El Plan Mattei para África, puesto en marcha por el Gobierno italiano en 2024 con el objetivo de reforzar las relaciones económicas, energéticas y diplomáticas con el continente africano, está definiendo poco a poco una de sus líneas clave en el ámbito energético. Según la información actualizada a 30 de junio de 2026 y recogida en el Informe Anual al Parlamento sobre el estado de ejecución del Plan, se han movilizado 460 millones de euros para cinco iniciativas relacionadas específicamente con el sector energético. Esta cantidad forma parte del total de 1.200 millones de euros aprobados, desde noviembre de 2024 hasta la fecha en cuestión, por el Comité Técnico del Fondo Italiano para el Clima. La cuantía de los recursos asignados a la energía confirma, por tanto, que la dimensión energética no es un elemento secundario del Plan Mattei, sino que se está convirtiendo cada vez más en una de sus principales herramientas operativas. La importancia de este ámbito debe interpretarse a la luz de las persistentes dificultades que caracterizan el acceso a la energía en el continente africano. De hecho, contar con una infraestructura energética adecuada es una condición esencial no solo para el crecimiento económico, sino también para el desarrollo de los sistemas sanitarios, la educación, el empleo y las actividades productivas.
EL FONDO ITALIANO PARA EL CLIMA Y LOS INSTRUMENTOS FINANCIEROS
Una parte importante de la estrategia financiera del Plan Mattei se canaliza a través del Fondo Italiano para el Clima, cuyo presupuesto anual, gestionado por el Ministerio de Medio Ambiente, asciende a 840 millones de euros. Sus actividades se centran principalmente en reducir las emisiones que alteran el clima, fomentar el uso de fuentes de energía renovables y adaptarse a los efectos del cambio climático. Una característica importante es la estructura rotatoria del Fondo, que permite utilizar diversos instrumentos financieros para apoyar las iniciativas. Entre ellos se incluyen préstamos subvencionados, garantías y subvenciones a fondo perdido, mediante una combinación de métodos de intervención capaces de adaptarse a las diferentes condiciones económicas y financieras de los países beneficiarios. Desde esta perspectiva, la financiación de las infraestructuras energéticas africanas tiene un doble objetivo. Por un lado, ayuda a cubrir un déficit histórico de inversión e infraestructuras; por otro, permite orientar el desarrollo futuro hacia sistemas caracterizados por una mayor sostenibilidad medioambiental.
LA BRECHA MUNDIAL EN EL ACCESO A LA ENERGÍA
La urgencia de estas medidas queda especialmente patente en los datos que recoge el informe conjunto elaborado por la Agencia Internacional de la Energía, la Agencia Internacional de Energías Renovables, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud. El documento muestra que el objetivo de garantizar el acceso a una energía limpia, fiable y económicamente sostenible para toda la población mundial aún está lejos de alcanzarse. Unos 655 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a la electricidad. Las desigualdades también se ven agravadas por la dificultad de garantizar flujos financieros adecuados hacia las economías más pobres y los países en desarrollo. Un ejemplo especialmente significativo es la construcción de plantas solares autónomas y minirredes eléctricas en zonas rurales, donde ampliar la infraestructura tradicional puede resultar complicado tanto desde el punto de vista económico como logístico.
ÁFRICA SUBSAHARIANA COMO PRINCIPAL ÁREA DE INTERVENCIÓN
La brecha es especialmente marcada en el África subsahariana. En esta zona, más de 560 millones de personas carecen de electricidad, mientras que aproximadamente 970 millones no tienen acceso a sistemas de cocina limpios. Estos datos ayudan a explicar por qué la energía es uno de los sectores en los que el Plan Mattei puede tener un impacto potencialmente significativo. Ampliar el acceso a la energía en zonas rurales y remotas puede tener efectos que van más allá de la mera dimensión infraestructural. La electrificación puede mejorar el funcionamiento de los centros sanitarios, impulsar la actividad económica local, fomentar la digitalización y ampliar las oportunidades educativas. Además, la difusión de tecnologías de producción de energía renovable permite abordar al mismo tiempo los problemas del acceso a la energía y la reducción de emisiones. Es precisamente esta convergencia entre el desarrollo y la transición ecológica lo que hace que las intervenciones energéticas del Plan Mattei sean estratégicas.
DE LA LÓGICA EXTRACTIVA A UNA NUEVA ALIANZA ENERGÉTICA
Sin embargo, la dimensión financiera debe ir acompañada de una reflexión sobre el modelo de cooperación que el Plan Mattei pretende promover: la cooperación debería evolucionar, por tanto, hacia una relación en la que la creación de valor, la tecnología y los conocimientos especializados se compartan de forma más amplia. Esta cuestión cobra especial importancia si tenemos en cuenta el potencial energético del continente. África cuenta con aproximadamente el 60 % de los mejores recursos solares del mundo, pero solo recibe el 2 % de las inversiones globales en energías renovables. Por lo tanto, existe una marcada asimetría entre el potencial y la capacidad de inversión. Reducir esta brecha supone una de las principales oportunidades para una política de cooperación energética orientada al desarrollo sostenible.
LA FORMACIÓN COMO INFRAESTRUCTURA DE TRANSICIÓN
En este contexto, la formación en materia energética adquiere una importancia estratégica equiparable a la de las inversiones en infraestructuras. De hecho, la disponibilidad de sistemas y tecnologías no basta para garantizar una transición duradera, a menos que los países implicados desarrollen al mismo tiempo las competencias necesarias para diseñar, gestionar y mantener los nuevos sistemas energéticos. Un paso importante en esta dirección es el Memorando de Entendimiento firmado el 7 de julio de 2026 entre la Estructura de la Misión para la puesta en marcha del Plan Mattei para África y la Fundación Enel. El acuerdo, firmado por el coordinador de la Estructura de Misión, Fabrizio Saggio, y el presidente de la Fundación Enel y director general del Grupo Enel, Flavio Cattaneo, define un marco de colaboración para la formación en el sector energético en el continente. El memorándum tiene como objetivo coordinar las actividades de formación con el sistema universitario y de educación superior, tanto en Italia como en los países africanos. La iniciativa forma parte de un proceso ya en marcha a través de programas que han dado resultados tangibles y han contribuido a la creación de un ecosistema de formación reconocido. Entre las experiencias citadas se encuentran el Centro Panafricano de Formación en Energías Renovables y Transición Energética de Marruecos, creado en colaboración con la Universidad Politécnica Mohammed VI; las actividades desarrolladas en Kenia con la Universidad de Strathmore; y las llevadas a cabo en Sudáfrica con la Universidad de Pretoria.
JÓVENES, MUJERES Y COMPETENCIAS LOCALES
Lo más importante de la cooperación en materia de formación es la voluntad de adaptar mejor los programas educativos a las necesidades específicas de las comunidades locales. El objetivo es formar a profesionales capaces de apoyar activamente la transformación de los sistemas energéticos africanos, aprovechando las competencias locales ya existentes. Se presta especial atención a los jóvenes y a las mujeres, sobre todo en lo que respecta al acceso al mercado laboral. Este enfoque amplía el alcance de la cooperación energética, transformándola de una simple transferencia de tecnología a una inversión en capital humano. La formación se convierte así en un componente estructural de la transición, permitiendo crear las condiciones profesionales necesarias para que las inversiones generen beneficios duraderos en los países beneficiarios.
UNA PERSPECTIVA INTEGRADA DEL PLAN MATTEI
Las intervenciones financiadas hasta ahora y el refuerzo de la cooperación en el ámbito de la formación esbozan, por tanto, una posible evolución del Plan Mattei. La energía puede ser el punto de encuentro entre las necesidades de desarrollo, la lucha contra la pobreza energética, la lucha contra el cambio climático, la innovación tecnológica y la creación de empleos cualificados. Sin embargo, para que esta estrategia sea plenamente efectiva, será fundamental fomentar la aparición de mercados locales y cadenas de suministro dedicadas a las tecnologías limpias, empezando por las fuentes renovables, combinando inversiones materiales con la consolidación de las competencias profesionales. De este modo, la cooperación económica y política podrá contribuir a la creación de una capacidad de producción autónoma y no limitarse a la construcción de infraestructuras individuales. Desde esta perspectiva, la cifra de 460 millones de euros movilizados en el sector energético no solo mide el compromiso financiero ya adquirido, sino que también es un indicador de la creciente importancia de la energía en la estructura del Plan Mattei. La eficacia de esta inversión dependerá de la capacidad de conectar las infraestructuras, la tecnología, la financiación, la formación y el desarrollo industrial local. El reto, por tanto, es transformar el potencial energético de África en un motor concreto de desarrollo compartido. La gran disponibilidad de recursos solares, el déficit persistente en el acceso a la electricidad y la inversión insuficiente en energías renovables convierten al continente en un espacio en el que la transición energética puede desempeñar un papel decisivo. En este contexto, el Plan Mattei puede adquirir especial relevancia precisamente si logra integrar la ampliación del acceso a la energía con el desarrollo de las competencias necesarias para gestionar el cambio de forma independiente. La formación en materia energética, junto con las inversiones en infraestructuras y tecnologías limpias, representa, por tanto, una de las condiciones esenciales para que la cooperación con África evolucione hacia un modelo de asociación más equilibrado y sostenible, orientado a la creación de valor a largo plazo.