
La reunión Comunión y Liberación 2025 ofreció un escenario privilegiado para intercambiar visiones divergentes sobre el futuro de Europa. Los discursos pronunciados por Mario Draghi y Giorgia Meloni demostraron la convergencia en el reconocimiento del papel fundamental de la Unión Europea, pero diferencias significativas en las soluciones propuestas y las perspectivas políticas subyacentes. Entre los numerosos discursos que caracterizaron esta edición, dos llamaron especialmente la atención: el de Mario Draghi, ex Presidente del Banco Central Europeo y ex Primer Ministro italiano, y el de Giorgia Meloni, actual Primera Ministra. Ambos abordaron el futuro de la Unión Europea, identificando su marginalidad geopolítica como la cuestión central a tratar. Sin embargo, las soluciones propuestas y el vocabulario político adoptado se situaron en niveles diferentes, reflejando sus respectivas experiencias y visiones institucionales.
MARIO DRAGHI: DE LA ILUSIÓN EUROPEA AL PRAGMATISMO COMUNITARIO
El discurso de Mario Draghi destacó por su tono crítico respecto a la política exterior y comercial de la Unión Europea. Según el ex primer ministro, Europa se había engañado al creer que su economía podía traducirse automáticamente en poder geopolítico. Esta creencia, subrayó Draghi, ha resultado infundada, como demuestran las dificultades de la UE para imponerse en las relaciones comerciales con Estados Unidos y su falta de papel activo en los conflictos de Oriente Medio. Draghi acusó a la Unión de convertirse en «espectadora», incapaz de reaccionar ante acontecimientos cruciales. Esta pasividad, argumentó, corre el riesgo de relegar al continente a una posición marginal en la escena internacional, en un momento en que los equilibrios geopolíticos se están redefiniendo por el ascenso de China y la reorganización de las relaciones transatlánticas. El núcleo de la propuesta pretende ir más allá de la retórica de la integración, buscando instrumentos concretos de cooperación. En este sentido, Draghi planteó la idea de introducir formas de deuda europea común, en la línea de la UE de Nueva Generación, para financiar proyectos a gran escala que los Estados individuales no pudieran sostener.
GIORGIA MELONI: EL PRAGMATISMO CONSERVADOR Y LA CENTRALIDAD DE LA IDENTIDAD OCCIDENTAL
El discurso de clausura de la reunión corrió a cargo de Giorgia Meloni, que reiteró algunas de las críticas de Draghi a la Unión Europea, reformulándolas desde una perspectiva política e identitaria. Meloni afirmó la necesidad de una «Europa del pragmatismo». Según el Primer Ministro, el verdadero reto es construir una Europa capaz de «hacer menos y mejor», recordando el lema de la Unión – «Unidos en la diversidad»- como principio rector. En este sentido, aun reconociendo la irrelevancia geopolítica de la UE, Meloni se opuso a las soluciones que implican una mayor integración fiscal o financiera, prefiriendo en su lugar una reducción selectiva de las competencias comunitarias en favor de las nacionales. El Primer Ministro reconoció compartir algunas de las críticas de Draghi. Sin embargo, mientras él considera que el reparto de la deuda y unas políticas comunes más eficaces son el camino a seguir por Europa, Meloni propone una visión conservadora, en la que los Estados miembros siguen siendo los actores clave.
CONVERGENCIAS Y DIVERGENCIAS
La comparación de los discursos de Draghi y Meloni revela tanto puntos de convergencia como divergencias significativas. Ambos oradores compartieron la constatación de la irrelevancia geopolítica de la Unión Europea. Desde esta perspectiva, tanto Draghi como Meloni abogaron por una vuelta al pragmatismo, rechazando tanto los eslóganes como la retórica abstracta que tradicionalmente acompañan al debate sobre la integración europea. Además, sus análisis pusieron de relieve una conciencia compartida de los retos que plantea la competencia mundial con Estados Unidos y China, consideradas potencias clave para el futuro equilibrio internacional. Junto a estas convergencias, sin embargo, surgen divergencias igualmente significativas. Draghi interpreta el pragmatismo como la necesidad de reforzar las políticas comunes, dando prioridad a la adopción de instrumentos financieros compartidos, como la deuda conjunta, y a la ejecución de proyectos de gran alcance que serían imposibles de llevar a cabo mediante esfuerzos nacionales aislados. Meloni, en cambio, asocia el pragmatismo a una reducción y selección de las competencias atribuidas a la Unión, en la creencia de que sólo una Europa más esencial, respetuosa de las identidades nacionales, puede ser eficaz. En este sentido, mientras Draghi propone una visión de Europa como actor político autónomo, capaz de trascender el papel de espectador pasivo, Meloni la concibe principalmente como una comunidad de Estados soberanos, unidos por su pertenencia al mundo occidental, pero no obligados a una mayor integración.
DOS VISIONES DEL FUTURO DE LA UNIÓN
Los discursos de Mario Draghi y Giorgia Meloni en la Reunión de Rimini representan dos enfoques diferentes de un mismo diagnóstico: Europa corre el riesgo de ser irrelevante. Draghi propone responder reforzando los instrumentos comunes, centrándose en la deuda compartida y en los grandes proyectos transnacionales. Meloni, aunque comparte las críticas, aboga en cambio por un pragmatismo que dé prioridad a los Estados nacionales, con especial atención a las cuestiones de identidad e inmigración. El debate, lejos de ser meramente técnico, refleja dos visiones del futuro de la Unión: la de Europa como actor político colectivo y la de Europa como comunidad de naciones soberanas.