Los nuevos centros de repatriación, los plazos de retención más largos y las normas de deportación más estrictas marcan un cambio importante en la política migratoria europea
El Parlamento Europeo ha aprobado lo que muchos observadores describen como la legislación en materia de migración más estricta que ha adoptado jamás la Unión Europea, lo que supone un cambio profundo en el enfoque del bloque respecto a la migración irregular y la gestión de las fronteras.
El nuevo «Reglamento de retorno», aprobado con 418 votos a favor, 218 en contra y 30 abstenciones, tiene como objetivo acelerar la expulsión de los migrantes que no tienen derecho legal a permanecer en la UE. La medida contó con el apoyo de una amplia coalición de partidos de centro-derecha, conservadores y de derecha, lo que pone de manifiesto un importante reajuste político en materia de inmigración dentro del Parlamento Europeo.
El núcleo de la legislación lo constituye una disposición controvertida que permite a los Estados miembros de la UE establecer los denominados «centros de retorno» fuera de la Unión Europea mediante acuerdos con países no pertenecientes a la UE. Estas instalaciones servirían como lugares a los que se podría trasladar a los migrantes en espera de ser deportados mientras las autoridades completan los trámites necesarios para su retorno a sus países de origen.
Los defensores de esta medida sostienen que el sistema hará que las deportaciones sean más eficaces y reducirá el número de migrantes en situación irregular que permanecen en territorio de la UE tras recibir órdenes de expulsión. Los detractores, sin embargo, advierten de que esos centros podrían convertirse en centros de internamiento a largo plazo con garantías jurídicas limitadas y perspectivas inciertas de una eventual repatriación.
Según las nuevas normas, los menores no acompañados quedarían exentos del traslado a los centros de retorno, pero las familias con niños podrían seguir siendo enviadas a estas instalaciones. Las organizaciones de derechos humanos y varios grupos políticos han expresado su preocupación por que la medida pueda socavar las protecciones que tradicionalmente garantiza la legislación europea.
La legislación introduce una serie de medidas adicionales destinadas a reforzar la aplicación de la normativa migratoria en toda la Unión. Se otorgarían a las autoridades mayores competencias para localizar a los migrantes en situación irregular, incluida la posibilidad de registrar viviendas y otros locales pertinentes. Varias organizaciones no gubernamentales han comparado estas competencias con las prácticas de control que utilizan las autoridades de inmigración en otras partes del mundo, sobre todo en Estados Unidos.
El nuevo marco también amplía considerablemente los períodos de detención. El período máximo actual de seis meses de detención para los migrantes en espera de expulsión pasaría a ser de dos años, con la posibilidad de una prórroga adicional de seis meses. En el caso de las personas consideradas un riesgo para la seguridad, la detención podría llegar a ser indefinida.
Las prohibiciones de entrada también se harían mucho más estrictas. En la mayoría de los casos, los migrantes que sean deportados se enfrentarían a prohibiciones de entrada de hasta diez años, en lugar del límite actual de cinco años. En los casos de personas consideradas una amenaza para la seguridad pública, las autoridades podrían imponerles prohibiciones de entrada a la Unión Europea de por vida.
Otro cambio importante tiene que ver con los recursos contra las órdenes de expulsión. Con el sistema actual, las expulsiones suelen suspenderse automáticamente mientras duran los trámites legales. La nueva legislación eliminaría esta protección automática, dejando que sean los tribunales los que decidan, caso por caso, si una orden de expulsión debe suspenderse mientras se resuelve el recurso.
El debate en torno a la ley fue muy intenso. Tras el anuncio del resultado, los partidarios aplaudieron el desenlace, mientras que algunos diputados de la derecha coreaban consignas en las que pedían la repatriación de los migrantes irregulares. Los detractores respondieron acusando a la ley de poner en peligro los derechos fundamentales y de correr el riesgo de normalizar prácticas que habrían sido políticamente inaceptables hace solo unos años.
Ana Catarina Mendes, vicepresidenta del Grupo de los Socialistas y Demócratas, advirtió de que el reglamento podría legitimar prácticas legalmente cuestionables y debilitar las protecciones que desde hace tiempo se ofrecen a las personas vulnerables. Los diputados socialistas, de izquierda y de los Verdes se opusieron en su mayoría a la medida, argumentando que la gestión de la migración debe seguir siendo coherente con las obligaciones de la UE en materia de derechos humanos.
En el ámbito político, la votación confirma la aparición de una mayoría más conservadora en cuestiones de inmigración dentro del Parlamento Europeo. El Partido Popular Europeo (PPE), de centro-derecha, se ha alineado una vez más con los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), así como con varios grupos de derecha, creando así una mayoría alternativa a la tradicional coalición centrista que ha dominado la política de la UE durante años.
Este hecho tiene una importancia especial para la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Aunque la legislación es fruto de un proceso político europeo más amplio, muchos de sus principios clave —como unas políticas de deportación más estrictas, controles fronterizos más rigurosos y la gestión de la migración exterior— reflejan fielmente las posturas que Meloni y su Gobierno han defendido desde que asumieron el cargo.
Para el Gobierno italiano, la votación puede considerarse, por tanto, una victoria política. Las políticas que antes eran criticadas por muchas instituciones europeas se están convirtiendo cada vez más en parte del debate europeo general. La aprobación del reglamento sugiere que las preocupaciones sobre la migración irregular y la seguridad fronteriza están influyendo ahora en la elaboración de políticas en todo el continente de una forma que se ajusta más al enfoque de Roma.
La legislación aún tiene que pasar por negociaciones con los Estados miembros de la UE antes de entrar plenamente en vigor. Sin embargo, la votación parlamentaria ya supone un punto de inflexión histórico, que demuestra cómo la migración se ha convertido en uno de los temas políticos clave que marcan el rumbo futuro de la Unión Europea.