Durante la actual sesión plenaria del Parlamento Europeo (19-22 de enero), se ha programado un debate de actualidad en virtud del artículo 169 sobre «Restablecer el control de la migración: retornos, política de visados y cooperación con terceros países», a petición del Partido Popular Europeo. El debate, incluido formalmente en el orden del día del Pleno del Parlamento, refleja la creciente conciencia de que el marco europeo de la migración ha tenido dificultades para ofrecer un control eficaz, una aplicación creíble y la confianza de los ciudadanos.
Para los Conservadores y Reformistas Europeos, este debate pone de manifiesto una realidad evidente desde hace mucho tiempo, pero que se evita con demasiada frecuencia: la política de inmigración no puede sostenerse sólo a base de declaraciones. Sin ejecutabilidad, claridad y rapidez, incluso las normas más cuidadosamente redactadas pierden su significado.
Los límites de un enfoque ideológico
Durante años, la migración ha sido una de las cuestiones políticamente más delicadas y sin resolver a nivel de la UE. A pesar de las repetidas iniciativas, planes de acción y reformas, los resultados han permanecido prácticamente inalterados. La presión de las fronteras exteriores persiste, las tasas de retorno siguen siendo estructuralmente bajas y la brecha entre las normas europeas y su aplicación real sigue aumentando.
Con el tiempo, la gobernanza de la migración se ha ido conformando cada vez más por reflejos ideológicos que por eficacia operativa. La responsabilidad humanitaria se ha confundido con demasiada frecuencia con la reticencia política a actuar. El resultado ha sido un sistema generoso en principio pero débil en la ejecución, que crea incertidumbre para los migrantes y frustración entre los ciudadanos.
No se trata de un fracaso de los valores europeos. Es un fracaso de la gobernanza.
Las devoluciones como piedra angular de la credibilidad
Cualquier sistema de migración que funcione se basa en una premisa básica: las decisiones deben cumplirse. Cuando no se devuelve a las personas que no tienen derecho legal a permanecer en el país, los sistemas de asilo dejan de funcionar como instrumentos de protección y se convierten en vías hacia la irregularidad permanente.
La Unión Europea ha reconocido repetidamente la importancia de los retornos, pero los avances han sido limitados. La complejidad jurídica, la aplicación desigual y la insuficiente cooperación con los países de origen han contribuido a que las tasas de retorno sigan siendo bajas. Esto socava no sólo el control fronterizo, sino también la legitimidad del propio asilo.
Un planteamiento firme pero justo, defendido sistemáticamente por el ECR, no debilita la protección de los verdaderamente necesitados. Al contrario, la preserva. Unas normas claras, aplicadas con coherencia, son esenciales para mantener tanto la legalidad como la confianza pública.
Una prioridad de ECR desde hace mucho tiempo
Este enfoque no es nuevo. La migración ha sido un tema central del trabajo político del Grupo ECR durante años, enmarcado como un reto estructural que requiere realismo y no respuestas ad hoc. A través de su Grupo de Política Migratoria y de una campaña sostenida, el ECR ha argumentado sistemáticamente que una aplicación deficiente, una legislación ineficaz y la reticencia a defender las competencias nacionales han socavado la capacidad de Europa para gestionar la migración de forma responsable. Desde esta perspectiva, restablecer el control no es un cambio retórico, sino la consecuencia lógica de unas políticas que deben volver a ajustarse a la realidad.
Fronteras, visados y terceros países: reconectar la política y su aplicación
La gestión de la migración no puede abordarse aisladamente de otros instrumentos de la política. El control de fronteras, los regímenes de visados y la cooperación con terceros países forman un marco estratégico único. Cuando se tratan por separado, pierden eficacia. Cuando se alinean, se refuerzan mutuamente.
La política de visados debe basarse en evaluaciones realistas del riesgo migratorio y del cumplimiento de las normas, y no en la conveniencia política. La gestión de las fronteras exteriores debe ser operativa, no simbólica. La cooperación con terceros países debe ser estructurada, recíproca y orientada a los resultados, en lugar de declarativa.
Chipre, la Presidencia del Consejo y la cuestión de los retornos
Esta línea se reiteró en los últimos días, cuando el Grupo ECR expresó su apoyo a las prioridades establecidas por Chipre al inicio de su Presidencia del Consejo. Durante el debate en sesión plenaria, el Copresidente del Grupo ECR, Patryk Jaki, acogió con satisfacción la renovada atención prestada a la migración, subrayando en particular la necesidad de una directiva sobre retornos como herramienta esencial para restaurar la credibilidad de la política de la UE. El mensaje fue claro: sin retornos efectivos, ningún marco de migración puede ser sostenible, y ningún compromiso político puede tomarse en serio.
Una prueba de madurez política
El actual debate plenario ofrece la oportunidad de ir más allá de los eslóganes y abordar las debilidades estructurales del marco migratorio europeo. Sigue siendo incierto si se aprovechará esta oportunidad.
Lo que está claro es que el statu quo ya no es defendible. Las políticas de migración basadas en la ambigüedad, la lentitud de los procedimientos y las decisiones no aplicadas no sirven ni a los migrantes ni a los ciudadanos. El orden y la humanidad no son principios opuestos; se refuerzan mutuamente.
Si Europa se toma en serio la restauración de la confianza en sus instituciones y la legitimidad de sus políticas, la gobernanza de la migración debe basarse finalmente en el realismo, la responsabilidad y la aplicabilidad. No se trata de un cambio ideológico. Es una vuelta al sentido común.