La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Belém, conocida como COP30, se anunció como un momento potencialmente decisivo para la gobernanza mundial del clima. La elección de la ciudad amazónica se interpretó como un recordatorio simbólico de la necesidad de proteger uno de los reguladores climáticos más importantes del planeta. Sin embargo, las tensiones políticas internacionales, las divergencias entre países con intereses económicos distintos y la complejidad del proceso de negociación dieron lugar a un resultado profundamente diferente. Entre los factores que contribuyeron a complicar la conferencia estuvo la ausencia de Estados Unidos de la mesa de negociaciones, consecuencia de la retirada de la administración Trump de la cooperación climática. Ante estas dificultades, la autoridad diplomática del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva no consiguió dar el impulso necesario para alcanzar un acuerdo significativo.
LA IMPOSIBILIDAD DE LLEGAR A UN ACUERDO SOBRE LOS COMBUSTIBLES FÓSILES
El punto más controvertido de las negociaciones se refería a la posibilidad de incluir una hoja de ruta para el abandono gradual de los combustibles fósiles. Aunque este objetivo no se incluyó inicialmente en la agenda oficial, la presión de numerosos gobiernos, sobre todo europeos, hizo que la cuestión se convirtiera rápidamente en una preocupación importante. Más de noventa países habían expresado su apoyo a la introducción de un marco no vinculante que permitiera a cada nación definir de forma independiente su propia senda de transición energética. Sin embargo, en las últimas horas de la cumbre, se eliminaron del documento final todas las referencias explícitas a los combustibles fósiles debido a la firme oposición de los países productores de hidrocarburos, entre ellos Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. La postura de estos estados, apoyada por un frente más amplio que incluía también a varios miembros del BRICS, impidió el establecimiento de un objetivo común y puso de relieve un cambio significativo en el equilibrio geopolítico mundial.
EL PAPEL DE LA UNIÓN EUROPEA Y EL NUEVO AISLAMIENTO DE LAS AMBICIONES CLIMÁTICAS OCCIDENTALES
En este contexto de tensiones crecientes, la Unión Europea intentó hasta el final defender un enfoque más ambicioso para mitigar la crisis climática. El bloque de los Veintisiete amenazó incluso con bloquear la aprobación del texto final, que, según las normas de la COP, requiere la unanimidad de casi doscientas delegaciones. Finalmente, la UE optó por apoyar el documento, aunque reconociendo sus puntos débiles, sabiendo que una ruptura formal comprometería aún más el proceso multilateral. La brecha entre las posiciones europeas y las de los petrostados parecía más amplia que en el pasado, sobre todo en ausencia de un aliado tradicional como Estados Unidos. Los análisis posteriores indicaron que la feroz oposición de los países exportadores de combustibles fósiles bloqueaba la posibilidad de avanzar siquiera hacia un marco general para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, repitiendo dinámicas ya observadas en conferencias anteriores, pero con una intensidad aún mayor.
DESINFORMACIÓN CLIMÁTICA
Una de las pocas áreas en las que la COP30 logró un consenso total se refiere a la necesidad de contrarrestar la desinformación climática. Por primera vez, los estados participantes reconocieron formalmente la importancia de la integridad de la información para una acción climática eficaz. Esto representa un paso significativo para salvaguardar la ciencia del clima y proteger el debate público de la manipulación y los intereses privados, especialmente de la influencia ejercida por las grandes empresas tecnológicas y publicitarias. Varios observadores interpretaron este resultado como una señal política significativa, que refuerza el compromiso colectivo con la transparencia y la responsabilidad democrática.
LA DEFORESTACIÓN Y LA PARADOJA AMAZÓNICA: UN TEMA SACRIFICADO
A pesar de la ubicación geográfica de la COP30, la deforestación no ocupó un lugar central en el texto final. El intento del ministro brasileño de Medio Ambiente de incluir una hoja de ruta para detener la destrucción forestal fracasó cuando el tema se vinculó a la hoja de ruta de los combustibles fósiles, que también fue rechazada por los petrostatos. Para compensar, al menos parcialmente, esta carencia, Brasil presentó un fondo internacional para la protección de los bosques tropicales, apoyado por compromisos preliminares de Alemania y Noruega. La iniciativa, aunque al margen del proceso de la ONU, representa una plataforma financiera potencial para apoyar a los países que mantienen intactos los ecosistemas forestales.
FINANCIACIÓN PARA LA ADAPTACIÓN
En el frente de la adaptación al clima, la conferencia produjo un compromiso de triplicar la financiación para los países en desarrollo, un objetivo más ambicioso que las decisiones anteriores. Sin embargo, la magnitud de los recursos necesarios y los plazos fijados plantean dudas sobre la idoneidad de la respuesta, dada la creciente gravedad de los impactos climáticos. El objetivo de alcanzar los 120.000 millones de dólares anuales se ha pospuesto hasta 2035, un retraso que muchos observadores consideran incoherente con la urgencia de la situación y una falta de solidaridad con las comunidades ya afectadas por los fenómenos extremos.
PERSPECTIVAS DE FUTURO Y RETOS PENDIENTES
Al final de la COP30, el Secretario General de la ONU reconoció algunos avances, aunque admitió que la brecha entre las acciones actuales y lo que sugiere la ciencia sigue siendo extremadamente amplia. En los próximos meses, Brasil tratará de mantener un alto nivel de atención en la protección de los bosques y la construcción de vías de descarbonización global, incluso a través de la conferencia sobre la transición energética prevista para abril. La posterior COP31 en Turquía representará una nueva prueba para determinar si la comunidad internacional es capaz de superar los actuales impasses. Sin embargo, a la luz del resultado de Belém, las perspectivas parecen inciertas, y el camino hacia un acuerdo mundial más vinculante y alineado con el objetivo de 1,5°C sigue estando extremadamente plagado de obstáculos.