Más de diez años después de que se interrumpiera el proceso de adhesión de Islandia a la UE, el Gobierno de centroizquierda de Reikiavik, liderado por la primera ministra Kristrún Frostadóttir, está organizando un referéndum para conocer la opinión de los islandeses sobre la reanudación de las negociaciones para entrar en la Unión. El 29 de agosto, los ciudadanos islandeses tendrán que acudir a las urnas para decidir si están de acuerdo o no con reabrir las negociaciones con Bruselas. Esta votación no versará sobre la adhesión formal de este pequeño país del Atlántico Norte a la UE, sino que podría dar lugar a la reanudación de los pasos necesarios para conseguirla.
El Gobierno de Reikiavik, que busca el voto favorable de los islandeses, está liderado por una coalición denominada «proeuropea» formada por tres partidos de izquierda y centroizquierda —una situación prácticamente idéntica a la de 2009, cuando una coalición de tres partidos de la izquierda del espectro político presentó la solicitud de adhesión de Islandia a la UE.
La perspectiva de la adhesión oficial de Islandia ha vuelto a convertirse en un tema de interés nacional —y, por supuesto, europeo— en medio de los debates sobre la necesidad de reforzar la seguridad ante posibles amenazas externas. Igual que en 2009, cuando el Gobierno de entonces buscaba una adhesión rápida y la adopción de la moneda de la UE, algo que el bando proeuropeo consideraba «vital» para recuperar la estabilidad financiera tras la crisis económica. Mientras que el gobierno de izquierdas estaba dispuesto a ceder el control sobre aspectos clave de la política monetaria, el gobierno de centro-derecha que le siguió adoptó el enfoque contrario y puso fin al proceso de adhesión que había comenzado unos años antes.
Hoy en día, las fuerzas políticas que comparten la misma orientación ideológica están recurriendo a amenazas externas a la seguridad nacional —amenazas que, por supuesto, ya no existirían si Islandia se uniera a la UE— para conseguir un resultado favorable en el referéndum del 29 de agosto. Un voto a favor de reabrir las negociaciones con Bruselas tendría un peso enorme si un futuro gobierno conservador —tras las próximas elecciones parlamentarias de noviembre de 2028— optara por la soberanía, la identidad cultural y el realismo en lugar de una «integración» que llevaría a la pérdida de esos mismos valores.
Islandia no está en absoluto «desconectada» de la Unión Europea, como sugiere el bando de izquierda a favor de la integración. Aunque técnicamente no forme parte de la UE, Islandia sí es miembro del Espacio Económico Europeo y forma parte del Espacio Schengen. El hecho de no ser miembro de jure no impide en absoluto que esta nación insular forme parte de la gran familia europea. En materia de defensa, aunque no tiene fuerzas armadas propias, Islandia lleva siendo miembro de la OTAN desde el primer día y mantiene una sólida relación con Estados Unidos gracias a un acuerdo bilateral que ya cumple 75 años. Una vez más, Islandia no está en absoluto aislada en lo que respecta a la seguridad nacional.
La verdadera pregunta que los islandeses deberían responder dentro de unas semanas es si entrar en la Unión Europea, con todo lo que eso conlleva, es realmente lo mejor para el pueblo y la sociedad islandeses. ¿Por qué estaría Reikiavik dispuesta a aceptar las directivas o normativas impuestas por Bruselas y los Estados miembros más grandes, o la transferencia de competencias que afectaría a sectores vitales de la economía islandesa, como la pesca? ¿Por qué estaría Islandia dispuesta a pagar el precio de perder su soberanía? Una ventaja clave para Islandia es que, al no ser miembro de la UE —de hecho, precisamente gracias a esta situación—, ha conseguido mantener el control sobre sus propias políticas: fiscales, económicas, de seguridad, etc. Esto ya no sería posible si se convirtiera en miembro de pleno derecho de la Unión Europea.
La advertencia de Guðrún Hafsteinsdóttir, líder de la oposición, no se debe ignorar bajo ningún concepto; como ella misma señala, la decisión de reabrir las negociaciones de adhesión debe recaer realmente en el pueblo islandés y no verse influida por fuerzas y presiones externas. Según las encuestas actuales, la votación del 29 de agosto va a estar muy reñida.