La ganadería es uno de los pilares del sistema agroalimentario europeo y aporta alrededor del 40 % del valor añadido de la agricultura de la UE. El sector genera una facturación anual de unos 400 000 millones de euros, cuenta con cuatro millones de explotaciones que trabajan a diario y da empleo a unos siete millones de personas, a menudo en zonas rurales con pocas alternativas económicas. Más allá de su importancia económica, el sector es clave para la seguridad alimentaria, ya que garantiza la disponibilidad de proteínas de alta calidad, contribuye a la balanza comercial positiva de la Unión y satisface la creciente demanda internacional gracias a unas normas de producción que se encuentran entre las más exigentes del mundo. La ganadería también es un elemento esencial del patrimonio paisajístico, cultural y social de Europa.
LOS RETOS DEL SECTOR Y LA NECESIDAD DE UNA ESTRATEGIA COMÚN
En los últimos años, el sector ganadero ha sufrido una disminución progresiva de su censo ganadero, con un descenso del 10 % en el ganado vacuno, del 15 % en el porcino y del 25 % en el ovino y caprino en comparación con 2005. Al mismo tiempo, los ganaderos se enfrentan a una rentabilidad que a menudo es insuficiente, a unos costes de producción cada vez más altos, a unas condiciones de mercado cambiantes y al impacto cada vez mayor de las enfermedades animales. Para garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sector, la Comisión Europea ha desarrollado una estrategia destinada a reforzar su resiliencia mediante el fomento de modelos de producción sostenibles y la reducción de la dependencia de las importaciones. Este enfoque es especialmente importante desde el punto de vista de la soberanía alimentaria, ya que tiene como objetivo preservar la capacidad de producción europea y proteger los mercados agroalimentarios nacionales y europeos de las vulnerabilidades derivadas de una dependencia externa excesiva.
LAS PRIORIDADES DE LA ESTRATEGIA PARA UNA AGRICULTURA RESILIENTE
La estrategia identifica cinco áreas clave. La primera se centra en la preparación ante crisis, mediante nuevas herramientas de gestión de riesgos que permitan a los ganaderos afrontar con mayor eficacia las situaciones de emergencia y reanudar rápidamente la producción. En este contexto, se refuerza el apoyo a los Estados miembros en la prevención, la detección precoz y la gestión de las enfermedades animales, fomentando una cooperación transfronteriza más eficaz, un aumento de los recursos financieros destinados a la prevención y una revisión de la normativa sobre vacunación basada en las últimas pruebas científicas y las normas internacionales.
Un segundo objetivo es reforzar la competitividad tanto dentro de la Unión como en los mercados internacionales. La estrategia fomenta la innovación, la mejora de la rentabilidad de las explotaciones agrícolas y el acceso a la financiación para apoyar la transición hacia sistemas de cría sin jaulas, al tiempo que promueve la economía circular, la bioeconomía, la valorización de la biomasa y unos procedimientos de autorización más eficientes. Garantizar unos ingresos justos a los agricultores sigue siendo fundamental.
SOSTENIBILIDAD, BIENESTAR ANIMAL Y DESARROLLO TERRITORIAL
La sostenibilidad es otra de las prioridades de la estrategia. Se prevén revisiones normativas destinadas a mejorar el bienestar animal, que se centrarán inicialmente en las gallinas ponedoras y los pollos jóvenes de aquí a finales de 2026, y posteriormente en las explotaciones porcinas en 2027. Estas medidas irán acompañadas de períodos de transición adecuados y de instrumentos específicos de apoyo financiero. Al mismo tiempo, se desarrollarán métodos armonizados para calcular las emisiones de las explotaciones, prácticas de mitigación del cambio climático y sistemas más eficientes de gestión de nutrientes. También se presta especial atención al equilibrio territorial, con iniciativas destinadas a restablecer una producción ganadera sostenible en las zonas más vulnerables. Para ello, se elaborará una hoja de ruta para fomentar la implantación de mataderos a pequeña escala e instalaciones móviles, lo que reducirá el transporte de animales y contribuirá a la revitalización de las economías locales.
EL PLAN EUROPEO DE LAS PROTEÍNAS Y LA PROTECCIÓN DE LA SOBERANÍA ALIMENTARIA
La estrategia va acompañada de un Plan de Acción sobre las Proteínas, cuyo objetivo es reforzar la autonomía productiva de la Unión. El sector utiliza actualmente unas 74 millones de toneladas de proteínas para la alimentación animal cada año. Europa produce unos 67 millones de toneladas, sobre todo a través de forrajes y cereales, y exporta el 9 % de esta cantidad; sin embargo, sigue importando unas 13,4 millones de toneladas de materias primas ricas en proteínas. Además, en 2025, solo el 25 % de los cultivos proteicos utilizados en la alimentación animal se producía dentro de la Unión. El Plan pretende aumentar esta proporción hasta el 35 % para 2035, apoyando el cultivo de plantas ricas en proteínas en Europa, reforzando las cadenas de suministro vegetales desde la producción hasta la transformación, creando nuevas salidas comerciales y diversificando las importaciones mediante alianzas estratégicas con los países de la Vecindad Europea. Aunque estos acuerdos contribuyen a la estabilidad del suministro, la prioridad debe seguir siendo la consolidación de la producción nacional, reduciendo así las dependencias estratégicas y salvaguardando la soberanía alimentaria. Mantener un alto nivel de autosuficiencia productiva es esencial para proteger el mercado agroalimentario nacional y europeo, garantizar la seguridad y promover la producción local de acuerdo con altos estándares de calidad, medioambientales y de bienestar animal.