El 1 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión para Bulgaria, que adoptó oficialmente el euro como moneda única, convirtiéndose en el vigésimo primer Estado miembro de la Unión Europea en incorporarse a la eurozona. Esta transición se produce casi veinte años después de la adhesión del país a la UE en 2007, y tras un proceso formal de convergencia que comenzó en 2018. Con esta decisión, más de 350 millones de ciudadanos europeos comparten ahora la misma moneda, lo que refuerza aún más la integración económica del continente.
LA DESPEDIDA DEL LEV Y SU SIGNIFICADO SIMBÓLICO
La introducción del euro supuso el abandono del lev, la moneda nacional cuyo nombre, que significa «león», está profundamente arraigado en la historia y la identidad búlgaras. La transición también tuvo un fuerte significado simbólico, celebrado con iniciativas públicas. Sin embargo, tras el aspecto festivo, la población ha vivido el cambio monetario con sentimientos encontrados, oscilando entre las expectativas de crecimiento y los temores por las consecuencias económicas y sociales.
LAS RAZONES ECONÓMICAS Y GEOPOLÍTICAS DE LA ADHESIÓN
Los sucesivos gobiernos de Sofía han apoyado firmemente la adhesión a la eurozona, identificándola como una herramienta para estimular la economía del país, considerado el más pobre de la Unión en términos de producto interior bruto per cápita en 2024. La adopción del euro también se ha presentado como un medio para reforzar los lazos con Occidente y reducir la influencia geopolítica de Rusia en los Balcanes. Bruselas y las autoridades búlgaras comparten la expectativa de que la moneda única fomentará la inversión, la estabilidad financiera y una mayor integración en los mercados europeos.
CUMPLIMIENTO DE LOS CRITERIOS DE MAASTRICHT
Desde un punto de vista técnico y macroeconómico, Bulgaria ha cumplido los cuatro criterios de Maastricht necesarios para ingresar en la zona euro. En 2024, la tasa de inflación se situaba en el 2,7%, mientras que la deuda pública y el déficit alcanzaban respectivamente el 24% y el 3% del PIB, niveles considerados compatibles con las normas europeas. También se garantizó la estabilidad del tipo de cambio y de los tipos de interés a largo plazo. Así, el tipo de conversión se fijó irrevocablemente en 1 euro igual a 1,95583 levs.
PRINCIPALES PREOCUPACIONES DE LOS CIUDADANOS BÚLGAROS
A pesar del cumplimiento de los parámetros económicos, una parte importante de la población desconfía del euro. Según las encuestas más recientes, casi la mitad de los ciudadanos se declaran contrarios al cambio. El temor más generalizado se refiere a la subida de precios, percibida como consecuencia directa de la introducción de la nueva moneda. Esta preocupación se ve alimentada por datos concretos: en el mes de noviembre anterior a la adopción del euro, los precios de los alimentos aumentaron un 5% interanual, más del doble de la media de la eurozona. En un país donde más del 21% de la población vive por debajo del umbral de pobreza, incluso los cambios moderados de precios pueden tener un impacto social significativo.
INFLACIÓN, PERCEPCIONES Y PROTESTAS POLÍTICAS
El temor a la inflación se vio reforzado por una campaña de protesta contra el euro que se desarrolló a lo largo de 2025, dirigida en gran medida por grupos extremistas. Estas movilizaciones capitalizaron una visión históricamente escéptica de la moneda única, extendida entre amplios sectores de la sociedad. A ello se sumó la inestabilidad política crónica del país: las protestas contra la corrupción provocaron la dimisión del gobierno a mediados de diciembre, dejando a Bulgaria al borde de sus octavas elecciones en cinco años. Muchos ciudadanos temen que la adopción del euro en un contexto político tan frágil pueda exacerbar las tensiones sociales en lugar de aliviarlas.
LAS DIFICULTADES PRÁCTICAS DE LA TRANSICIÓN MONETARIA
Junto a las preocupaciones macroeconómicas, también han surgido problemas prácticos durante la fase de transición. Para facilitar el ajuste, las autoridades introdujeron la doble indicación de precios en lev y euro a partir de agosto y, en enero, la aceptación de ambas monedas para los pagos en efectivo. A pesar de estas medidas, los temores de confusión y redondeo desfavorables para los consumidores siguen siendo generalizados.
PERSPECTIVAS DE FUTURO Y VALORACIONES GENERALES
La entrada de Bulgaria en la eurozona ha sido definida por las instituciones europeas como un paso clave en el proceso de integración. Los beneficios esperados incluyen una mayor transparencia de los precios, una mayor movilidad de los ciudadanos y una mayor competitividad económica. Sin embargo, desde una perspectiva social, el éxito de la transición dependerá de la capacidad de las autoridades para contener la inflación, garantizar la estabilidad política y proteger a los segmentos más vulnerables de la población. Las preocupaciones expresadas por los ciudadanos búlgaros indican que la adopción del euro no es sólo un paso técnico, sino un proceso complejo que entrelaza economía, política y confianza colectiva en las instituciones.