La posibilidad de que los jóvenes puedan labrarse un futuro sin verse obligados a abandonar su tierra natal está a punto de convertirse en un nuevo objetivo de las políticas europeas. Este es el principio en el que se basa el llamado «derecho a quedarse», una estrategia que la Comisión Europea tiene previsto presentar a finales de 2026 o, a más tardar, a principios de 2027. La iniciativa busca garantizar una verdadera posibilidad de elegir entre quedarse o marcharse, superando esas condiciones económicas y territoriales que convierten la movilidad en una necesidad más que en una opción. Raffaele Fitto, vicepresidente de la Comisión Europea responsable de Cohesión y Reformas, esbozó algunos elementos de la iniciativa durante el verano, concretamente el 24 de agosto en el Rimini Meeting y el 27 de agosto en Pizzo, Calabria, en el marco de la tercera edición de la Escuela de Verano de la asociación L’orodicalabria. En ambas ocasiones quedó patente el deseo de construir una estrategia integral capaz de coordinar diferentes políticas europeas.
LA CUESTIÓN DEMOGRÁFICA Y LA DESPOBLACIÓN TERRITORIAL
El punto de partida de la propuesta es la crisis demográfica europea, que Fitto considera un fenómeno estructural que las instituciones deben abordar. La despoblación afecta sobre todo a las zonas del interior, rurales y montañosas, así como a las islas pequeñas, mientras que la población, los servicios y las actividades económicas tienden a concentrarse cada vez más en los grandes centros urbanos. Esta polarización territorial tiene consecuencias que van más allá de la demografía. Una reducción de la población residente puede debilitar el tejido económico y social de las comunidades, reducir la disponibilidad de servicios y poner en peligro la capacidad de algunas regiones para participar plenamente en la dinámica del mercado único. Según Fitto, el riesgo es que decenas de millones de ciudadanos europeos que viven en zonas del interior queden marginados por este proceso.
EL DERECHO A QUEDARSE COMO UNA ELECCIÓN, NO COMO UNA OBLIGACIÓN
En este contexto, el «derecho a quedarse» no se entiende como un incentivo para frenar la movilidad. De hecho, la movilidad dentro de la UE es un componente consolidado del proyecto europeo. Más bien, el objetivo es crear las condiciones para que la decisión de marcharse sea realmente libre y no venga determinada por la falta de alternativas. Por lo tanto, la estrategia debería apoyar principalmente a las generaciones más jóvenes, ofreciendo oportunidades profesionales, servicios y condiciones favorables tanto a quienes quieran quedarse en su ciudad natal como a quienes tengan intención de volver tras pasar una temporada en otro lugar. El principio fundamental es, por tanto, el de la libertad de elección: quedarse no debería convertirse en una obligación, del mismo modo que marcharse no debería ser una consecuencia inevitable de la falta de perspectivas.
UN ENFOQUE INTEGRADO DE LAS POLÍTICAS TERRITORIALES
Según el enfoque que plantea Fitto, la complejidad del fenómeno hace que cualquier intervención aislada resulte insuficiente. La estrategia futura debe combinar diferentes herramientas y políticas, adaptándolas a las características específicas de cada región. Por eso, la política de cohesión debe interactuar con sectores como la agricultura, el turismo, el transporte, la pesca y la economía azul. La integración entre estas dimensiones debería permitir abordar al mismo tiempo las diversas causas de la despoblación y reforzar el atractivo económico y social de las zonas más vulnerables. El objetivo no es simplemente retener a la población residente, sino crear condiciones de desarrollo capaces de ofrecer perspectivas concretas a las generaciones futuras.
RELACIÓN CON EL MERCADO ÚNICO Y LA COHESIÓN
La propuesta también encaja en el debate sobre el refuerzo del mercado interior europeo. Fitto vinculó explícitamente el derecho a permanecer a la necesidad de integrar plenamente las zonas del interior en el funcionamiento del mercado único. Se considera esencial crear sinergias entre territorios y políticas para evitar que la concentración de la actividad económica en las grandes ciudades provoque una exclusión cada vez mayor de las comunidades periféricas. La estrategia también está relacionada con el informe sobre el futuro del mercado único elaborado por el ex primer ministro italiano Enrico Letta. Según Fitto, ese documento forma ahora parte integrante de las directrices de la Comisión Europea y se ha convertido en una prioridad política para el ejecutivo liderado por Ursula von der Leyen. La presidenta también le ha encargado a Fitto la tarea de elaborar la versión definitiva de la estrategia sobre el «derecho a permanecer».
DE LA EMERGENCIA DEMOGRÁFICA A LA POLÍTICA EUROPEA
El «derecho a quedarse» se presenta, por tanto, como un proyecto que parte de una cuestión demográfica y adquiere una dimensión más amplia de política territorial. Luchar contra la despoblación significa abordar las oportunidades económicas, los servicios, la movilidad y las perspectivas que se ofrecen a las generaciones más jóvenes. El reto que ha identificado la Comisión es crear las condiciones para que los territorios vuelvan a ser lugares donde vivir, trabajar y hacer planes de futuro. Desde esta perspectiva, el derecho a quedarse no es simplemente una política contra la emigración juvenil, sino un intento de reducir los desequilibrios territoriales y fomentar un desarrollo europeo más inclusivo. Por lo tanto, la estrategia, prevista para entre finales de 2026 y principios de 2027, deberá plasmar este principio en herramientas concretas, coordinando diferentes políticas y adaptándolas a las particularidades de las comunidades locales.