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La Junta de Paz y la Unión Europea: Gobernanza Global, Legitimidad y Tensiones Institucionales

Conflictos en Oriente Medio - febrero 25, 2026

En vísperas de las primeras reuniones formales, la Unión Europea cuestiona la eficacia y la conveniencia de colaborar con la Junta de Paz. Este organismo nació como una iniciativa promovida por Donald Trump con el objetivo declarado de supervisar el alto el fuego en la Franja de Gaza y, en una fase posterior, ampliar su actuación a la resolución de conflictos mundiales. Anunciado en septiembre de 2025 como instrumento internacional de apoyo a las distintas fases de las negociaciones sobre Gaza y la posterior reconstrucción, el proyecto recibió la aprobación formal en noviembre mediante una resolución de las Naciones Unidas, que reconocía su papel como vehículo principal del proceso diplomático relacionado con la crisis. Se constituyó oficialmente en enero siguiente, en la cumbre del Foro Económico Mundial de Davos, en presencia del Presidente de la Casa Blanca, que amplió significativamente su mandato, estableciéndolo como un organismo internacional dirigido por Estados Unidos y destinado a promover la paz a escala mundial.

COMPOSICIÓN Y MECANISMOS DE TOMA DE DECISIONES

El Consejo de Paz tiene una estructura claramente piramidal. En la cúspide se encuentra el propio Trump, que, según el estatuto, ostenta la presidencia del Consejo. Su sustitución sólo es posible en caso de dimisión voluntaria o incapacidad certificada por votación unánime del Consejo Ejecutivo, estableciendo de hecho una posición de liderazgo fuertemente consolidada. Los miembros ordinarios son nombrados por invitación directa del promotor y ejercen un mandato no superior a tres años, salvo los que aportan más de 1.000 millones de dólares, que tienen garantizado un puesto permanente. Hasta la fecha, sólo Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos han formalizado este compromiso. El funcionamiento del Consejo se organiza en torno a un comité ejecutivo central, compuesto por personalidades políticas y diplomáticas estrechamente vinculadas al presidente estadounidense. Entre ellas se encuentran Jared Kushner, Marco Rubio, Steve Witkoff y Tony Blair, este último como enviado del Cuarteto a Oriente Medio. Se ha asignado una función de enlace al diplomático búlgaro Nickolay Mladenov, ex coordinador de la ONU para el proceso de paz, encargado de servir de enlace entre el Comité Ejecutivo y un comité más amplio dedicado a Gaza y un comité nacional palestino para la administración de la Franja. Este último órgano está dirigido por Ali Shaat, ex ministro de la Autoridad Palestina con sede en Ramala, e incluye a funcionarios palestinos. Junto al Comité Ejecutivo, existe un subcomité general dotado de los poderes necesarios para llevar a cabo la misión de mantenimiento de la paz, así como un tercer órgano encargado de confiar la administración cotidiana a un grupo de expertos palestinos. Un elemento central de la arquitectura decisoria es el poder de veto de Trump sobre todas las decisiones relevantes, incluida la creación, modificación o disolución de órganos subordinados. Esta prerrogativa acentúa el carácter altamente personalizado del Consejo, lo que plantea interrogantes sobre el equilibrio de poder interno y su compatibilidad con los modelos multilaterales tradicionales.

AFILIACIONES INTERNACIONALES Y FUERZA MULTINACIONAL

Más de veinte países han declarado su intención de incorporarse al Consejo de Gobierno, entre ellos Albania, Arabia Saudí, Argentina, Armenia, Azerbaiyán, Bahréin, Bielorrusia, Bulgaria, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Indonesia, Israel, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Marruecos, Mongolia, Pakistán, Paraguay, Qatar, Turquía, Uzbekistán y Vietnam. China y Rusia han confirmado haber recibido una invitación, pero no han especificado su posición final. Entre los observadores figuran Italia, Rumania, Grecia y Chipre. Desde el punto de vista operativo, la Junta prevé el despliegue de una fuerza multinacional encargada de estabilizar las zonas más críticas de la Franja de Gaza, que sufren enfrentamientos diarios. La misión incluiría el desarme de Hamás, un objetivo que, sin embargo, sigue siendo controvertido tanto por su aplicación como por sus implicaciones políticas y de seguridad.

LA UNIÓN EUROPEA ENTRE LA IMPLICACIÓN Y LA DISIDENCIA

En este contexto, el papel de la Unión Europea resulta especialmente delicado y complejo. La decisión de la Comisión Europea de enviar a Dubravka Šuica, Comisaria para el Mediterráneo, a la primera reunión formal del Consejo en Washington provocó fuertes reacciones entre varios Estados miembros. En una reunión de embajadores de la UE celebrada el 18 de febrero, varias capitales expresaron su indignación por la falta de consulta previa y la importancia política de la participación de un representante de alto nivel, dado que la Unión, como tal, no es miembro del Consejo. Francia, Bélgica, España, Irlanda, Eslovenia y Portugal plantearon objeciones tanto a nivel institucional como político, mientras que Alemania expresó reservas más prudentes. Los críticos subrayaron que la presencia de Šuica, como figura política, confiere una legitimidad sustancial a un órgano cuya gobernanza y compatibilidad con la Carta de las Naciones Unidas han sido objeto de reiteradas dudas por parte de la propia Comisión. La Unión Europea se encuentra así en una posición ambivalente. Por un lado, Bruselas ha expresado su preocupación por el alcance del mandato, la estructura de gobierno y la conformidad del Consejo con los principios multilaterales consagrados en la Carta de la ONU, de la que son signatarios los veintisiete Estados miembros. Por otra parte, la UE, como mayor donante de ayuda humanitaria a los territorios palestinos, con una contribución total de 1.650 millones de euros desde el inicio de la guerra entre Israel y Hamás el 7 de octubre de 2023, no tiene intención de verse marginada en el proceso de toma de decisiones sobre el futuro de Gaza.

DIVISIONES INTERNAS Y PERSPECTIVAS DIPLOMÁTICAS

Las divergencias entre los Estados miembros reflejan distintas orientaciones estratégicas hacia la iniciativa estadounidense. Hungría y Bulgaria han manifestado su intención de incorporarse permanentemente al Consejo de Administración, mientras que otras capitales han expresado su deseo de participar como observadores. El debate continuará en el Consejo de Asuntos Exteriores de Bruselas, con la participación de Mladenov, nombrado Alto Representante para Gaza por Trump y encargado de coordinar la Junta con el Comité Palestino. En este contexto, la Unión Europea y sus Estados miembros se enfrentan a una elección estratégica crucial: mantener una prudente distancia crítica, coherente con el multilateralismo tradicional, o buscar una participación activa para influir desde dentro en la evolución de una organización que pretende redefinir el equilibrio de la gobernanza internacional de la paz.