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Hungría, Eslovaquia, Ucrania y el petróleo ruso

Energía - febrero 28, 2026

La guerra entre la Federación Rusa y Ucrania, que comenzó hace cuatro años, ha convertido la energía y las materias primas como el gas y el petróleo en importantes armas geopolíticas, y los países de la Unión Europea en Europa Central se han convertido en algunos de los principales objetivos de esta confrontación indirecta. Para dos Estados miembros de la UE sin salida al mar, como Hungría y Eslovaquia, el petróleo y el gas rusos no son sólo recursos económicos, sino también pilares de la estabilidad social, industrial y presupuestaria. Las tensiones entre Budapest, Bratislava y Kiev se intensificaron rápidamente cuando se interrumpió el flujo de petróleo a través del oleoducto de Druzhba, mostrándonos una vez más lo vulnerable que es el equilibrio energético regional. Más allá de las declaraciones políticas, los pleitos a escala europea y las disputas diplomáticas, la verdadera cuestión sigue siendo la seguridad del suministro en una Unión Europea que intenta, por un lado, redefinir su relación con Moscú y, por otro, permitir que Ucrania y Moldavia se adhieran al bloque lo antes posible.

El oleoducto de Druzhba, el salvavidas de Europa Central

El oleoducto Druzhba, que conecta los campos petrolíferos rusos con las refinerías de Europa Central y Oriental, es una de las redes petrolíferas más extensas construidas durante la era soviética. El ramal sur del oleoducto de Druzhba atraviesa Ucrania antes de llegar y abastecer a Hungría y Eslovaquia, lo que convierte a Kiev en una pieza clave en la cadena de suministro de los dos Estados miembros de la UE. Durante décadas, este sistema ha funcionado casi automáticamente y se ha percibido como una infraestructura estable, independientemente de los cambios políticos en la región.

Citando la interrupción del flujo a través del oleoducto de Druzhba, el primer ministro eslovaco, Robert Fico, anunció a mediados de este mes el estado de emergencia en el sector del suministro de petróleo y, para evitar desequilibrios en el mercado nacional y fuertes subidas de precios, el gobierno de Bratislava decidió liberar aproximadamente 250.000 toneladas de petróleo de las reservas estratégicas. Tras estas medidas, Robert Fico declaró que si el bloqueo continúa, Eslovaquia considerará medidas de respuesta proporcionadas, incluida la reevaluación de las formas de cooperación energética con Ucrania, en particular en el ámbito del suministro de electricidad, ya que es bien sabido que Ucrania está experimentando una aguda escasez de electricidad debido a los ataques rusos contra la infraestructura energética ucraniana.

En la otra capital centroeuropea, Budapest, el primer ministro Viktor Orbán afirmó que las explicaciones sobre los fallos técnicos que se produjeron a finales de enero como consecuencia de los daños sufridos por el oleoducto de Druzhba tras los ataques con misiles de la Federación Rusa no eran del todo convincentes y sugirió que la decisión de Kiev de mantener cerrado el oleoducto tenía implicaciones políticas. Los funcionarios húngaros afirman que la información que han recibido indica que las obras de reparación han concluido, pero que el tránsito aún no se ha reanudado. Por otra parte, las autoridades ucranianas han indicado que la infraestructura de transporte de petróleo a Eslovaquia y Hungría se ha visto afectada por los ataques rusos y que la reanudación del flujo depende de las condiciones de seguridad y de evaluaciones técnicas independientes. En respuesta a este bloqueo, Hungría ha decidido suspender temporalmente las entregas de gasóleo a Ucrania. La medida del gobierno de Orbán tiene un fuerte significado simbólico, ya que gran parte del combustible utilizado por Kiev procede de refinerías húngaras. Por su parte, Eslovaquia, para garantizar la continuidad del abastecimiento interno, limitó sus exportaciones a los mercados extranjeros y redirigió el petróleo de las reservas estratégicas a la empresa Slovnaft, controlada por el grupo MOL. Tanto Eslovaquia como Hungría han subrayado que actualmente tienen reservas suficientes para aproximadamente otros 90 días, de acuerdo con las normas europeas, pero han advertido de que una crisis prolongada podría tener graves consecuencias económicas para la población.

Perfil energético y demográfico, realidades estructurales de la dependencia del petróleo ruso

En la actualidad, Hungría, que tiene una población de aproximadamente 9,6 millones de habitantes y una economía industrializada que consume importantes cantidades de energía, dispone de limitados recursos nacionales de petróleo y gas. Esta falta de recursos nacionales de petróleo y gas ha fomentado durante décadas una estrecha relación energética con la Federación Rusa. El gas natural ocupa un lugar central en la combinación energética de Hungría, utilizándose tanto para generar electricidad como para calentar a la población y alimentar las industrias química y metalúrgica, y la mayor parte del gas importado procede de la Federación Rusa, incluso a través de la ruta TurkStream y las interconexiones regionales. El petróleo utilizado en las refinerías explotadas por MOL es mayoritariamente de origen ruso, y las instalaciones de refinado están optimizadas para el tipo de crudo suministrado a través del oleoducto Druzhba. Adaptarse a otros tipos de petróleo implica inversiones técnicas y costes adicionales, por lo que Budapest ha apoyado sistemáticamente el mantenimiento de los flujos tradicionales. Al mismo tiempo, Hungría se beneficia de un importante sector nuclear a través de la central de Paks, que el año pasado generó la mayor parte de la producción eléctrica húngara (16.016,6 GWh de electricidad, casi la mitad de la producción nacional). El gobierno de Orbán considera que la ampliación de la capacidad nuclear es una garantía de la seguridad energética de Hungría a largo plazo. En cuanto a la energía solar, esta fuente de energía se ha desarrollado rápidamente en Hungría en los últimos años, pero sigue dependiendo de las condiciones meteorológicas y de importantes inversiones en instalaciones de almacenamiento. En todo el país, el carbón y la energía hidroeléctrica desempeñan un papel secundario en comparación con el gas y la energía nuclear.

Con una población de unos 5,4 millones de habitantes, Eslovaquia tiene un perfil energético diferente, pero es tan sensible a las perturbaciones externas como Hungría. La energía nuclear es la columna vertebral de la producción de electricidad, y las centrales nucleares de Mochovce y Bohunice cubren actualmente la mayor parte de la demanda nacional. Esta estructura, con sus dos centrales nucleares, ha permitido a Bratislava reducir la presión sobre las importaciones de electricidad, pero no sobre las de combustibles fósiles. El gas natural, una parte importante del cual procede tradicionalmente de la Federación Rusa, es esencial para la calefacción doméstica y la industria. Aunque Eslovaquia ha desarrollado interconexiones con países de Europa Occidental para diversificar su suministro de combustibles fósiles, la infraestructura y los contratos existentes han mantenido una considerable dependencia del petróleo y el gas de Europa Oriental. El petróleo utilizado en Eslovaquia se suministra casi exclusivamente a través del oleoducto Druzhba y se refina en Slovnaft. La energía hidroeléctrica, apoyada por la infraestructura en el Danubio, contribuye a la combinación energética eslovaca, mientras que las fuentes renovables están creciendo pero son insuficientes para sustituir completamente a los combustibles importados. Estas realidades estructurales explican por qué los gobiernos de Budapest y Bratislava tratan la cuestión de los flujos de petróleo y gas como un asunto de seguridad nacional, no sólo de cumplimiento de las decisiones políticas europeas y las directivas de Bruselas.

La alternativa del oleoducto de Adria y los límites de la solidaridad regional

En un intento de compensar el bloqueo que se produjo a finales de enero en el oleoducto de Druzhba, Hungría y Eslovaquia pidieron a Croacia que permitiera el transporte de crudo ruso a través del oleoducto de Adria. El oleoducto Adria parte de la terminal de Omišalj, en el mar Adriático, y, desde un punto de vista técnico, su infraestructura podría soportar volúmenes adicionales de petróleo, pero el problema no es exclusivamente logístico. En respuesta a las peticiones de Hungría y Eslovaquia, las autoridades de Zagreb han dicho que están dispuestas a facilitar las entregas de petróleo de fuentes alternativas que sean compatibles con el régimen de sanciones de la Unión Europea contra Rusia, pero no desean apoyar la continuación de las importaciones rusas. Los funcionarios croatas han subrayado que, más allá de las consideraciones económicas, existe una dimensión política vinculada al impacto financiero de las compras de petróleo ruso en la guerra de Ucrania. El coste de transportar petróleo a través del oleoducto de Adria es superior al coste de transportarlo a través del oleoducto de Druzhba, y la capacidad máxima del oleoducto de Adria no se ha probado en condiciones de demanda simultánea de dos estados dependientes como Eslovaquia y Hungría. Esta situación pone de manifiesto los límites de la solidaridad regional cuando entran en conflicto los intereses energéticos y las consideraciones morales. Aunque todos los países implicados son miembros de la Unión Europea, sus prioridades estratégicas no siempre tienen el mismo denominador común.

El gas ruso y la confrontación jurídica a nivel europeo

Además de la disputa sobre el petróleo, se está librando otra batalla sobre el gas natural procedente de la Federación Rusa. La Unión Europea adoptó recientemente un reglamento que prevé el cese total de las importaciones de gas ruso para finales de 2027, aunque Hungría y Eslovaquia votaron en contra de esta medida, argumentando que el plazo es demasiado corto y que las repercusiones económicas serían graves. El gobierno húngaro ha llevado el asunto ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, argumentando que la prohibición es una sanción económica y debería haberse adoptado por unanimidad. Budapest invoca el derecho de los Estados miembros a determinar su propia combinación energética y considera que la decisión afecta desproporcionadamente a la seguridad energética nacional de Hungría. La Comisión Europea, por su parte, argumenta que la medida forma parte de la política comercial común y persigue un cambio estructural destinado a reducir permanentemente la dependencia del gas ruso. Aunque es posible que no se produzca una sentencia judicial hasta dentro de varios años, el propio proceso refleja las tensiones existentes en el seno de la Unión. Al mismo tiempo, la transformación de las infraestructuras ya está en marcha, y la vuelta al antiguo modelo energético es cada vez más improbable a medida que los Estados miembros invierten en terminales de GNL, interconexiones y contratos con proveedores alternativos de Noruega, Azerbaiyán, Oriente Medio e incluso Estados Unidos.

El Mar Negro y los riesgos de las transferencias marítimas

Mientras las disputas terrestres atraen la atención pública, el Mar Negro se ha convertido en el escenario de intensas operaciones de trasvase de petróleo entre barcos. Estos trasvases de petróleo mar adentro, es decir, en aguas internacionales, permiten transferir cargamentos entre buques sin que tengan que entrar en los puertos, donde los controles son mucho más estrictos. Esta práctica es legal en sí misma, pero puede utilizarse para reducir la trazabilidad del origen del petróleo. Desde el comienzo de la guerra ruso-ucraniana, las autoridades rumanas han informado de la presencia de miles de petroleros implicados en estas operaciones de transferencia de petróleo entre barcos. El propio ministro de Energía, Bogdan Ivan, ha admitido que el control exhaustivo de estas actividades es difícil y que existen riesgos para las infraestructuras críticas. Por su parte, el experto en seguridad George Scutaru llamó la atención sobre las implicaciones geopolíticas de las concesiones en la zona económica exclusiva de Rumanía, donde la empresa rusa Lukoil, en asociación con Romgaz, tiene derechos sobre el perímetro Trident. Aunque el perímetro Trident no se explote actualmente, el contexto regional muestra lo rápido que pueden volverse delicados estos acuerdos comerciales. La energía, las infraestructuras y la seguridad nacional están ahora más interconectadas que nunca.

Europa Central, una región entre el pragmatismo y la transformación

La crisis provocada por el bloqueo del gasoducto Druzhba y la disputa sobre el gas ruso demuestran que la energía se ha convertido en una herramienta estratégica de poder, y para Hungría y Eslovaquia, mantener el acceso a los recursos a precios decentes y asequibles es una prioridad nacional de primer orden. Para Ucrania y la mayoría de los Estados miembros de la UE, reducir la dependencia del petróleo y el gas de la Federación Rusa es esencial para la seguridad energética a largo plazo. Debemos admitir que Europa Central atraviesa actualmente un periodo de profunda transformación. Las inversiones en energía nuclear, energías renovables e infraestructuras alternativas redefinirán el equilibrio regional en los próximos años. No sólo están en juego los flujos de petróleo y gas, sino también la capacidad de los Estados para defender sus intereses nacionales en un contexto geopolítico volátil. El petróleo ruso, antaño una mercancía común en los oleoductos europeos, se ha convertido ahora en el símbolo de una era cambiante, en la que cada barril y cada metro cúbico de gas tienen un peso político difícil de ignorar.