El nuevo escudo comercial de Europa: Italia presiona a la UE para que defienda a la industria frente a la presión china

Comercio y Economía - 5 de junio de 2026

Roma se une a Francia, España, Países Bajos y Lituania en su llamamiento a una mayor protección contra la competencia desleal, posicionando a Italia como una de las principales voces en el debate sobre la reactivación industrial de Europa.

La Unión Europea está entrando en una nueva fase de su relación económica con China, e Italia se perfila como uno de los principales defensores de una estrategia industrial europea más asertiva. Junto con Francia, España, Lituania y Holanda, el gobierno italiano ha pedido formalmente a Bruselas que refuerce los instrumentos utilizados para proteger el mercado único de la UE de la competencia desleal, la coacción económica y las prácticas comerciales agresivas.

La iniciativa refleja un cambio más amplio que se está produciendo en toda Europa. Durante años, muchos Estados miembros de la UE abordaron el comercio con China con cautela, tratando de equilibrar la cooperación económica con la creciente preocupación por la dependencia industrial. Hoy, sin embargo, los crecientes déficits comerciales, los cierres de fábricas y el temor a la desindustrialización están empujando a varias capitales europeas hacia un planteamiento más duro y estratégico.

Según la propuesta de siete páginas distribuida en Bruselas, algunos de los principales socios comerciales de la UE abandonan cada vez más los principios del comercio multilateral introduciendo nuevas barreras o creando un exceso de capacidad industrial estructural. El documento destaca cómo la industria europea perdió aproximadamente un millón de puestos de trabajo entre 2019 y 2025, una tendencia que ha alarmado profundamente a los responsables políticos.

El papel de Italia en este debate es especialmente significativo. Como segunda potencia manufacturera de Europa después de Alemania, el país tiene un interés directo en proteger sectores industriales estratégicos que van desde los componentes de automoción y la maquinaria hasta el acero, los productos químicos y la fabricación avanzada. Roma lleva mucho tiempo defendiendo la importancia de mantener una base industrial fuerte, argumentando que Europa no puede permitirse depender excesivamente de cadenas de producción externas, especialmente en sectores estratégicamente sensibles.

El apoyo del gobierno italiano a unas mayores defensas comerciales de la UE también refleja la creciente preocupación por el impacto de las exportaciones chinas de bajo coste sobre los productores europeos. El exceso de capacidad industrial china -especialmente en sectores como los vehículos eléctricos, los paneles solares, las baterías y el acero- ha generado una intensa presión sobre las empresas europeas que ya luchan contra los altos precios de la energía y unas normativas medioambientales más estrictas.

Por ello, los cinco países piden a la Comisión Europea que refuerce su capacidad para investigar las prácticas comerciales desleales con mayor rapidez y eficacia. Una de las propuestas consiste en ampliar el personal dedicado a supervisar los casos de proteccionismo y distorsiones del mercado. Otra permitiría a la UE lanzar más investigaciones sectoriales durante las crisis industriales.

El documento también aboga por un uso más amplio de las medidas de salvaguardia junto a los aranceles antidumping tradicionales. Estas salvaguardias podrían aplicarse temporalmente pero durante periodos prolongados, dando a las industrias europeas más tiempo para adaptarse y competir en igualdad de condiciones.

Para Italia, este planteamiento no es mero proteccionismo defensivo. Más bien, sus partidarios sostienen que se trata de un intento de restablecer la competencia leal dentro de un sistema comercial mundial cada vez más desequilibrado. Los funcionarios italianos y los grupos industriales sostienen que a menudo se exige a las empresas europeas que cumplan unas normas laborales, medioambientales y reglamentarias más estrictas, mientras compiten con importaciones producidas en condiciones muy diferentes.

Uno de los aspectos más técnicos pero importantes de la propuesta se refiere a las normas destinadas a impedir que las empresas eludan los aranceles de la UE. Según el documento, algunos terceros países utilizan métodos cada vez más sofisticados para eludir los aranceles europeos modificando ligeramente los procesos de montaje o desviando los componentes a través de mercados de terceros países.

Para contrarrestarlo, los cinco países proponen elevar el umbral de los requisitos de valor añadido local del 25% al 40% y reducir la proporción aceptable de componentes originarios de países objetivo del 60% al 50%. Estos ajustes pueden parecer muy técnicos, pero podrían reforzar significativamente la capacidad de la UE para evitar la evasión arancelaria.

El apoyo de Italia a estas medidas demuestra la creciente creencia en Roma de que Europa debe combinar la apertura con el realismo estratégico. El gobierno actual ha subrayado repetidamente la importancia de la soberanía económica, sobre todo después de que las recientes crisis geopolíticas pusieran de manifiesto las vulnerabilidades de las cadenas de suministro mundiales.

La iniciativa también es políticamente importante porque incluye a Holanda, tradicionalmente una de las economías europeas más liberales y orientadas al libre comercio. La participación holandesa indica que la preocupación por la competencia desleal y el declive industrial ya no se limita a los países del sur de Europa o al modelo históricamente intervencionista de Francia.

La atención se dirige ahora hacia Alemania, cuya economía mantiene amplios vínculos con China y a menudo ha adoptado un enfoque más cauto respecto a las tensiones comerciales con Pekín. La reacción de Berlín podría resultar decisiva para determinar si la UE adopta finalmente una estrategia de defensa industrial más sólida.

Mientras tanto, los datos económicos refuerzan la urgencia del debate. El déficit comercial de bienes de la UE con China alcanzó casi 360.000 millones de euros en 2025, lo que supone otro aumento anual. En términos de volumen, el desequilibrio aumentó drásticamente de 44,8 millones de toneladas en 2024 a 58,1 millones de toneladas en 2025, lo que subraya la magnitud de la creciente dependencia europea de las importaciones chinas.

Para Italia, el reto no es sólo económico, sino estratégico. La protección de la industria europea se considera cada vez más esencial para salvaguardar el empleo, la innovación y la independencia tecnológica. La decisión de Roma de situarse a la vanguardia de este debate sugiere que Italia pretende desempeñar un papel central en la configuración de un modelo económico europeo más resistente y competitivo en los próximos años. 2015-2025, il deficit commerciale della Ue nei confronti della Cina è aumentato di oltre cinque volte (5,2 volte) in volume, mentre è più che raddoppiato in valore (2,4 volte).

 

Alessandro Fiorentino