¡Lo vamos a conseguir, Ceuta!

Política - 7 de agosto de 2026

Los terribles sucesos que todo el mundo vio cómo se desarrollaban en Ceuta, España, nos han recordado esa famosa frase que dijo la ex canciller alemana Angela Merkel en agosto de 2015: «Wir schaffen das» (Lo conseguiremos). Dichas —y no solo una vez— en una época igualmente convulsa, cuando oleadas masivas de migrantes procedentes de países del tercer mundo inundaban Europa, las palabras de Angela Merkel han resonado desde entonces por todo el mundo. Lo que se describió como una declaración de confianza y fortaleza moral se ha convertido, de hecho, en el primer acto de una obra que se está revelando cada vez más aterradora: la política de fronteras abiertas de la Unión Europea y sus desastrosas y siniestras consecuencias. Hace once años, cientos de miles de invasores fueron recibidos con los brazos abiertos por la optimista señora Merkel, que estaba muy segura de que la situación se podría gestionar adecuadamente y de que todo saldría bien. Sin embargo, nada salió bien entonces, y desde luego nada va bien hoy.

Angela Merkel, con sus famosas palabras, abrió las puertas de Alemania —y, en realidad, del Espacio Schengen— para que las invadieran en masa. Con un cinismo disfrazado de «confianza», traicionando no solo a sus propios ciudadanos sino a toda Europa, la señora Merkel allanó el camino para futuras invasiones. Todos sabemos cuál es el coste de esta política autodestructiva: padres e hijos que han visto cómo sus propios barrios se transformaban en algo irreconocible, mujeres que ya no salen de casa al caer la noche, aumento de la delincuencia, disturbios sociales descabellados, y jóvenes que han descubierto que el talento y las habilidades ya no tienen ningún valor frente al nuevo criterio «supremo»: el bienestar de las minorías a costa de la mayoría. «Wir schaffen das» era una quimera, pero una muy cara y aterradora.

A finales de julio de 2026, once años después del «Wir schaffen das», el mundo entero fue testigo de las horribles escenas vividas en Ceuta, cuando más de 60 000 migrantes procedentes del vecino Marruecos irrumpieron en este pequeño enclave español del norte de África, donde viven poco más de 84 000 personas. En esta ciudad costera, que forma parte de la Unión Europea, se desató el caos en cuestión de horas. Una afluencia masiva de migrantes ejerció presión sobre el territorio europeo, conmocionó a la población civil y puso de manifiesto lo vulnerable que es un Estado miembro de la UE ante un incidente tan grave.

Cuando tu propio territorio queda a merced de los invasores, ese es un camino seguro hacia la desintegración y la catástrofe. La pregunta que cualquier líder debería hacerse es esta: ¿hasta qué punto han contribuido estas oleadas masivas de migrantes a la prosperidad, la seguridad y la cohesión de los países a los que han llegado en masa? ¿La respuesta? Desde luego, no es la que la propaganda oficial quiere que te creas.

Más allá de la evidente crisis en el control de fronteras, Europa se enfrenta a una tragedia de su propia civilización. Ese siniestro cliché que soltó Angela Merkel en 2015 —un ejemplo de su desprecio hacia su propio pueblo— suena hoy como una tormenta. Ceuta no es el final. Pero podría ser el principio del fin si no se aprende la verdadera lección. Mientras las pseudoélites europeas no traten la migración masiva como lo que realmente es —una amenaza inminente para la seguridad, la identidad y la soberanía—, seguirán ocurriendo tragedias como la de Ceuta.

«Wir schaffen das» ha dejado claro lo enorme y aterradora que es la brecha entre las palabras y la vida real. La horrible experiencia de Ceuta, lejos de estar «normalizada», como dicen las autoridades, debería ser una alarma inquietante que resuena en el silencio de la noche. Cuando se violan las fronteras, la soberanía no es más que una ilusión. Defender tus propias fronteras significa defender tu propia identidad. La elección es clara y sencilla: o defendemos quiénes somos y en qué creemos, o nos quedamos de brazos cruzados, paralizados, y somos testigos del fin de nuestras sociedades y de nuestra propia civilización.