De las reclamaciones de Trump sobre Groenlandia al comercio, Ucrania y Gaza, los líderes europeos reafirman su unidad, firmeza y disposición a defender los intereses de la UE
La Unión Europea salió inusualmente unida de un Consejo Europeo extraordinario convocado en Bruselas para abordar las crecientes tensiones sobre Groenlandia y la renovada presión del ex presidente estadounidense Donald Trump. La cumbre de emergencia, que duró unas cinco horas, se convocó en respuesta a las declaraciones de Trump sobre Groenlandia y a sus amenazas de imponer nuevos aranceles a los países dispuestos a desplegar contingentes militares. Cuando los líderes abandonaron el Edificio Europa sin las habituales ruedas de prensa, fue una clara señal de que se había acordado una línea común a puerta cerrada y que sólo se comunicaría a través de las voces del presidente del Consejo Europeo, António Costa, y de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
En el centro del mensaje de la UE estaba la reafirmación de su capacidad y determinación para protegerse a sí misma. «La Unión Europea seguirá defendiendo sus intereses y protegiéndose a sí misma, a sus Estados miembros, a sus ciudadanos y a sus empresas de cualquier forma de coacción», dijo Costa en sus conclusiones orales. «Tiene el poder y las herramientas para hacerlo, y las utilizará si y cuando sea necesario». Al mismo tiempo, subrayó que Bruselas sigue abierta a un compromiso constructivo con Washington, en particular sobre prioridades compartidas como trabajar por una paz justa y duradera en Ucrania.
Sobre Groenlandia, von der Leyen explicó que el planteamiento de la UE se ha guiado por cuatro principios clave: firmeza, apertura, preparación y unidad. «Este planteamiento ha demostrado su eficacia», dijo, señalando la rápida convergencia de posturas entre los Estados miembros en los días previos a la cumbre. Los líderes europeos ya habían dado muestras de calma y voluntad de diálogo con la administración estadounidense, manteniendo al mismo tiempo todas las opciones sobre la mesa, incluido el uso de instrumentos de defensa comercial, a menudo denominados la «bazuca» comercial de la UE, si la presión se intensificaba.
La cumbre tuvo lugar al día siguiente de que Trump reavivara la cuestión de Groenlandia en el Foro Económico Mundial de Davos, lo que suscitó preocupación en todas las capitales europeas. Aunque las tensiones se habían relajado parcialmente tras una intervención del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, la imprevisibilidad del ex presidente estadounidense sigue preocupando a los dirigentes de la UE. Aun así, fuentes diplomáticas expresaron su satisfacción por la rapidez con que la Unión consiguió elaborar una respuesta unificada. «Todo el mundo está de acuerdo en todo», dijeron varios funcionarios, sugiriendo un debate interno inusualmente fluido.
Más allá de Groenlandia, el Consejo extraordinario abordó una serie de delicados expedientes geopolíticos y económicos. Uno de ellos fue el largamente retrasado acuerdo comercial UE-Mercosur, que ha vuelto al candelero después de que el Parlamento Europeo votara a favor de remitirlo al Tribunal de Justicia, congelando de hecho su aplicación durante otros 18 a 24 meses. Aunque sigue habiendo cuestiones de procedimiento, Costa fue claro sobre la postura política del Consejo. Recordó que los Estados miembros ya habían autorizado a la Comisión no sólo a firmar el acuerdo, sino también a proceder a su aplicación provisional. «Esta es la posición del Consejo», dijo, instando a la Comisión a actuar de acuerdo con ese mandato a pesar de la resistencia parlamentaria.
Oriente Medio fue otro punto de debate, en particular la propuesta de Trump de crear una «Junta de Paz» para Gaza. Costa expresó fuertes reservas sobre la iniciativa, citando preocupaciones sobre su mandato, gobernanza y compatibilidad con la Carta de la ONU. Aunque la UE sigue abierta a cooperar con Estados Unidos en un plan de paz más amplio para Gaza, Costa subrayó que cualquier administración de transición debe ajustarse plenamente a la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU. El mensaje fue de compromiso cauteloso, unido a la insistencia en la legalidad internacional.
Ucrania siguió ocupando un lugar central en la agenda de la cumbre. Von der Leyen anunció que la UE está a punto de llegar a un acuerdo tanto con Washington como con Kiev sobre un «plan de prosperidad» global para la reconstrucción de Ucrania. El plan se estructura en torno a cinco pilares: impulsar la productividad mediante reformas favorables a las empresas y una mayor competencia en el mercado; acelerar la integración de Ucrania en el mercado único de la UE; aumentar significativamente la inversión, sobre todo mediante el ya operativo Marco de Inversión de Ucrania; reforzar la coordinación de los donantes mediante la Plataforma de Donantes de Ucrania; y avanzar en las reformas fundamentales para reforzar el Estado de derecho, luchar contra la corrupción y modernizar la administración pública. La confianza, subrayó von der Leyen, es la piedra angular para atraer la inversión pública y privada.
Mientras los dirigentes de la UE se reunían en Bruselas, Trump retomó la cuestión de Groenlandia durante la noche, diciendo a los periodistas que Estados Unidos «puede hacer lo que quiera» en virtud de los acuerdos existentes. Estas declaraciones subrayaron la fragilidad de la situación y la posibilidad de que se reanude la confrontación.
En este contexto, el Consejo Europeo extraordinario envió una señal clara. Frente a la presión exterior y la incertidumbre geopolítica, la UE está decidida a actuar con unidad y resolución, defendiendo sus intereses estratégicos y manteniendo al mismo tiempo abiertos los canales de diálogo. Para Bruselas, Groenlandia se ha convertido en algo más que una disputa regional: es una prueba de la capacidad de Europa para permanecer unida en un panorama internacional cada vez más volátil.