El conflicto aparentemente interminable entre el presidente conservador de Polonia y el primer ministro centrista-liberal ha entrado en una nueva fase: la adopción de una nueva constitución para 2030. Según el presidente Nawrocki, la constitución actual ya no refleja los nuevos retos a los que se enfrenta la sociedad polaca, y más allá.
La incesante rivalidad entre Karol Nawrocki y Donald Tusk ha sido una constante durante los últimos nueve meses, remontándose a los primeros momentos del mandato del nuevo jefe de Estado. Dado que el presidente inició la iniciativa de una nueva Constitución, la reacción de su oponente político fue negativa, lo que no es ninguna sorpresa. Es un episodio más de una saga que no parece que vaya a terminar antes del otoño de 2027, cuando se celebren las elecciones parlamentarias.
Karol Nawrocki espera que su -primer- mandato esté marcado por la promulgación de una nueva Constitución. Así lo manifestó el mismo día de su toma de posesión como Presidente de la República de Polonia, el 6 de agosto de 2025, cuando se pronunció firmemente a favor de la modificación de la ley fundamental, una necesidad en el contexto de esta batalla por la soberanía cada vez más compleja.
Hace unos días, Nawrocki volvió a plantear esta cuestión, pero de forma mucho más concreta, anunciando el nombramiento formal de un consejo de expertos al que ha encomendado la tarea de redactar una nueva ley fundamental, que deberá estar terminada para 2030. El anuncio de la creación de este comité de trabajo sobre la futura constitución se hizo, no por casualidad, en el 235 aniversario de una de las primeras constituciones de la era moderna, la adoptada por la Mancomunidad Polaco-Lituana el 3 de mayo de 1791. La Constitución de 1791 fue un momento decisivo de la historia y debería servir de lección también para la generación actual.
El año que viene, Polonia celebrará tres décadas desde la adopción de su Constitución actual. Su ley fundamental está en vigor desde octubre de 1997, habiendo sido adoptada durante el primer mandato de Aleksander Kwaśniewski, considerado uno de los grandes logros del tercer presidente de la Polonia poscomunista. Cuarenta y cinco años después de la ley suprema de estilo soviético de la República Popular Polaca, aprobada en 1952, Polonia tenía por fin una nueva Constitución. Hoy, casi tres décadas después de la Constitución de Kwaśniewski, Karol Nawrocki pretende adecuar la ley fundamental a las nuevas realidades que exigen una lucha más encarnizada para defender los intereses nacionales soberanos de Polonia. Una nueva era, una nueva Constitución.
Los argumentos del presidente se refieren no sólo a la alineación con las transformaciones políticas y sociales, sino también a la clarificación del papel de las instituciones del Estado, que deben ser «duraderas» y «fuertes», ya que el actual establishment es fuente de caos y de crecientes conflictos en la sociedad.
Para el presidente conservador polaco, esta situación no puede continuar indefinidamente, «con el poder en Polonia dividido entre dos centros». La Constitución actual, «un compromiso necesario» en un periodo de transición, es el origen de una división a la que hay que poner fin, por el bien de la sociedad y del pueblo polaco.
Mientras que para Nawrocki la adopción de una nueva Constitución es un proyecto por excelencia, para Donald Tusk esta cuestión no es más que una maniobra política de su rival, que sólo sirve para crear aún más confusión en un momento en que la sociedad polaca necesita «estabilidad». Más que eso, Tusk se afanó en señalar que el presidente no cuenta actualmente con la mayoría de dos tercios necesaria en el Sejm para que esta iniciativa prospere. Aunque el primer ministro tenga razón sobre la falta de mayoría parlamentaria, la iniciativa de Nawrocki no es a corto plazo, y formar una nueva mayoría en el Sejm no es en absoluto una fantasía, sobre todo teniendo en cuenta que dentro de año y medio se celebrarán nuevas elecciones generales.
Al fijar 2030 como fecha límite para que la nueva Constitución se apruebe en referéndum, el presidente ha presentado un plan que podría cumplir su mandato y ayudarle a asegurarse un segundo mandato.