88 ONG advierten de que las nuevas normas de retorno podrían normalizar las redadas, la recogida masiva de datos y la elaboración de perfiles raciales en toda Europa
Una nueva propuesta de la Unión Europea sobre las devoluciones de inmigrantes está suscitando fuertes críticas de grupos de derechos humanos, que advierten de que podría empujar a Europa hacia métodos coercitivos similares a los utilizados por las autoridades de inmigración estadounidenses.
En una declaración conjunta firmada por 88 organizaciones, los grupos de la sociedad civil expresaron su preocupación por que el reglamento previsto sobre las devoluciones de migrantes pudiera dar lugar a prácticas similares a las del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), la agencia federal estadounidense responsable de la aplicación de las leyes de inmigración y las expulsiones.
Según los firmantes, las nuevas normas obligarían a los Estados miembros de la UE a «identificar» activamente a los inmigrantes indocumentados, lo que podría transformar los espacios cotidianos -incluidos los servicios públicos e incluso los domicilios particulares- en herramientas de control de la inmigración.
Contenido de la Propuesta
El proyecto de reglamento, presentado por la Comisión Europea en marzo de 2025, esboza procedimientos más estrictos para devolver a las personas que no tienen derecho legal a permanecer en la UE.
Las organizaciones de derechos humanos sostienen que algunas de las medidas incluidas en la propuesta ya se aplican en algunos Estados miembros y podrían generalizarse si el reglamento se adopta en su forma actual.
Entre los elementos más controvertidos está la posibilidad de redadas policiales en domicilios privados. Según las ONG, las normas propuestas podrían permitir a las autoridades entrar en los domicilios para comprobar documentos, en algunos casos incluso sin orden judicial.
Los espacios públicos también podrían convertirse en zonas de control intensificado. En Bélgica, por ejemplo, se han introducido al parecer puntos de control en las autopistas, así como controles en estaciones de tren y aeropuertos. Los críticos temen que prácticas similares puedan extenderse por toda la Unión.
Recogida masiva de datos y seguimiento biométrico
La declaración conjunta, publicada por la ONG internacional Plataforma para la Cooperación Internacional sobre Inmigrantes Indocumentados (PICUM), también pone de manifiesto la preocupación por la recogida de datos a gran escala y el intercambio de información entre las fuerzas policiales de toda la UE.
La propuesta incluye un mayor uso de sistemas de identificación biométrica, que pueden rastrear a las personas mediante huellas dactilares, reconocimiento facial u otras características físicas. Los grupos de derechos humanos sostienen que estas herramientas, si se utilizan ampliamente, podrían dirigirse de forma desproporcionada contra inmigrantes indocumentados e incluso contra personas víctimas de discriminación racial.
Otras medidas mencionadas en las críticas incluyen la obligación de informar para las autoridades públicas y posibles prácticas de elaboración de perfiles raciales. Los controles basados en el aspecto, la lengua o el origen percibido -y no en comportamientos concretos- corren el riesgo de reforzar una discriminación que, según las ONG, ya está muy extendida en Europa.
Las organizaciones describen estos acontecimientos como «amenazas reales e inmediatas».
Un contexto político caldeado
La migración sigue siendo uno de los temas más delicados de la política europea. Justo la semana pasada, durante una sesión plenaria en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, los miembros del Parlamento Europeo dieron su aprobación final a la primera lista común de países de origen seguros de la UE y revisaron los criterios para designar terceros países seguros.
Mientras tanto, la propuesta de reglamento sobre devoluciones -que también prevé la creación de controvertidos «centros de devolución» fuera de la UE- ya ha sido aprobada por los gobiernos nacionales en el Consejo de la Unión Europea, pero sigue debatiéndose en el Parlamento Europeo.
Para las organizaciones de defensa de los derechos de los inmigrantes, la dirección a seguir está clara: aplicación más estricta de la ley y expulsiones más rápidas.
Impacto en la vida cotidiana
Los críticos advierten de que las consecuencias podrían ir mucho más allá del control de la inmigración. Según las 88 ONG, el endurecimiento de los requisitos de identificación e información podría crear un clima de miedo entre los inmigrantes indocumentados e incluso entre las personas percibidas como inmigrantes.
Argumentan que las personas podrían evitar servicios esenciales por miedo a ser denunciadas a las autoridades. Esto podría afectar al acceso a la asistencia sanitaria, incluida la atención prenatal, el tratamiento de enfermedades crónicas y las vacunas. La educación y los servicios sociales también podrían verse afectados si las familias dudan en comprometerse con las instituciones públicas.
La preocupación es que la aplicación de las leyes de inmigración se solaparía cada vez más con la vida cotidiana, debilitando la cohesión social y la confianza dentro de las comunidades.
Cuestiones internacionales
La preocupación por la propuesta no se limita a los grupos de la sociedad civil. El 26 de enero, dieciséis relatores especiales, expertos independientes y grupos de trabajo de las Naciones Unidas enviaron una carta conjunta a la Comisión Europea, al Parlamento Europeo y al Consejo de la Unión Europea.
En su carta, advertían de que el reglamento podría introducir la obligación de informar para profesionales como los trabajadores sanitarios o los proveedores de servicios sociales, lo que disuadiría a los inmigrantes de buscar ayuda esencial y podría socavar la protección de los derechos fundamentales.
Comparación con el «Modelo ICE
La comparación con el ICE se ha convertido en un tema central del debate. Michele LeVoy, directora de PICUM, declaró que el resultado de las nuevas normas podría ser «una serie de redadas al estilo del ICE en domicilios privados, espacios públicos y lugares de trabajo».
Su mensaje es claro: Europa no puede criticar las prácticas de aplicación de las leyes de inmigración en Estados Unidos mientras adopta enfoques similares en su propio país.
Los partidarios de políticas más estrictas argumentan que los procedimientos de retorno efectivos son necesarios para mantener la credibilidad del sistema de asilo y migración de la UE. Los críticos responden que la aplicación de la ley no debe hacerse a costa de los derechos fundamentales y la no discriminación.
Mientras continúan las negociaciones en el Parlamento Europeo, el debate pone de relieve una cuestión más amplia a la que se enfrenta la Unión Europea: cómo equilibrar el control de las fronteras y la dignidad humana. La forma final del reglamento determinará si Europa avanza hacia un modelo más orientado a la seguridad, o si encuentra una forma de combinar el cumplimiento de la ley con salvaguardias más sólidas de los derechos humanos.