Las últimas medidas comerciales de Washington imponen aranceles de hasta el 12,5 % a decenas de socios comerciales, incluida la Unión Europea, lo que suscita nuevas preocupaciones entre las industrias italianas que dependen en gran medida del mercado estadounidense.
Estados Unidos ha vuelto a endurecer su política comercial bajo el mandato del presidente Donald Trump, con la introducción de un nuevo marco arancelario que afecta a unos 60 socios comerciales, incluida la Unión Europea. En tan solo 48 horas, la Casa Blanca pasó de anunciar las medidas a aplicarlas, sustituyendo el arancel global temporal del 10 % por un sistema más estructurado que oscila entre el 10 % y el 12,5 %.
A diferencia de iniciativas anteriores que se toparon con obstáculos legales, este último paquete se basa en el artículo 301 de la Ley de Comercio de EE. UU. de 1974, lo que le da una base legal más sólida. El Gobierno sostiene que los nuevos aranceles van dirigidos a países que no han logrado impedir adecuadamente que productos fabricados con trabajo forzoso entren en sus cadenas de suministro. En conjunto, los países afectados representan aproximadamente el 99,4 % de todas las importaciones de EE. UU.
Para Italia, la pregunta clave es muy sencilla: ¿cómo afectarán estos nuevos aranceles a una de las economías exportadoras más grandes de Europa?
La respuesta depende en gran medida del sector de que se trate. Se prevé que los productores de vino italianos se enfrenten a algunos de los mayores retos, ya que el vino suele estar sujeto al nuevo régimen arancelario, salvo que se apliquen exenciones específicas. Esto es especialmente importante porque Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado de exportación de vino de Italia fuera de Europa, por lo que los consumidores estadounidenses son fundamentales para muchas bodegas.
La industria farmacéutica, sin embargo, está en una posición mucho más sólida. Los medicamentos genéricos y los principios activos farmacéuticos se encuentran entre los productos exentos de las nuevas medidas, lo que protege a uno de los sectores manufactureros más competitivos de Italia de cualquier trastorno inmediato.
La situación también es variada en la famosa industria alimentaria italiana. El Parmigiano Reggiano sigue sujeto al arancel del 15 % que ya tenía, lo que significa que no se ha añadido ninguna carga adicional. El Prosciutto di Parma sigue teniendo un arancel del 10 %. En cuanto a otros productos emblemáticos del «Made in Italy» —como la moda, los muebles, la maquinaria y diversas especialidades alimentarias—, el impacto depende de su clasificación aduanera específica. Los productos que no están exentos suelen tener que pagar aranceles estadounidenses totales de entre el 10 % y el 12,5 %.
Algunos analistas creen que las consecuencias económicas podrían ser menos graves de lo que se temía al principio. Kelly Ann Shaw, exasesora comercial de la Casa Blanca, ha sugerido que las nuevas medidas son más bien una confirmación de la situación comercial actual que el inicio de una guerra arancelaria completamente nueva.
Sin embargo, no se puede subestimar la importancia del mercado estadounidense para los exportadores italianos. En 2025, Estados Unidos compró productos italianos por valor de 69 600 millones de euros, lo que supone el nivel más alto jamás registrado y representa un aumento del 7,2 % respecto al año anterior. Estados Unidos es ahora el segundo destino de exportación más importante de Italia, después de Alemania, mientras que Italia registró un superávit comercial de más de 34 000 millones de euros con Estados Unidos durante ese mismo año.
Esta sólida relación comercial explica por qué las empresas italianas están siguiendo de cerca la evolución de la situación. Sectores como la ingeniería mecánica, el farmacéutico, la moda, el mueble y el alimentario llevan décadas consolidando su presencia en el mercado estadounidense. Sustituir esa demanda por destinos alternativos sería extremadamente difícil a corto plazo.
Aunque los nuevos aranceles afectan a casi todas las importaciones a Estados Unidos, la Casa Blanca ha mantenido varias exenciones importantes. Quedan excluidos el petróleo y el gas natural, los fertilizantes, determinados productos alimenticios, los minerales esenciales, las aeronaves y los componentes aeroespaciales. En el caso de la Unión Europea, también se mantienen las exenciones para los medicamentos genéricos, los ingredientes farmacéuticos, los productos de corcho y los diamantes.
Además, los productos que ya están sujetos a aranceles en virtud del artículo 232 —como los coches, el acero, el aluminio y el cobre— quedan fuera del alcance del nuevo paquete de medidas. Aunque Bruselas sigue cuestionando la justificación de Washington para estas medidas, los responsables europeos reconocen que Estados Unidos ha respetado los límites arancelarios negociados previamente entre ambas partes.
Es poco probable que los consumidores italianos noten un aumento inmediato de los precios en casa, ya que los aranceles solo se aplican cuando los productos entran en el mercado estadounidense. Sin embargo, las consecuencias indirectas podrían acabar afectando a la economía nacional italiana. Las empresas que se enfrenten a una caída de las ventas en Estados Unidos o a una reducción de sus márgenes de beneficio podrían decidir reducir la producción, posponer planes de inversión o retrasar la contratación. Quizá lo más perjudicial sea la incertidumbre que generan las normas comerciales en constante cambio, lo que complica considerablemente la planificación empresarial a largo plazo.
Un error muy común es pensar que los exportadores pagan directamente los aranceles. Legalmente, la responsabilidad recae en el importador estadounidense, que es quien paga el arancel a la Aduana de EE. UU. Sin embargo, en la práctica, la carga financiera suele repartirse a lo largo de toda la cadena de suministro. Los importadores pueden subir los precios al por menor para los consumidores estadounidenses, negociar precios más bajos con los proveedores italianos o absorber ellos mismos parte del coste adicional. El reparto final depende en gran medida de la dinámica del mercado. Las marcas italianas de gama alta con una sólida reputación suelen tener mayor poder de fijación de precios, mientras que las empresas que se enfrentan a una intensa competencia por parte de proveedores alternativos pueden verse obligadas a sacrificar una mayor parte de sus beneficios.
Lo que hace que este último paquete de aranceles sea especialmente significativo es su solidez jurídica. Al basarse en la Sección 301 en lugar de en las anteriores facultades de emergencia que fueron impugnadas ante los tribunales, la administración Trump ha adoptado un mecanismo que lleva décadas en vigor y que ha superado en repetidas ocasiones el escrutinio judicial. Por eso, las empresas de ambos lados del Atlántico ven cada vez más estos aranceles no como medidas políticas temporales, sino como un marco comercial que podría mantenerse durante años, lo que obliga a los exportadores a adaptarse en lugar de limitarse a esperar a que cambie la política.