
Bruselas suprime los aranceles a los productos industriales estadounidenses y los fabricantes de automóviles europeos obtienen un alivio, pero los agricultores advierten de los riesgos
La Unión Europea ha dado un paso importante hacia la estabilización de las relaciones comerciales transatlánticas al eliminar formalmente los aranceles sobre una serie de productos industriales estadounidenses. La medida, anunciada por la Comisión Europea esta semana, cumple los compromisos asumidos en la declaración conjunta UE-EE.UU. firmada a finales de julio. A cambio, Washington ha aceptado reducir los aranceles sobre los automóviles y componentes de automóviles europeos del 27,5% al 15%, con efecto retroactivo desde el 1 de agosto.
Para Europa, la cifra principal es sorprendente: se espera que sólo la reducción arancelaria sobre los automóviles ahorre a los fabricantes de automóviles de la UE más de 500 millones de euros en aranceles en sólo un mes, según cálculos de la Comisión. La decisión proporciona un alivio inmediato a una industria que sigue siendo fundamental para la economía y la base de empleo del bloque, al tiempo que ofrece una señal tangible de que Bruselas y Washington son capaces de trabajar juntos en cuestiones comerciales controvertidas.
Un gran avance para el sector automovilístico europeo
Los beneficiarios más inmediatos son los gigantes europeos del automóvil, desde las alemanas Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz hasta la italiana Stellantis. Durante años, los fabricantes europeos de automóviles han sido el blanco de los elevados aranceles estadounidenses a la importación, una fuente recurrente de fricción en el comercio transatlántico. Al limitar los aranceles al 15%, el acuerdo da un respiro a una industria que ya está luchando contra el aumento de los costes, la transición a los vehículos eléctricos y la feroz competencia mundial.
Maroš Šefčovič, Comisario de Comercio de la UE, acogió con satisfacción el resultado en las redes sociales, calificándolo de «un paso adelante hacia la estabilidad y una base para una auténtica cooperación en retos compartidos, como el del acero». Describió el techo del 15% en los aranceles del automóvil como «un alivio y un impulso para nuestra industria.»
El acuerdo refleja un reconocimiento más amplio de que, a pesar de los desacuerdos, la UE y Estados Unidos necesitan salvaguardar su asociación comercial en un momento de incertidumbre geopolítica. Con la afirmación de China en las cadenas de suministro mundiales y las guerras en curso tensando las economías, ambas partes ven ventajas en reducir las fricciones comerciales.
Dos medidas clave de Bruselas
Para aplicar el acuerdo de julio, la Comisión presentó dos propuestas legislativas. La primera elimina los aranceles de la UE sobre los productos industriales estadounidenses, al tiempo que concede acceso preferencial a determinados productos del mar y artículos agrícolas no sensibles estadounidenses. La segunda amplía la actual exención arancelaria de la UE para la langosta estadounidense, abarcando ahora también los productos transformados de langosta.
En conjunto, estas medidas constituyen el marco jurídico necesario para activar la reducción recíproca de los aranceles sobre los automóviles por parte de Washington. Al actuar con rapidez, Bruselas se aseguró de que los aranceles estadounidenses sobre los automóviles y piezas europeos se redujeran con carácter retroactivo a partir del 1 de agosto, en lugar de retrasarse por prolongadas disputas legislativas. Los funcionarios de la Comisión subrayaron que estas medidas forman parte de un esfuerzo más amplio para negociar un futuro acuerdo UE-EE.UU. sobre comercio justo y equilibrado, que podría incluir reducciones arancelarias adicionales en múltiples sectores.
Preocupaciones de la agricultura europea
Sin embargo, no todo el mundo lo celebra en Europa. Los grupos agrarios, especialmente en Italia, han criticado duramente el acuerdo, advirtiendo de que la UE puede haber sacrificado demasiado su sector agroalimentario para asegurar concesiones a la industria automovilística.
Cia-Agricoltori Italiani, una de las principales asociaciones de agricultores italianos, describió el acuerdo como «una rendición» que corre el riesgo de socavar un sector exportador vital. Las exportaciones agroalimentarias italianas a EE.UU. ascienden a 7.800 millones de euros anuales, y el vino representa una parte sustancial. Según la Cia, estos productos podrían enfrentarse a una mayor competencia de las importaciones agrícolas estadounidenses que obtienen un acceso más fácil al mercado de la UE.
«El acuerdo sobre los aranceles del 15% se parece cada vez más a un gran sacrificio de los productos agroalimentarios», declaró la organización. El Presidente Cristiano Fini advirtió que «más allá de la actual cerrazón política sobre el vino, debemos vigilar atentamente la facilitación de la entrada de productos agrícolas estadounidenses, independientemente de la reciprocidad. Es una línea roja». Los agricultores sostienen que, sin salvaguardias sólidas, la entrada de productos estadounidenses podría distorsionar la competencia, dañar las cadenas de suministro locales y provocar pérdidas de puestos de trabajo en el sector alimentario europeo.
Equilibrio entre industria y agricultura
Las reacciones divergentes ponen de manifiesto una antigua tensión en la política comercial de la UE: cómo equilibrar los intereses de la poderosa base industrial europea con los de sus igualmente vitales productores agrícolas. Para Bruselas, el sector del automóvil es estratégicamente crucial, ya que representa millones de puestos de trabajo, innovación tecnológica y un pilar clave de las exportaciones. Al mismo tiempo, la agricultura no sólo es un sustento económico para muchas regiones, sino también un símbolo del patrimonio cultural y de las normas de calidad.
La Comisión ha intentado tranquilizar a los críticos subrayando que el acuerdo se centra en productos agrícolas no sensibles y no socava las normas de seguridad alimentaria de la UE. Aun así, la percepción de que se está dejando de lado a los agricultores en beneficio de los gigantes industriales podría alimentar el descontento político, especialmente en países como Italia, Francia y España, donde la agricultura sigue teniendo influencia política.
Un paso hacia la estabilidad, con riesgos por delante
De momento, Bruselas está presentando el acuerdo como una victoria para la economía europea, que alivia las tensiones con Washington y proporciona ahorros inmediatos al sector del automóvil. Pero las críticas de los agricultores subrayan la fragilidad del consenso en torno a la política comercial de la UE.
Si el acuerdo consigue sentar las bases de un pacto comercial más amplio y equilibrado con Estados Unidos, puede recordarse como un punto de inflexión en el fortalecimiento de la alianza transatlántica. Sin embargo, si las preocupaciones agrícolas se agravan y no se abordan, el acuerdo podría desencadenar una reacción interna que debilite la confianza pública en las negociaciones comerciales de la UE. En cualquier caso, los últimos pasos reflejan una verdad más amplia: en una economía mundial turbulenta, Europa considera indispensable la cooperación con Estados Unidos, pero no sin costes y decisiones difíciles.