Mesa redonda en Sicilia sobre «El Mediterráneo como patrimonio cultural común de Europa» y una pregunta urgente que debemos hacernos

Construir una Europa conservadora - 16 de julio de 2026

El fin de semana del 17 al 19 de julio en Sicilia acogerá uno de los eventos más esperados de este verano : las Jornadas Europeas de Concienciación —«Un Mediterráneo más seguro para una Europa más fuerte»—, que tendrán lugar en Catania y Palermo, las ciudades más importantes de la isla más grande e idílica del Mediterráneo. Miembros del Gobierno italiano, eurodiputados, legisladores nacionales de varios países europeos, altos cargos de la administración local siciliana, así como periodistas y representantes de diversos institutos y centros de estudio, se reunirán para debatir en uno de esos lugares de Europa —y no solo de Europa— que se te quedan grabados para siempre en la memoria. Como un sueño precioso que te gustaría seguir soñando.

No solo el esplendor de paisajes únicos y la maravilla de los yacimientos antiguos y los mosaicos, sino, sobre todo, la experiencia auténtica de lo que este mundo representa: un auténtico bastión de la identidad europea, la belleza clásica y la fe cristiana, el lugar que vio nacer maravillas y la civilización.

La región mediterránea no solo representa la historia viva, sino también una advertencia crucial para la civilización; es a la vez un poderoso llamamiento a volver a nuestras raíces, al orden natural y a la razón, y una señal crucial sobre la necesidad imperiosa de responder a los retos apocalípticos de nuestro tiempo. Qué importante es que la cuenca mediterránea sea más segura, para que el Viejo Continente pueda ser de verdad más seguro y más fuerte —una cuestión que seguro que va a dar pie a debates animados durante estos calurosos días de verano en la costa de Sicilia.

Una de las mesas redondas más esperadas del evento de Catania será la titulada «El Mediterráneo como patrimonio cultural común de Europa», que tendrá lugar la mañana del sábado 18 de julio.

Cuando hablamos de patrimonio cultural, una de las primeras palabras que te vienen a la mente es «conservadurismo». Es la izquierda la que divide y etiqueta, pero hay cosas que están clarísimas. El conservador, que es realista, es quien valora el patrimonio, quien entiende la importancia crucial de preservar la autenticidad y los valores que han construido la civilización. El progresista odia el patrimonio y desprecia la belleza con cada fibra de su ser.

El Mediterráneo ha sido y sigue siendo el Mare Nostrum, el mar «interno» del mundo cristiano; pero, más allá de su importancia geográfica única, toda la región mediterránea representa una riqueza intelectual sin igual: milenios de sabiduría y creatividad, las raíces perdurables de nuestra civilización. Esas raíces y esas tradiciones culturales que la extrema izquierda, pseudoliberal e hiperglobalista, busca erradicar o, al menos, diluir. Filósofos, estatuas, mitos: un legado único del que el «mundo feliz» ya no necesita, simplemente porque pertenece al pasado. En nombre de una utopía no menos peligrosa que la marxista-leninista, la cultura de la cancelación pretende borrar miles de años de desarrollo intelectual y logros sin los cuales la civilización actual no habría existido.

Menudo contraste entre la diversidad de las riquezas que heredamos de los griegos y los romanos, y la «diversidad» que traen hoy los millones de solicitantes de asilo —«en busca de un mundo mejor»— a una Europa cada vez más aterrorizada. Menudo contraste entre el espíritu innovador de nuestros antepasados y la barbarie de aquellos que buscan desfigurar el mundo al que han ido invadiendo.

Sin embargo, no seamos demasiado optimistas: el patrimonio mediterráneo no se conserva admirando el teatro antiguo de Taormina o la majestuosa Acrópolis de Atenas, sino apoyando con fuerza a las familias y a las generaciones futuras, profesando con firmeza nuestra fe y despertando a los pueblos que se han dado cuenta de que no hay absolutamente nada que perder. Volver a los valores significa una lucha constante por recuperar la seguridad allí donde ya no parece existir.

La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué queremos que hereden nuestros hijos? ¿La belleza que ha heredado esta generación, o la fealdad y la devastación que han traído los invasores?

Se han escrito montones de páginas sobre lo que la cuenca mediterránea ha aportado al mundo en cuanto a cultura, arte y sabiduría. Sin embargo, un debate sobre este tema —como la mesa redonda organizada por el Partido ECR en Sicilia— siempre será muy bienvenido.