fbpx

La tradición sueca de libertad

Cultura - febrero 15, 2026

En su Germania, escrita en el año 98 d.C., el cronista romano Tácito describió el autogobierno germano mediante asambleas, en las que se resolvían disputas, se condenaba a los infractores de la ley, se elegía (y deponía) a los reyes y, lo que era más importante, se definía y revisaba la ley. Por ejemplo, en 852, el misionero Ansgar, obispo de Hamburgo, regresó a Suecia tras un viaje anterior. El rey sueco, Olof, le dijo que en su país el control de los asuntos públicos correspondía a todo el pueblo y no al rey. En consecuencia, Ansgar solicitó y obtuvo el permiso de una asamblea para predicar, como se representa en el cuadro anterior de Wenzel Tornøe. De hecho, los suecos pueden enorgullecerse de una larga tradición de gobierno limitado y democracia representativa. Los reyes estaban sometidos a la ley como el resto de la población, y debían solicitar el consentimiento de las asambleas populares para todas las decisiones importantes.

Democracia campesina

Otro ejemplo de esta tradición germánica es un discurso del legislador sueco Torgny en una asamblea regional en 1018. El rey Olof de Suecia era hostil a su tocayo, el rey Olav de Noruega. Pero si declaraba la guerra a Noruega, dijo Torgny, los campesinos lo matarían. Recordó que algunos reyes anteriores habían sido asesinados por anarquía y arrogancia. El rey Olof se retiró inmediatamente. Cuando los suecos eligieron rey en una reunión en 1319, aprobaron una carta que limitaba su poder: no se recaudarían nuevos impuestos sin el acuerdo del pueblo, y no se podría castigar a nadie a menos que hubiera infringido la ley. En 1397, sin embargo, el monarca danés adquirió la corona sueca. Pero la dominación danesa era impopular, y en 1434 el propietario de una mina, Engelbrekt Engelbrektsson, encabezó una rebelión contra los daneses. En 1435, en una reunión en Arboga, fue elegido Líder del Reino. Tradicionalmente se considera que ésta fue la primera reunión del Riksdag sueco, una Dieta de cuatro Estamentos: la nobleza, el clero, los burgueses y los campesinos. Suecia era el único país europeo donde los campesinos estaban representados en el Parlamento (aunque en Noruega y Suiza también tenían algunos representantes en las asambleas populares). Sin embargo, Engelbrekt fue asesinado pronto.

Liberalización en Suecia

Después de que Suecia recuperara la independencia en 1523, los reyes intentaron ampliar sus poderes. Impusieron el absolutismo en 1680, aunque siguió existiendo la Dieta de los Cuatro Estados. Pero cuando Suecia fue derrotada en la Gran Guerra del Norte de 1700-1721, el monarca tuvo que transferir importantes poderes al Parlamento, donde se formaron dos partidos, similares a los Whigs y los Tories en Inglaterra. Bajo la influencia de un delegado finlandés del Estado del Clero, Anders Chydenius, Suecia adoptó en 1765 una Ley de Libertad de Información, la primera de este tipo en Europa. También abolió algunos monopolios comerciales. En 1809, un rey autoritario fue depuesto en una rebelión dirigida por el conde Georg Adlersparre, que había traducido al sueco partes de La riqueza de las naciones de Adam Smith. Adlersparre fue probablemente el primero en utilizar la palabra «liberal» para referirse a sus opiniones. Pero fue el barón Johan August Gripenstedt, ministro del gobierno en 1848-1866 y ardiente discípulo del librecambista francés Frédéric Bastiat, quien transformó la economía sueca mediante un amplio programa de liberalización. En consecuencia, entre 1870 y 1930, Suecia se convirtió en uno de los países más ricos del mundo.

Una fuerte tradición

A principios del siglo XX, dos economistas suecos de fama mundial, Gustav Cassel y Eli F. Heckscher, se convirtieron en elocuentes y eficaces críticos del socialismo. Gracias a su influencia, los socialdemócratas, que tomaron el poder en 1932 y gobernaron ininterrumpidamente hasta 1976, tuvieron que retirarse de sus posiciones más extremas. En las últimas décadas del siglo XX se reforzó la larga tradición de libertad de Suecia, tanto en la teoría como en la práctica. Bien demuestra su fortaleza, sus profundas raíces, el que resistiera tanto la embestida de los reyes que pretendían reinar por la gracia de Dios, como la de los socialdemócratas, que decían gobernar en nombre del Pueblo. Suecia debería ser una inspiración, no para los socialdemócratas, sino para conservadores y liberales por igual.