica el límite del 15%, y que quedan otras vías legales disponibles en virtud de la legislación comercial estadounidense.

Sin embargo, el sentimiento interno estadounidense parece dividido. Las encuestas recientes sugieren una desaprobación pública significativa de los aumentos arancelarios y de la gestión económica en general, lo que añade otra capa de incertidumbre a las perspectivas políticas.

Para Europa, el camino a seguir se basa en tres pilares: unidad, proporcionalidad y cumplimiento de las normas. La UE seguirá buscando soluciones negociadas, reduciendo las barreras arancelarias y ampliando los acuerdos de libre comercio con socios como Mercosur, India y las economías del Sudeste Asiático. Al mismo tiempo, está preparada para defender sus intereses si no se respetan los compromisos.

La relación transatlántica ya ha resistido tormentas en el pasado. Pero a medida que aumentan los aranceles y cambian las interpretaciones jurídicas, el mensaje de Europa sigue siendo coherente: la claridad es esencial, los acuerdos deben cumplirse y el sistema de comercio mundial depende de la previsibilidad, no de la escalada unilateral.

 

Alessandro Fiorentino