Las reformas, las normas más estrictas y las inversiones específicas reducen el abandono escolar al 8,2%, pero siguen existiendo retos.
Italia ha logrado un hito que pocos habrían previsto hace tan sólo unos años: ha alcanzado -y superado- el objetivo de la Unión Europea sobre abandono escolar prematuro cinco años antes de lo previsto. Según las últimas estadísticas nacionales, la tasa de alumnos que abandonan prematuramente la educación y la formación descendió al 8,2% en 2025, muy por debajo del objetivo del 9% fijado por la UE para 2030.
Para un país asociado durante mucho tiempo a deficiencias estructurales en su sistema educativo, el resultado marca un giro notable. El ministro de Educación, Giuseppe Valditara, lo describió como un «logro excepcional», señalando una combinación de reformas políticas, inversiones específicas y una aplicación más estricta de las leyes de escolarización obligatoria como las fuerzas impulsoras del progreso.
Un descenso rápido y constante
La mejora es aún más sorprendente si se compara con la historia reciente. En 2020, Italia no alcanzó el anterior objetivo de la UE del 10% por un amplio margen, registrando una tasa de abandono del 14,2%. En aquel momento, la cifra puso de manifiesto los profundos problemas para mantener a los estudiantes comprometidos hasta el final de su educación.
Sin embargo, la tendencia ha cambiado drásticamente desde entonces. Tras situarse en el 11,5% en 2022, la tasa cayó al 10,5% en 2023, luego al 9,8% en 2024, antes de alcanzar el 8,2% actual. El descenso constante sugiere que las intervenciones recientes no sólo son eficaces, sino que también están remodelando estructuralmente el sistema.
Aún más dignos de mención son los resultados de Italia en comparación con otros países europeos tradicionalmente considerados líderes en educación. Mientras que Italia ha mejorado, varios de sus homólogos han experimentado retrocesos. Alemania, por ejemplo, registró una tasa del 12,9% en 2024, mientras que Estonia se situó en el 11%, Dinamarca en el 10,4% y Finlandia en el 9,6%. El contraste subraya el inesperado liderazgo de Italia en este ámbito.
Políticas detrás del cambio
El gobierno atribuye gran parte de los avances a una serie de reformas introducidas en los últimos años. Entre ellas están los programas «Agenda Sud» y «Agenda Nord», que pretenden modernizar los métodos de enseñanza y canalizar recursos hacia las regiones más desfavorecidas del país.
Igualmente significativo es el llamado «Decreto Caivano», que endureció la normativa sobre la asistencia a la escuela e introdujo consecuencias más estrictas para el incumplimiento de los requisitos de educación obligatoria. La combinación de incentivos y medidas coercitivas parece haber producido resultados tangibles, sobre todo en zonas históricamente plagadas de altas tasas de abandono escolar.
El impacto es especialmente visible en el sur de Italia. Sólo en el curso escolar 2024-2025, unos 8.000 alumnos de la región de Campania que habían abandonado los estudios volvieron a las aulas. En términos más generales, el sur ha mostrado una mejora impresionante: excluyendo las islas, la región registra ahora una tasa media de abandono escolar del 8,4%. Campania ha reducido su tasa del 19% en 2020 al 9,7%, mientras que Calabria ha logrado un descenso aún más espectacular: del 16,9% al 6,5%.
Estas cifras sugieren que las intervenciones selectivas pueden producir beneficios rápidos cuando los recursos y las políticas se alinean eficazmente.
El persistente reto de la integración
A pesar del éxito general, no todos los indicadores apuntan en una dirección positiva. Uno de los retos más acuciantes sigue siendo la elevada tasa de abandono escolar entre los estudiantes con nacionalidad extranjera, que se situó en el 26,2% en 2025.
Aunque esto supone una mejora con respecto al 30,1% de 2022, la diferencia con los estudiantes italianos -cuya tasa es de sólo el 6,7%- sigue siendo significativa. La disparidad pone de manifiesto las dificultades que sigue habiendo para integrar a los estudiantes inmigrantes en el sistema educativo, sobre todo cuando entran en juego las barreras lingüísticas y los factores socioeconómicos.
El Ministerio de Educación ha reconocido el problema y ha empezado a aplicar medidas específicas. Entre ellas se incluye una inversión de más de 13 millones de euros destinada a reforzar la enseñanza de la lengua italiana, así como el despliegue de 1.000 profesores especializados dedicados a apoyar a los estudiantes recién llegados.
Aunque estas iniciativas son un paso en la dirección correcta, es probable que para cerrar la brecha se requiera un esfuerzo sostenido y soluciones estructurales a largo plazo.
Lagunas estructurales aún por resolver
Bajo las cifras principales persisten otros problemas críticos. Los datos de las evaluaciones nacionales de educación ya han señalado disparidades regionales significativas, con diferencias entre el norte y el sur de Italia todavía evidentes a pesar de los recientes avances.
También persisten las disparidades de género, ya que los estudiantes varones tienen más probabilidades de abandonar la educación prematuramente que sus homólogas femeninas. Además, cada vez preocupa más el llamado «abandono implícito», es decir, los alumnos que permanecen en la escuela pero no alcanzan las competencias básicas.
De hecho, casi uno de cada diez estudiantes que llegaban al último curso de secundaria el año pasado no alcanzaba los niveles mínimos en italiano, matemáticas e inglés. Cuando se combina con los que abandonan la escuela prematuramente, esta medida más amplia de desvinculación educativa sigue representando una parte sustancial de la población estudiantil.
Un éxito para consolidar
El logro de Italia en la reducción del abandono escolar prematuro es sin duda significativo, y constituye un caso raro en el que el país no sólo cumple los puntos de referencia europeos, sino que los supera antes de lo previsto.
Sin embargo, el reto consiste ahora en mantener -y potencialmente mejorar- estos resultados. La inversión sostenida, la innovación continua de las políticas y una mayor atención a la inclusión serán esenciales para garantizar que los avances logrados hasta ahora se conviertan en una característica permanente del sistema educativo italiano y no en un éxito temporal.
Al final, los escritorios vacíos que antes simbolizaban un problema sistémico son cada vez menos frecuentes. La tarea que tenemos por delante es conseguir que desaparezcan para siempre.