Von der Leyen advierte del impacto prolongado a medida que Bruselas acelera el impulso hacia la independencia energética y la resiliencia estratégica
La guerra en Irán está cobrando un elevado peaje económico a Europa, ya que sólo los costes energéticos drenan casi 500 millones de euros al día de la economía de la Unión Europea. En su intervención ante el Parlamento Europeo, Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, hizo una dura evaluación de la situación, describiendo el conflicto como la «segunda gran crisis energética del bloque en sólo cuatro años».
Dos meses después del estallido de las hostilidades en Oriente Próximo, von der Leyen subrayó que las consecuencias para Europa podrían ser duraderas. «Los efectos de este conflicto pueden sentirse durante meses o incluso años», dijo, subrayando la urgencia de respuestas tanto diplomáticas como estructurales. La UE, reiteró, mantiene su compromiso de apoyar los esfuerzos para poner fin a la guerra, garantizar la plena reapertura del estrecho de Ormuz y alcanzar un acuerdo de paz más amplio que incluya el programa nuclear iraní.
El impacto financiero ya es considerable. Sólo en los primeros 60 días del conflicto, la UE ha gastado 27.000 millones de euros más en importaciones de combustibles fósiles. Este aumento refleja la continua vulnerabilidad de Europa a las crisis energéticas externas, una debilidad que, según von der Leyen, debe abordarse con decisión. «En un mundo turbulento como el nuestro, no podemos permitirnos depender excesivamente de la energía importada», advirtió.
La crisis actual se hace eco de la agitación energética desencadenada por la invasión rusa de Ucrania, reforzando una lección sobre la que Bruselas está ahora decidida a actuar. Según von der Leyen, el camino a seguir está claro: reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y aumentar al mismo tiempo la producción nacional de energía limpia y asequible. Esto incluye una amplia mezcla de soluciones, desde las renovables hasta la energía nuclear, todo ello en el marco de la neutralidad tecnológica.
El contraste entre los Estados miembros de la UE pone de relieve la importancia de la diversificación energética. Los países con una mayor proporción de fuentes de bajas emisiones han demostrado ser más resistentes a la volatilidad de los precios. Von der Leyen citó a Suecia como ejemplo clave: cuando los precios del gas aumentan 1 euro por megavatio-hora, las facturas de electricidad suecas suben sólo 0,04 euros por megavatio-hora, gracias a la dependencia del país de las energías renovables y la energía nuclear. Este aislamiento de las perturbaciones del mercado, argumentó, representa el modelo que Europa debería esforzarse por reproducir.
Reconociendo la diversidad de los sistemas energéticos nacionales, la Comisión Europea ha propuesto un conjunto flexible de medidas que pueden adaptarse en toda la Unión. Estas acciones se estructuran en torno a tres pilares principales. El primero es una mayor coordinación a escala europea, sobre todo en la gestión del almacenamiento de gas y las reservas de combustible. Alineando las estrategias nacionales, la UE puede garantizar un uso más eficaz de los recursos, incluida la liberación coordinada de las reservas de petróleo y el aumento de la producción de las refinerías en todos los Estados miembros.
El segundo pilar se centra en proteger a los consumidores y las empresas, especialmente a los más vulnerables. Von der Leyen reconoció que, durante la anterior crisis energética, sólo una cuarta parte de la ayuda de emergencia se destinó eficazmente, mientras que se gastaron más de 350.000 millones de euros en medidas más amplias y menos eficaces. Este planteamiento, señaló, supuso una importante carga para los presupuestos nacionales sin proteger adecuadamente a los más necesitados. «No debemos repetir el mismo error», dijo, pidiendo intervenciones más precisas y específicas.
El tercer ámbito de actuación consiste en reducir la demanda global de energía mediante una modernización sistémica. A corto plazo, esto puede lograrse mediante la mejora de la eficiencia energética, una mayor electrificación y un despliegue más rápido de las tecnologías digitales. Sin embargo, von der Leyen también señaló un reto cada vez mayor: la creciente demanda de energía impulsada por la expansión de los centros de datos y la inteligencia artificial. Garantizar un suministro suficiente de energía manteniendo la sostenibilidad será un acto de equilibrio crítico en los próximos años.
Ya se han hecho progresos desde la última crisis. Antes, los precios del gas dictaban los precios de la electricidad el 70% de las veces; hoy, esa cifra ha bajado al 30%, lo que ayuda a evitar los picos extremos de precios de años anteriores. Sin embargo, la electricidad sigue representando menos de una cuarta parte del consumo final de energía de la UE, una cifra significativamente inferior a la de Estados Unidos o China. Este desfase, subrayó von der Leyen, debe abordarse mediante una mayor inversión en las redes e infraestructuras eléctricas de Europa.
Más allá de la energía, la presidenta de la Comisión Europea también reafirmó los compromisos geopolíticos de la UE. Confirmó que el bloque ha cumplido su promesa de conceder un préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania, tras el levantamiento del veto de Hungría. Se espera que el primer tramo de 45.000 millones de euros se desembolse en el trimestre en curso. Al mismo tiempo, la UE ha adoptado su vigésimo paquete de sanciones contra Rusia, intensificando la presión económica sobre Moscú.
Von der Leyen argumentó que estas medidas están teniendo efectos tangibles, señalando el aumento de la inflación y de los tipos de interés en Rusia. También destacó las crecientes restricciones al acceso a Internet y a la comunicación, describiendo un «telón de acero digital» que desciende sobre el país. Sin embargo, concluyó con una nota de perspectiva histórica: «Si la historia nos enseña algo, es que todos los muros acaban cayendo».
Mientras Europa atraviesa otra crisis energética, el mensaje de Bruselas es inequívoco: la resistencia, la independencia y la previsión estratégica ya no son opcionales, sino esenciales para la estabilidad económica y política del continente.