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La nueva doctrina de defensa estadounidense y la cuestión europea: Más responsabilidad, menos coartadas

Nuestro futuro con la OTAN - enero 26, 2026

La publicación de la Estrategia de Defensa Nacional (END) de EEUU para 2026 marca un punto de inflexión no sólo para la planificación militar estadounidense, sino para todo el sistema transatlántico. No se trata de un documento técnico, ni de una actualización rutinaria. Es una declaración político-estratégica que establece prioridades, jerarquías y límites.

Para Europa, el mensaje es inequívoco: la era de la ambigüedad estratégica ha terminado. Durante décadas, la seguridad europea se ha basado en una suposición tácita: que el compromiso estadounidense era permanente, elástico y en gran medida incondicional. La nueva NDS no rompe el vínculo atlántico, pero redefine los papeles. Washington no se retira, sino que aclara las expectativas.

Esta aclaración obliga a Europa a enfrentarse a una cuestión que ha pospuesto durante demasiado tiempo: ¿está dispuesta a asumir la responsabilidad principal de su propia seguridad?

El cambio americano: prioridades y realismo

La patria primero

La piedra angular de la nueva estrategia estadounidense es la primacía de la defensa nacional. Las fronteras, el espacio aéreo, las aproximaciones marítimas, la resistencia cibernética y la disuasión nuclear se identifican explícitamente como la máxima prioridad. Esto refleja un retorno más amplio al realismo estratégico: la seguridad empieza en casa, no en una gestión global abstracta.

Centralidad indopacífica

El segundo pilar es el Indo-Pacífico, con China identificada como el principal competidor estratégico a largo plazo. La NDS no presenta a Pekín ni como un enemigo inevitable ni como un socio al que hay que acomodar, sino como una potencia cuyas crecientes capacidades militares deben disuadirse mediante la fuerza, no mediante la confrontación.

Esta priorización tiene una implicación directa para Europa: El ancho de banda estratégico de EEUU es finito. Los recursos, la atención y los medios militares no pueden estar en todas partes a la vez.

Europa y la OTAN: aliados, no dependientes

La NDS reafirma el compromiso de Estados Unidos con la OTAN, pero lo hace en un nuevo tono. La alianza sigue siendo vital, pero su equilibrio interno debe cambiar.

El documento es explícito: Los aliados europeos deben asumir la responsabilidad principal de la defensa convencional en el continente, y Estados Unidos debe proporcionar un apoyo crítico, aunque limitado. Esto no se presenta como un castigo, sino como una necesidad estratégica.

Lo más llamativo es la elevación del reparto de cargas a principio estructural. La NDS hace referencia a un nuevo punto de referencia acordado en el seno de la OTAN: el 5% del PIB dedicado a defensa y seguridad, combinando el 3,5% para el gasto militar básico y el 1,5% para inversiones en seguridad relacionadas. Ya no se trata de un objetivo simbólico, sino de la base para una disuasión creíble.

El «problema de la simultaneidad»: una prueba de resistencia para Europa

Uno de los conceptos analíticos más importantes de la NDS es el «problema de la simultaneidad»: elriesgo de que varios adversarios puedan actuar simultáneamente en diferentes escenarios.

Para Estados Unidos, esto refuerza la necesidad de establecer prioridades. Para Europa, expone una vulnerabilidad: ya no se puede dar por supuesta la disponibilidad automática estadounidense.

La ironía es evidente. El peso económico combinado de los miembros de la OTAN no estadounidenses supera con creces al de Rusia. Sin embargo, el potencial económico no se ha traducido en preparación militar, cohesión operativa o capacidad industrial. El problema no son los recursos, sino la organización, la voluntad y la cultura estratégica.

Las verdaderas debilidades de Europa, más allá de la retórica

Gasto fragmentado

El gasto europeo en defensa sigue fragmentado entre las líneas nacionales, lo que produce duplicación en lugar de fortaleza. Múltiples sistemas de armamento, normas incompatibles y programas de adquisición paralelos socavan la eficacia.

Una industria de defensa poco potente

La base industrial de defensa europea adolece de ciclos de producción lentos, dependencias tecnológicas y obstáculos normativos. Mientras se multiplican las declaraciones políticas sobre la «autonomía estratégica», la producción industrial real sigue siendo insuficiente para sostener conflictos prolongados de alta intensidad.

Confusión política

Quizá la debilidad más grave sea conceptual. La «defensa europea» se enmarca con demasiada frecuencia como un proyecto ideológico más que como una necesidad estratégica. Esto ha llevado a confundir la cooperación en materia de seguridad con la centralización política, alienando a los gobiernos nacionales sin aportar capacidades reales.

Lo que Washington no pide a Europa

Es crucial aclarar lo que la NDS no exige.

No exige:

  • Un ejército europeo supranacional
  • La erosión de la soberanía nacional
  • Una ruptura con la OTAN
  • Una «autonomía estratégica» antiamericana

Por el contrario, el mensaje estadounidense es pragmático: Estados más fuertes hacen alianzas más fuertes. Lo que Washington quiere son socios fiables, no construcciones burocráticas.

La necesaria postura europea: realismo conservador

Una respuesta europea creíble debe basarse en el realismo, no en la ilusión.

La defensa es una función esencial del Estado-nación, no un ámbito político simbólico. La cooperación debe ser intergubernamental, basada en las capacidades y centrada en los resultados. La política industrial debe tratar la defensa como un activo estratégico, no como una idea reguladora de última hora.

Este enfoque se ajusta plenamente a los principios conservadores defendidos desde hace tiempo por la tradición del ECR:

  • La soberanía nacional como fundamento, no como obstáculo
  • Subsidiariedad frente a centralización
  • Responsabilidad en lugar de dependencia
  • La seguridad como condición previa de la libertad

Una Europa que no puede defenderse no puede proteger de forma significativa a sus ciudadanos, sus fronteras o sus instituciones democráticas.

Madurez por encima de la ilusión

La Estrategia de Defensa Nacional de EEUU 2026 no disminuye a Europa. La desafía a crecer.

El verdadero peligro no es un mayor gasto en defensa, ni una mayor responsabilidad. El verdadero peligro es seguir pretendiendo que la protección estratégica puede externalizarse indefinidamente.

En un mundo de política de retorno del poder, la credibilidad importa. Una Europa indefensa no es un socio, es un lastre estratégico. La elección ya no es teórica. Es política, inmediata e inevitable.