La propuesta presentada por la administración estadounidense dirigida por Donald Trump de crear un Consejo de Paz con jurisdicción mundial, en particular con un papel central en la gestión del futuro de la Franja de Gaza, representa un ambicioso intento de redefinir las herramientas de la gobernanza internacional de los conflictos. Esta iniciativa tiene lugar en un contexto geopolítico extremadamente complejo, marcado por la guerra en curso en Gaza, la invasión rusa de Ucrania y un debilitamiento general del multilateralismo tradicional encarnado por las Naciones Unidas. El proyecto estadounidense se presenta no sólo como una plataforma para la reconstrucción física del territorio palestino devastado por el conflicto, sino también como una posible alternativa funcional a los organismos multilaterales existentes, suscitando reacciones encontradas entre aliados, rivales y actores regionales directamente implicados.
COMPOSICIÓN DEL CONSEJO E INVITACIÓN A RUSIA
Uno de los aspectos más controvertidos del nuevo Consejo de Paz es la invitación cursada al presidente ruso Vladimir Putin para que se una a él. La confirmación de esta invitación llegó directamente del Kremlin, que aclaró que Moscú está evaluando la oferta estadounidense, tratando de comprender plenamente sus implicaciones y modalidades operativas. La posibilidad de que el dirigente ruso se una a un organismo dedicado a resolver conflictos mundiales parece problemática, dado que la invasión de Ucrania se acerca a su cuarto año y que Rusia no ha dado muestras concretas de voluntad de alcanzar un acuerdo de paz. Sin embargo, la inclusión de Moscú parece reflejar la lógica de Trump de implicar a todas las grandes potencias, independientemente de sus responsabilidades en los conflictos en curso, con la esperanza de construir un marco para la estabilización bajo el liderazgo estadounidense.
EL PAPEL DE ESTADOS UNIDOS Y LA VISIÓN DE TRUMP
El Consejo de Paz se concibe como un órgano presidido directamente por el Presidente de Estados Unidos, lo que subraya la centralidad de Washington en el proyecto. Según las cartas de invitación, la iniciativa se basa en un enfoque audaz e innovador de la resolución de conflictos, que sugiere el deseo de superar los mecanismos de toma de decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a menudo paralizados. Estados Unidos se ha puesto en contacto con decenas de países y personalidades internacionales con el objetivo de construir una estructura amplia y global capaz de intervenir no sólo en el plano diplomático, sino también en los planos administrativo, de seguridad y financiero, sobre todo en la segunda fase del plan Gaza.
LA PARTICIPACIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA Y DE SUS PRINCIPALES ALIADOS
La Unión Europea también se ha implicado en el proyecto, con una invitación formal dirigida a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. La Comisión ha confirmado su intención de contribuir a un plan global para poner fin al conflicto de Gaza, aunque no ha aclarado si la invitación ha sido aceptada formalmente. Italia también se encuentra entre los países contactados, mientras que el Reino Unido, a través del Primer Ministro Keir Starmer, ha declarado que está dialogando con sus aliados en el Consejo de Paz y que está dispuesto a desempeñar un papel activo en la segunda fase del plan, aunque sin confirmar su adhesión oficial. Esta actitud refleja la cautela generalizada entre los socios occidentales, divididos entre el deseo de contribuir a la estabilización de Gaza y la preocupación por la estructura y la legitimidad del nuevo órgano.
REACCIÓN DE ISRAEL Y OPOSICIÓN INTERNA
El gobierno israelí ha expresado su firme oposición a la formación del Consejo, subrayando que la iniciativa no estaba coordinada con Jerusalén y entra en conflicto con la política oficial israelí. Esta oposición ha sido reiterada con especial fuerza por miembros del ala más radical del gobierno, que han calificado el proyecto de perjudicial para los intereses israelíes, pidiendo abiertamente su cancelación y afirmando el derecho de Israel a determinar de forma independiente el futuro de Gaza. Según este punto de vista, la Franja representa una cuestión de seguridad existencial para Israel, que debe asumir la plena responsabilidad administrativa y militar del territorio, incluso mediante una administración militar directa.
GAZA, HAMÁS Y LA CUESTIÓN DEL DESARME
En el centro del debate se encuentra la condición esencial del desarme completo de Hamás, elemento clave de la segunda fase del plan de paz. El acuerdo prevé no sólo la devolución de los rehenes, incluido el cadáver del último secuestrado, sino también la eliminación de las capacidades militares de la organización islamista. Funcionarios del gobierno israelí han planteado la posibilidad de una nueva ofensiva a gran escala si Hamás no acepta un ultimátum que incluya el desarme efectivo y el exilio de sus miembros. En este contexto, cualquier proyecto de reconstrucción y estabilización parece, desde la perspectiva israelí, carente de sentido sin la derrota definitiva del grupo que ha gobernado Gaza.
LA CONTROVERTIDA PRESENCIA DE QATAR Y TURQUÍA
Otras tensiones surgen de la posible inclusión en el Consejo y en su Junta Ejecutiva de países como Qatar y Turquía, considerados adversarios estratégicos por Israel. Qatar es considerado uno de los principales apoyos de Hamás, tanto desde el punto de vista financiero como a través de su influencia mediática, mientras que Turquía es percibida como el centro político e ideológico de los Hermanos Musulmanes, movimiento considerado hostil a la propia existencia de Israel. La presencia de estos actores en un organismo encargado de supervisar la seguridad y la reconstrucción de Gaza se interpreta como una amenaza directa, sobre todo porque estos países parecen tener poco interés en el desarme de Hamás. Sin embargo, su participación también se ajusta a la lógica de Trump de mantener un amplio frente de aliados e interlocutores bajo el paraguas estadounidense.
UNA ESTRUCTURA COMPLEJA Y MULTINIVEL
El Consejo de Paz forma parte de una arquitectura institucional extremadamente compleja, que incluye un consejo de administración, un comité ejecutivo, un alto representante con una estructura de apoyo independiente, un Comité Nacional para la Administración de Gaza y una fuerza internacional de estabilización. En conjunto, el número de países implicados podría pasar de más de sesenta invitados iniciales a unos ochenta participantes de pleno derecho, incluidos los Estados que ya han aceptado, los inversores privados y los principales donantes. Esta multiplicidad de niveles de decisión recuerda modelos ya probados de gobernanza internacional, pero a una escala y con una ambición destinadas a crear un verdadero sistema alternativo a las Naciones Unidas.
FINANCIACIÓN Y PAPEL DE LOS GRANDES DONANTES
Un elemento central del proyecto es el mecanismo de financiación. Se espera que una contribución de al menos 1.000 millones de dólares garantice un puesto permanente en el consejo de administración durante un periodo de más de tres años. Los fondos recaudados se destinarían a la reconstrucción de la Franja de Gaza, devastada por la guerra. Sin embargo, los estatutos del Consejo no se han hecho públicos, y persisten numerosos interrogantes sobre sus procedimientos de funcionamiento, la transparencia de la financiación y el equilibrio real de poder entre sus miembros. La presencia de grandes inversores y personalidades internacionales refuerza la idea de una iniciativa fuertemente vinculada a la capacidad financiera más que a la representación política.
LA COMPARACIÓN IMPLÍCITA CON LAS NACIONES UNIDAS
Muchos observadores han interpretado la iniciativa estadounidense como un intento de eludir o sortear el sistema de Naciones Unidas, percibido como ineficaz y bloqueado por los vetos cruzados. La creación de un organismo internacional tan amplio, dirigido por Estados Unidos, podría dar lugar a una nueva forma de multilateralismo bajo hegemonía estadounidense, en contraste con los modelos anteriores.
ISRAEL ENTRE LA OPOSICIÓN Y LA ADAPTACIÓN ESTRATÉGICA
A pesar de la fuerte oposición oficial, Israel podría adoptar una estrategia pragmática respecto al Consejo de Paz. Fortalecido por el apoyo constante de la actual administración estadounidense, el gobierno de Netanyahu podría tratar de limitar la influencia de los miembros considerados hostiles imponiéndoles condiciones que reduzcan su papel operativo, como prohibirles desplegar tropas, poseer armas o desempeñar funciones de verificación. De este modo, Israel intentaría defender sus intereses de seguridad sin romper frontalmente con Washington, manteniendo la libertad de acción que considera necesaria para hacer frente a una amenaza existencial permanente.
ENTRE AMBICIÓN GLOBAL Y FRAGILIDAD POLÍTICA
El Consejo de Paz de Gaza promovido por Donald Trump se presenta como un proyecto de importancia histórica, capaz de redefinir el equilibrio de la gobernanza internacional de los conflictos. Sin embargo, su eficacia parece estar ligada a una serie de condiciones políticas difíciles de reconciliar: El desarme de Hamás, la aceptación israelí, la coordinación entre actores profundamente divergentes y la gestión de un número muy elevado de países e intereses. La inclusión de figuras controvertidas como Vladimir Putin y de Estados percibidos como hostiles por Israel aumenta las tensiones y suscita dudas sobre la coherencia del proyecto. En última instancia, la iniciativa estadounidense refleja tanto la ambición de construir un nuevo orden internacional como las profundas fragilidades de un sistema que pretende imponer la paz sin haber resuelto las raíces políticas e ideológicas del conflicto.