El mercado laboral italiano está batiendo récords… y poniendo en tela de juicio viejas ideas preconcebidas

Política - 18 de septiembre de 2026

El empleo ha alcanzado su máximo histórico y el desempleo ha bajado al 5 %, lo que supone una mejora significativa para Italia. El siguiente reto es convertir este avance en salarios más altos y mayores oportunidades para las mujeres, los jóvenes y las regiones más desfavorecidas del país

Durante décadas, el mercado laboral italiano se ha caracterizado por un desempleo obstinadamente alto, una baja tasa de actividad y una brecha persistente con respecto a las economías más fuertes de Europa. Las últimas cifras de la OCDE sugieren que este panorama tan conocido se está quedando cada vez más desfasado. Italia empezó el año 2026 con el empleo en su nivel más alto jamás registrado y el desempleo en un mínimo histórico. En el primer trimestre, la tasa de empleo alcanzó el 62,8 %, tras un crecimiento especialmente fuerte en los dos años anteriores. En mayo, el desempleo había bajado hasta apenas el 5 %, solo ligeramente por encima de la media de la OCDE, que es del 4,9 %. La tendencia es especialmente destacable. El desempleo en Italia bajó 1,5 puntos porcentuales en solo un año, mientras que en aproximadamente dos tercios de los países de la OCDE se registró un aumento. Italia forma parte, por tanto, de un grupo relativamente pequeño de economías del sur de Europa —junto con España, Portugal y Grecia— en las que el desempleo siguió disminuyendo. Otros indicadores refuerzan la impresión de que algo importante ha cambiado. Un análisis económico de la OCDE publicado este año señalaba que el crecimiento del empleo tras la pandemia había sido sólido y que gran parte de ese aumento correspondía a puestos de trabajo fijos. A finales de 2025, los trabajadores temporales representaban alrededor del 13 % del empleo, la proporción más baja en 15 años.

Sin embargo, la mejora de las cifras generales de Italia también pone de manifiesto la magnitud de su potencial sin aprovechar.

La tasa de empleo del país, del 62,8 %, sigue estando 9,3 puntos porcentuales por debajo de la media de la OCDE, que es del 72,1 %. Las mujeres y los jóvenes representan una parte especialmente importante de esa diferencia. En otras palabras, Italia ha alcanzado un nivel de empleo récord, pero sigue dejando fuera del mercado laboral a una reserva considerable de trabajadores potenciales. Reducir aunque sea en parte esa brecha podría suponer una importante fuente de crecimiento económico futuro a medida que la población envejece.

La geografía supone otro reto, pero tampoco en este caso la tendencia es del todo negativa.

Las oportunidades de empleo siguen variando enormemente en toda Italia. El desempleo en el grupo de regiones italianas con peor rendimiento es más de cuatro veces mayor que en las más fuertes, frente a una proporción de alrededor de dos en el conjunto de la OCDE. Sin embargo, las disparidades territoriales en materia de empleo se han reducido un 10,4 % desde principios de la década de 2010, sobre todo porque las zonas que partían de una posición más débil han mejorado. Ese avance es importante porque la brecha regional de Italia no es solo un problema estadístico. Cuando los trabajadores más jóvenes y con mayor nivel educativo se marchan de zonas que ofrecen menos oportunidades, esos territorios pierden precisamente el capital humano necesario para generar nuevas empresas, inversión y productividad.

El punto débil más evidente es el salario.

Los salarios reales subieron un 1,3 % interanual en el primer trimestre de 2026, gracias a la menor inflación, pero se mantuvieron un 6,1 % por debajo de su nivel de principios de 2021 —el mayor déficit entre las principales economías de la OCDE—. Las nuevas subidas de los precios de la energía están complicando ahora la recuperación. La OCDE prevé que los salarios reales italianos bajen un 0,9 % en 2026, antes de subir apenas un 0,2 % en 2027. Por lo tanto, Italia se enfrenta a una situación inusual: su mercado laboral está funcionando mucho mejor en cuanto a la creación de empleo que en cuanto al poder adquisitivo. La siguiente fase requerirá convertir las mejoras en el empleo en una mayor productividad y, en última instancia, en mejores salarios.

Hay algunas señales estructurales alentadoras. Los acuerdos de no competencia, que pueden impedir que los trabajadores se cambien a empresas rivales, afectan, según estimaciones de los empresarios encuestados, a entre el 7 % y el 18 % de los empleados del sector privado italiano, en comparación con el 20 %-30 % aproximadamente en los países de la OCDE. Alrededor del 30 % de las empresas italianas encuestadas también indicaron que conocían la existencia de acuerdos de no captación de personal o de fijación de salarios en su sector, una cifra inferior a la media del 48 % de los países encuestados. Nada de esto elimina las debilidades que Italia arrastra desde hace tiempo. Pero las cifras de la OCDE sugieren que el punto de partida para abordarlas ha mejorado sustancialmente. Italia ya no se enfrenta simultáneamente a un alto desempleo y a una baja tasa de empleo. Ahora se enfrenta a un problema más prometedor: cómo aprovechar el empleo récord, incorporar a más mujeres y jóvenes al mercado laboral, distribuir las oportunidades de forma más equitativa por todo el país y garantizar que un mercado laboral más sólido genere, por fin, mayores ingresos familiares. Esa distinción es importante. Al mercado laboral italiano aún le queda un largo camino por recorrer, pero afronta ese reto desde la mejor situación de empleo de la historia.

 

Alessandro Fiorentino