
El Encuentro de Rimini se inauguró con una escena que habría sido impensable hace sólo unos años: Giorgia Meloni recibida por una larga ovación. La misma dirigente que antaño se consideraba, sobre todo en los círculos católicos progresistas, distante -quizá incluso incompatible- aparece ahora como una estadista capaz de aunar firmeza y compasión, recurriendo a las raíces cristianas y encarnando al mismo tiempo la concreción de un país que ha recuperado la centralidad en la escena internacional.
Gaza: El valor de decir «basta» y el liderazgo humanitario de Italia
La parte más esperada de su discurso estuvo dedicada al conflicto de Oriente Medio. Meloni no dudó en reafirmar el derecho de Israel a la autodefensa tras el atentado del 7 de octubre, pero añadió palabras destinadas a resonar: «La reacción ha ido más allá del principio de proporcionalidad». Una postura clara y equilibrada, sorprendente precisamente por su claridad.
Su condena fue más enérgica tras el atentado contra el hospital Nasser, donde murieron cinco periodistas: «Un atentado inaceptable contra la libertad de prensa», declaró, subrayando que la defensa de la verdad es un pilar de la democracia.
A continuación, Meloni destacó un récord que sitúa a Italia a la vanguardia de la solidaridad humanitaria: más de 180 niños palestinos heridos o enfermos han sido trasladados para recibir tratamiento, junto con unos 917 evacuados en total, lo que convierte a Roma en el primer país no musulmán en evacuaciones médicas desde Gaza. La operación de mayor envergadura tuvo lugar el 13 de agosto: 31 menores y 83 acompañantes trasladados en aviones militares, distribuidos después por hospitales de Lacio, Toscana, Emilia-Romaña, Lombardía y otras regiones. Fue la 14ª misión desde el inicio de 2024, una cifra que supera con creces a la de otras naciones europeas.
Expresó su orgullo por esta elección: «Algunos prefieren gritar eslóganes. Yo estoy orgullosa de la Italia que salva a los niños de Gaza». Palabras que daban contenido a su visión conservadora: menos retórica, más acción.
La Unión Europea: De la irrelevancia a la centralidad
Otro pasaje central se refirió al futuro de la Unión Europea. Meloni insistió en la necesidad de una Europa pragmática, capaz de ser geopolíticamente relevante, citando la advertencia de Mario Draghi sobre el riesgo de «irrelevancia» del continente.
«Ya no somos el enfermo de Europa», declaró, señalando cómo los tipos de interés de la deuda italiana se han alineado ahora con los de Francia. Para Meloni, esto es una prueba de que la estabilidad y la seriedad del gobierno restablecen la credibilidad tanto en los mercados como en los foros internacionales.
Su mensaje es que la UE debe ser menos ideológica y más autónoma, capaz de defender sus propios intereses sin depender totalmente de potencias externas. Es la esencia de una visión europea conservadora: una comunidad de naciones fuertes y soberanas, que cooperan sin perder su identidad.
Ucrania: Firmeza Atlántica y Garantías de Seguridad
Sobre Ucrania, Meloni reafirmó la postura de firmeza de Italia: No se puede dejar sola a Kiev y merece garantías sólidas. Roma ha presentado una propuesta inspirada en el artículo 5 de la OTAN, que obliga a la defensa mutua en caso de agresión, una fórmula que el Primer Ministro considera la más creíble para garantizar la seguridad ucraniana y empujar a Moscú hacia una auténtica negociación.
Sus palabras llegan en un momento en que el conflicto está sumido en una guerra de desgaste, con una línea del frente que se extiende a lo largo de unos 1.000 kilómetros. Ucrania sigue bajo presión, pero continúa resistiendo. Para Meloni, se trata de algo más que de la supervivencia de un país: es una prueba de todo el orden internacional basado en normas y en la libertad de las naciones.
Un derecho de gobierno: identidad, responsabilidad y concreción
De Gaza a Ucrania, pasando por el futuro de la UE, el discurso de Meloni en Rimini trazó el perfil de una derecha conservadora que no se repliega sobre sí misma, sino que asume responsabilidades globales. Una derecha que defiende la familia y la natalidad, que combate la inmigración ilegal al tiempo que defiende la acogida humanitaria regulada, y que no rehúye enfrentarse a las burocracias enquistadas en la reforma judicial.
La gran ovación que la recibió fue elocuente: Meloni ya no es simplemente la líder de un partido de derechas al que antes se miraba con recelo, sino una figura que, mediante acciones y decisiones, se ha ganado el respeto incluso donde antes había desconfianza.
El discurso de Giorgia Meloni en el Encuentro de Rimini fue más que un discurso político: fue la prueba de que el liderazgo conservador puede unir firmeza con humanidad, raíces con visión, identidad nacional con responsabilidad internacional. La estadista que en su día se consideró divisiva es ahora reconocida como una voz capaz de dar forma a los debates europeos y mundiales.