Ursula von der Leyen pide medidas de defensa comercial más firmes, una reducción de los costes empresariales y una nueva estrategia para canalizar el ahorro de los hogares hacia las empresas europeas
La Unión Europea debe reconstruir su fortaleza económica en torno a la industria nacional, según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien ha esbozado una estrategia más firme para competir con China y financiar el futuro del continente. En una intervención ante líderes empresariales franceses en París, presentó una visión de Europa como una región capaz de producir bienes esenciales, atraer inversiones y proteger sectores estratégicos.
Su mensaje reflejaba el reconocimiento de que los supuestos en los que se basaba el anterior modelo económico europeo han desaparecido. El continente ya no puede contar con energía importada barata, un acceso cada vez mayor al mercado chino, un sistema comercial mundial abierto ni una protección estadounidense prácticamente garantizada. El liderazgo tecnológico occidental, que antes se daba por sentado, también se enfrenta a una competencia cada vez más fuerte.
Von der Leyen defendió que, por lo tanto, Europa debe volver a situar la capacidad industrial en el centro de la elaboración de políticas. Su enfoque sigue muchas de las recomendaciones que figuran en el informe de Mario Draghi sobre la competitividad europea, en el que se advertía de que la inversión insuficiente y la fragmentación de los mercados estaban debilitando la capacidad de la UE para seguir el ritmo de otras potencias económicas.
La energía es el obstáculo más inmediato. Los fabricantes europeos siguen enfrentándose a unos costes que a menudo superan a los de sus competidores internacionales, lo que perjudica la inversión y la producción. Von der Leyen describió la energía como la principal limitación para la competitividad y afirmó que el próximo presupuesto de la UE debería convertirse en un instrumento financiero que impulse una mayor independencia europea.
Bruselas también tiene la intención de reducir la carga normativa que recae sobre las empresas. La Comisión se propone reducir los costes administrativos en un 25 % para las empresas en general y en un 35 % para las pequeñas y medianas empresas de aquí a 2029. Las empresas europeas, sugirió von der Leyen, no deberían verse en desventaja ni por unas normas nacionales complicadas ni por unos competidores extranjeros que operan en condiciones menos exigentes.
China fue el objetivo más claro de su discurso. Pekín sigue siendo un socio comercial fundamental, y la UE sigue aplicando una política destinada a limitar los riesgos económicos en lugar de separar ambas economías. Sin embargo, la cooperación no puede significar tolerar los desequilibrios estructurales de forma indefinida.
Según las cifras que ha mencionado el presidente de la Comisión, algunas empresas chinas se benefician de subvenciones hasta ocho veces mayores que las que reciben empresas similares en los países de la OCDE. Por otro lado, el déficit comercial de Europa con China se ha acercado a los 1.000 millones de euros al día y ahora afecta a todos los Estados miembros de la UE.
Von der Leyen dijo que las conversaciones con Pekín deben dar lugar a cambios cuantificables. Si las negociaciones resultan infructuosas, Bruselas está dispuesta a hacer pleno uso de sus mecanismos de defensa comercial. La Comisión abrió el año pasado más de 30 nuevas investigaciones sobre supuestas prácticas comerciales desleales, casi el triple de su media anual histórica.
La UE también cuenta con un instrumento contra la coacción, pensado para actuar cuando un país no miembro recurre a la presión económica para influir en las decisiones europeas. Aunque von der Leyen no mencionó el mecanismo directamente, su advertencia dejó claro que la Comisión está dispuesta a defender los sectores que se consideran esenciales para la seguridad y la autonomía de Europa.
Proteger la producción es solo una parte de la estrategia. Europa también tiene que conseguir el dinero necesario para modernizar las fábricas, desarrollar tecnologías limpias y potenciar las empresas innovadoras. Se calcula que los hogares europeos tienen ahora mismo unos 10 billones de euros en depósitos bancarios. Gran parte de ese capital no llega a las empresas que buscan fondos para crecer.
La «Unión del Ahorro y la Inversión» propuesta tiene como objetivo crear unos mercados de capitales europeos más profundos e integrados, facilitando que el ahorro privado apoye a las empresas más allá de las fronteras nacionales. Las propuestas de la Comisión podrían generar hasta 470 000 millones de euros en inversiones adicionales, lo que ayudaría a Europa a reducir su brecha financiera con Estados Unidos y otros competidores.
Von der Leyen quiere que los Estados miembros lleguen a un acuerdo antes de que acabe el año. Ella preferiría que participaran los 27 países, pero ha dejado claro que una coalición más reducida podría seguir adelante si no se consigue el apoyo unánime. Este comentario sugiere que Bruselas podría recurrir cada vez más a grupos de gobiernos dispuestos a colaborar cuando las decisiones a nivel de la UE se estanquen.
En conjunto, estas propuestas marcan un giro hacia una política económica europea más defensiva e intervencionista. La reducción de los costes energéticos, la simplificación de la normativa, una aplicación más estricta de las normas comerciales y un mejor acceso al capital se están abordando como partes interrelacionadas de un mismo reto.
El objetivo no es aislar a Europa de los mercados mundiales, sino garantizar que esa apertura no genere dependencia. Para la Comisión, la cuestión clave es si Europa puede convertir su riqueza, sus conocimientos industriales y su mercado único en un auténtico poder estratégico. La respuesta de Von der Leyen es que sí puede, pero solo si invierte con más determinación y está dispuesta a proteger lo que construye.